12/10/2019

Muse en el Hipódromo de Palermo: la campaña del miedo

Para Matt Bellamy, la canción no es la misma, pero las fobias sí.

Muse

En la última década y media, Muse decidió probarse en diferentes arenas, ya fuera como banda progresiva, grupo de pop de estadios, o en su versión más despojada y guitarrera. Pero hay algo que la banda de Devon no perdió en todas esas mutaciones y que tampoco estuvo ausente en la encarnación de estética ochentosa que caracterizó su quinta visita a Buenos Aires: un discurso conspiranoide en el que conviven nuevos órdenes mundiales, persecución estatal, conflictos bélicos y catástrofes ambientales inminentes. Solo que esta vez, Matt Bellamy y compañía decidieron traducir eso a una puesta con elementos visuales pero también teatrales.

“Estamos atrapados en simulaciones”, podía leerse en la pantalla mientras un equipo de bailarines con máscaras LED hacía la primera de sus varias intervenciones en el show, acá caracterizados como miembros de una marching band. “Los algoritmos evolucionan, nos hacen a un lado y nos dejan obsoletos”, esbozó Bellamy desde detrás de los lentes en los que se refugiaría gran parte de la noche, en un clima tan épico como paranoico. Ni “Pressure” ni “Psycho”, los dos temas que le siguieron, intentaron ir por un sendero más optimista: riffs de cepa hard rock, pero leídos desde un filtro de Instagram. “Break It to Me”, en cambio, fue ochentismo puro, tanto desde sus teclados de chillwave hasta los uniformes del cuerpo de baile, ideales para entrar de excursión en el upside down de Stranger Things.

De ahí en más, los climas se manejaron como siguiendo el patrón de una playlist en modo aleatorio: “Uprising” tuvo algo de glam grandilocuente y “Propaganda” fue el recordatorio de que en el mundo existió una alianza improbable entre Muse y Timbaland. Después, “Plug In Baby” ofreció uno de los pocos pantallazos a sus primeros discos (sale la conspiranoia, entran los chispazos guitarreros), y “Pray (High Valyrian)” permitió sacarle al tema su aura de Game of Thrones y mudarlo a un terreno retrofuturista, mientras las pantallas mostraban la creación de un esqueleto artificial, como si fuera una pesadilla creada y dirigida por H.R. Giger. Como para aportar más al desconcierto, “The Dark Side” sumó estética Blade Runner a una canción que sonó como compuesta y grabada 35 años después de su publicación real.

Fotos adicionales: Rodrigo Alonso / DF Entertainment / Gentileza

Con un sonido que no presentó las falencias de su última visita, “Supermassive Black Hole” tuvo un guiño a la música con la que se intentaba hacer contacto con los extraterrestres en Encuentros cercanos del tercer tipo, y el chiste pareció hacerse realidad a la altura del solo de guitarra, interpretado con un Kaoss Pad, pero sin tocar una sola nota. Y si “Thought Contagion” demostró más puntos de contacto con Imagine Dragons que lo que los fans de Muse quisieran tolerar, “Hysteria” fue una necesidad imperiosa de volver sobre la senda guitarrera, cita a “Back in Black” (AC/DC) incluida. Después de someter el tema siguiente a votación popular, “Showbiz” mostró dónde estaba parado el trío de Devon al comienzo de su carrera, un Radiohead programado en una computadora en la que el Y2K no perdió la batalla. La movida contrastó con el dubstep con tracción a sangre de “The 2nd Law: Unsustainable”, o Skrillex en una crisis persecutoria. 

Mientras los relámpagos pasaban de chispear sobre el río para hacerlo cada vez más cerca del Hipódromo, “Dig Down” fue literalmente la calma antes de la tormenta, una suerte de gospel ejecutado sobre el final de una pasarela que se adentraba entre el público del campo VIP. “Madness” y “Mercy”, en cambio, fueron la prueba del punto exacto en el que Muse decidió buscar en U2 un modelo de conducta desde lo musical, pero también desde el contacto con el público, con la seguidilla de bajar a la fosa, colgarse una bandera y lluvia de papelitos de colores. El envión de efectismo se aprovechó con “Time Is Running Out” y “Starlight” fue su aproximación al pop más efectiva de la noche. 

Con el escenario copado por robots y su crew de baile neofuturista, una nueva versión de “Algorithm” tuvo tantos guiños a la cultura ochentosa que en su coda Bellamy se puso a jugar a un arcade 8 bit en el escenario, y el tema duró hasta que lo desenchufó. “Knights of Cydonia”, su ya clásico western de estadios con letra paranoica, incorporó en escena a una marioneta gigante símil Eddie cruza con Robocop y de movimientos mucho más precisos. Mientras el monstruo hacía ademanes de querer masticarse lo que se le pusiera enfrente, Bellamy arrojó su grito de guerra: “Nadie me va a llevar vivo, llegó el tiempo de hacer las cosas bien / Vos y yo debemos luchar por nuestros derechos, vos y yo debemos luchar por sobrevivir”, una canción que parece haberse anticipado a los escándalos de WikiLeaks y Cambridge Analytica. De tanto adelantarse a los hechos, Muse parece vivir en una tranquilidad preocupante luego de haber logrado que se cumpliera su profecía.