17/03/2018

Metronomy, Mac DeMarco y The Neighbourhood: indie del siglo XXI en Lollapalooza

Playlists para todas y todos.

El concepto de indie cambió radicalmente del siglo pasado a este, en el que se convirtió en una excusa para las playlists antes que en una cuestión ética o estética. No es que exista un "género" con ese rótulo, pero si se engloba bajo esa etiqueta a artistas tan diferentes entre sí como Metronomy, Mac DeMarco y The Neighbourhood. Y eso se pudo apreciar en la segunda fecha de Lollapalooza 2018, bastante antes de que el sol quedara defintivamente oculto por las nubes.

Mientras Pablo Lescano tiraba su remera al público y el sol y la humedad entraban en combustión, Metronomy salió a escena en el Main Stage. Del lado izquierdo del escenario se posicionaron el líder y cantante Joe Mount, secundado por los tecladistas Oscar Cash y Michael Lovett, todos vestidos de blanco. En el lado derecho, la baterista Anna Prior y el bajista Olugbenga Adelekan, con ropas de colores. Así se arma el Tetris del grupo británico: la base rítmica despunta negrura por un lado, las melodías se deforman de punta en blanco.

La relectura funk y disco que hace Metronomy calzó justo para la media tarde. Sin gestos grandolicuentes ni una puesta en escena descollante, el show de los británicos se sostuvo en una música en la que el ritmo es rey. “Back Together”, “Miami Logic” y “Old Skool” sirvieron para calentar el ambiente de la mano de la química entre el bajo arrollador de Adelekan y la batería inquieta de Prior. Establecidos como la columna vertebral del grupo, dejaron que Mount y los tecladistas hicieran el resto del trabajo, ya fuera jueguetar con el soul (“I’m Aquarious”), rescatar la new wave con anfetaminas (“My Heart Rate Rapid”) o rozar el kitsch al mejor estilo ABBA (“Love Letters”, una de las más coreadas por el público).

La segunda mitad del show estuvo enfocada en el costado más indie de su discografía, aunque sin dejar de lado su motor bailable. Así pasaron “Lately”, “Corinne”, “Night Owl” y “Everything Goes My Way”, con intercambio de lugares entre la baterista y el cantante. Para el final, los hits festivaleros “The Look” y “Reservoir” pusieron al público y a la banda en estado de comunión dance.

Si no fuera porque se trataba de él, habría que pensar que la entrada de Mac DeMarco y su banda fue la más "formal" del Lollapalooza desde su creación: los músicos tomaron sus instrumentos, el cantante los presentó uno por uno sin que sonara una nota, y "sin más que decir", arrancó con "On the Level". Para el canadiense, esta visita tuvo como incentivo tocar las canciones de This Old Dog, publicado el año pasado, pero además poder reencontrarse con un público que aprecia sus ironías y sus seriedades.

Esta vez no hubo standup como en shows anteriores, apenas si le dedicó una canción a Perry Farrell, el creador de Lollapalooza. "¿No se acuerdan del tío Perry? ¿Qué les pasa?", bromeó. Y en "My Kind of Woman" pidió palmas: "Esto es un festival", le recordó al público. DeMarco estuvo más concentrado en su música, con una banda que entrega con precisión un AOR que con una pizca menos de deformidad podría encajar en FM Aspen. El tema es que, precisamente, ese dejo de extrañeza es lo que la hace atractiva para los millennials que encontraron su lugar en el indie. Por eso los cantitos para celebrar cada vez que subía el pulso, como en "Cooking Up Something Good", y el respeto para la balada bucólica que le da nombre a su último álbum, o la bella "One More Love Song".

En el momento exacto en el que la resolana marcaba en molinetes su ingreso al Hipódromo de San Isidro, The Neighbourhood condensó en su set las diferentes mutaciones que manifestó el pop en la última década y media. “Afraid” y “Female Weather” fueron efervescencia melódica pura dirigida al dancefloor, alla Phoenix cosecha 2009. “Cry Baby” y “Daddy Issues”, en cambio, sumaron beats de R&B a la fórmula, mientras que “24/7”, “Noise” y “Scary Love” aportaron ribetes góticos. Sea por la propia intensidad de su set, o víctima de la humedad agobiante en el predio, el cantante Jesse Rutherford empezó el set con un look riguroso de pantalón y camisa y terminó en cuero y bañado en sudor, mostrando su torso lleno de tatuajes. Al staff de Ink Master le gusta esto.

Textos de Ilan Kazez, Roque Casciero y Joaquín Vismara. Fotos de Juliana Wainsztein y Cecilia Salas.