18/10/2015

Muse en Complejo Al Río: androides paranoicos

Pirotecnia guitarrera sin volumen suficiente.

Para Matt Bellamy, hace rato que el mundo es un lugar hostil. Discos como The Resistance y The 2nd Law tienen como eje el miedo a un nuevo orden global o la enrevesada relación entre leyes de la termodinámica y las crisis bursátiles de las metrópolis de Occidente. Drones, el álbum que depositó a Muse por cuarta vez en Buenos Aires, no es ajeno a esta afición por la conspiranoia, una suerte de odisea conceptual centrada en la inminencia de una Tercera Guerra Mundial, con la tecnología puesta al servicio de las avanzadas militares y los ataques a distancia.

El sábado a la noche, en el Complejo al Río de Vicente López, “Psycho” reflejó esa paranoia desde el minuto cero. “Vení a mí, me vendría bien alguien como vos / Alguien que mate a mis órdenes y no haga preguntas”, entonó Bellamy, personificando a un militar de alto rango que busca convertir a un soldado raso en un gurkha del siglo XXI. La cosa se puso un tanto más rara en “Reapers”, en donde la guerra obró en función de la metáfora: el amor como campo de batalla, mientras en la pantalla una mujer de labios carmesí piloteaba un bombardero que perseguía a una silueta a través de una ciudad devastada.

La sutileza no es el fuerte de Muse: todo tiene que estar sobrecargado (la música, el audio, la puesta en escena) y debe sonar lo más fuerte posible. Sin embargo, su show no logró alcanzar la contundencia. El nivel de volumen hizo que fuera difícil escuchar más allá del VIP, por lo que el recital se volvió una silbatina constante para el público del campo trasero, que también tuvo que luchar contra el mangrullo de sonido, un tótem negro en el horizonte. Para colmo, esta cuarta visita de Muse fue la más austera en cuanto a lo visual, por lo que la experiencia quedó incompleta para quienes no pudieron procurarse un lugar cercano al escenario.

Cada determinada cantidad de cimbronazos rockeros, Muse siente la necesidad no de reducir la marcha, pero sí al menos de virar el timón. Así fue como aparecieron el dubstep apocalíptico de “The 2nd Law: Unsustainable” y “Dead Inside”, un proto funk ochentoso de groove marcado, gracias al baterista Dominic Howard y el bajista Chris Wolstenholme. Sin solución de continuidad, “Hysteria” ofició de viaje al pasado, y también buscó la validación rockera del trío cuando Bellamy le incrustó a la coda de la canción el riff de “Back in Black” de AC/DC. El yeite se repitió con la cita a “Voodoo Child”, de The Jimi Hendrix Experience, en “Supermassive Black Hole”. Sin quererlo, Muse instaló en el aire comparaciones que a nadie se le hubiera ocurrido hacer por su propia cuenta.

“Madness” sirvió como reflejo del presente del trío de Devon, más cerca de la voracidad de estadios que patentó U2 que de la electrificación a 220 del prog-rock de sus primeros discos. Mientras paseaba por la pasarela, Bellamy levantó una bandera que le arrojaron desde el público. Como indica el Manual del Rockero Correcto, la desplegó y la colocó sobre sus hombros, sin notar que se trataba de la de Uruguay. Consecuencia: más chiflidos, esta vez, desde todos los sectores. Un par de temas más tarde, enmendó la metedura de pata con la insignia correcta y se la ató al cuello, para no poner en juego la empatía localista.

“Time is Running Out” y “Starlight” le pusieron el cierre a un bloque que tuvo el foco puesto en el costado más pop de Muse. En consecuencia, “Uprising” volvió a encender las señales de alarma con su llamado a la acción desde el estribillo: “Ellos no nos forzarán, dejarán de degradarnos / Ellos no nos van a controlar, saldremos victoriosos”. Esas son las constantes del mundo Bellamy: batalla, adversidad y triunfo. Mezclar, dejar reposar y servir.

Cuando iba una hora y media de show, y tras la lluvia de papelitos de colores de “Mercy”, “Knights of Cydonia” puso el punto final al asunto. Sobre un riff galopante y un clima de western futurista, Bellamy disparó sus últimos dardos: “Nadie me va a llevar vivo, llegó el tiempo de hacer las cosas bien / Vos y yo debemos luchar por nuestros derechos, vos y yo debemos luchar por sobrevivir”. Tranquilo, Matt, que tampoco es para tanto.