02/05/2022

Nathy Peluso, Barbi Recanati, Bandalos Chinos y más en Quilmes Rock: signo de los tiempos

Quilmes Rock

Nathy Peluso es una gran actriz. En su paso por el Quilmes Rock entró y salió de papeles autoimpuestos con prodigio. Fue La Sandunguera, una femme fatale de poca monta que incendió la pista de Rey Castro por ósmosis. En otros momentos, se deformó hasta ser un simio industrial, una mujer de las cavernas enroscada en su propia columna, de giba paleolítica, que caminaba a su trabajo en taller mecánico mientras sonaba una versión de chapa de “Puro veneno” y que luego retomaría en su forma original. Con esa cintura que destruye cualquier centímetro, el famoso culo natural hizo hula-hula con una rueda de camión. Pasó de ser fanart crossgender de un Illya Kuryaki en la actitud, a los más turbios y secretos terrenos de Depeche Mode con la estética deforme de “BZRP #36”, y en el medio colar muy fresca el groove de “Sugga”, la candente clase de R&B que es “Llámame” o una salsa directa como “Mafiosa”.

Esta lógica ecléctica es ya casi un patrón generacional que la atraviesa a Peluso por coyuntura; la música es desprejuiciada, sin género de ningún tipo. Por supuesto, se la puede describir, pero la idea es dejarse llevar por los sonidos, como si Spotify estuviera en automático. Si el día anterior Malena Villa había demostrado que este tipo de juegos funcionan en la escala más elemental posible, Nathy brindó la prueba cabal de que también se puede traducir en entretenimiento de masas bombastic. Pero para lograrlo, hay que saber actuar

Energía oscura y perturbada, glitches de pantalla. El grito infernal de Barbi Recanati en “No fueron” hizo sucumbir hasta al alma más pura. Es junto a esa mitad oscura que la posee que logra arrebatar algún cetro gris del abismo de las manos de algún pequeño dios demoníaco. Condensó una fuerza de avasallante desprecio, como quien no juna al que la bardea en “Frágil”, que nada tiene del nombre que la bautiza, sino que es su puro negativo; de la misma manera que ella aparece a sus espaldas, repetida al infinito, con los colores invertidos como la retroalimentación de un plano paralelo de la existencia.

“Recuerdo que antes en el Quilmes Rock no había una chica trabajando ni siquiera vendiendo agua. Me encanta que eso haya cambiado”, manifestó en sus “dos minutos de stand-up” disponibles antes de vestirse para pelear una vez más con “A la luz”. Tal como dijo John Lydon, el enojo es energía. En el caso de Recanati sirve para combatir a los diablos internos y a los de afuera.

Como un signo de los tiempos, la presencia de Lit Killah en uno de los escenarios principales ratificó que más allá de su nombre, en su versión 2022, el Quilmes Rock tuvo una amplitud genérica que superó el corset de los géneros. El freestyler de González Catán entendió las reglas del juego, y se plantó en el tablado no acompañado de un DJ, sino secundado por una banda completa en la que había no solo una formación de guitarra, bajo y batería, pero también percusiones, una sección de vientos y hasta su propio keytar hero. Con toda esa serie de recursos a su disposición, Lit Killah alternó entre algunas canciones de Mawz, su único larga duración (“California”, “A tus pies”, “Change”) y varios de los singles con los que edificó su carrera. Con la voz de Duki disparada desde una pista, “Mala mía” fue puro fuego metafórico y literal gracias a las llamaradas que se disparaban desde el borde del escenario. Después de un freestyle a doble tempo para despuntar el vicio, “La trampa es ley” puso al trap en plan folclórico con sonidos de bombo legüero disparados desde un octapad, y una premisa clave: “El que no agita este tema no es argentino”. 

“No vas a venir a mi fiesta, mejor así”, cantó Goyo Degano al comienzo del set de Bandalos Chinos en el Quilmes Rock, y el público pareció dispuesto a llevarle la contra: el predio del escenario Claro estaba más que desbordado para ver a la banda pop masiva que el público centennial necesita. “Paranoia Pop”, “Super V” y “El club” terminaron de redondear su imaginario, y también para calentar la previa antes de la salida de El Big Blue, su cuarto álbum de estudio (o quinto, si sumamos Feliz Navibach a la ecuación). Dentro de esa maquinaria a prueba de fallas, “Departamento”; el tema que cuenta con la voz de Adán Jodorowsky en su versión original, sumó aires nipones desde el sintetizador de Salvador Colombo.  “Voy a pedir que me ayuden a cantar una”, dijo Goyo antes de “Demasiado”, sabiendo de antemano que la audiencia no lo iba a dejar en banda para entonar esa oda a la friendzone dolorosa. Después, Emmanuel Horvilleur subió al escenario para que Bandalos Chinos versionase su “Llamame”, en lo que parecía el entrenamiento entre un maestro jedi de la orfebrería pop y su padawan mejor entrenado.  Sobre la hora, “Vámonos de viaje” prometía una despedida, hasta que un redoble la convirtió en el inicio de un medley que continuó con “El temblor” y finalizó  con “Paranoia Pop”.

(Fotos de Barbi Recanati y Bandalos Chinos: Catriel Remedi - Gentileza)