01/04/2017

Metallica en Lollapalooza 2017: una especie de monstruo

Metal hasta por el c***.

Metallica

¿Cuántas veces puede un artista desafiar las imposiciones de su propio género y mantenerse en lo más alto? Si el artista es Metallica, la respuesta es: todas las que quiera.

De cuando tocaron con Lady Gaga. A contramano de lo que uno puede esperar para una banda con la responsabilidad de cerrar la fecha más concurrida del Lollapalooza en todas sus ediciones locales, los cuatro jinetes eligieron dos temas nuevos ("Hardwire" y "Atlas Rise!") para comenzar su set, que se extendió durante poco más de dos horas. Más en busca del impacto epidérmico que del emotivo -el que quiso hits, los tuvo en 2013 con su show "a la carta"-, el arranque fue a la caza del pogo primitivo, al que se llega por el impulso que genera el doble bombo y el machaque a pura velocidad.

"No importa qué banda hayan venido a ver, cuáles sean sus gustos, sus religiones o sus creencias políticas, todos son parte de la familia Metallica", dijo James Hetfield como bienvenida inclusiva a negros, grasas y conchetos también. Acto seguido, "For Whom the Bells Tolls", la lectura de la novela de Hemginway en clave instant thrash, calmó las ansias de clásicos para que, entonces sí, conocedores y neófitos tuvieran su primer capítulo de pogo mancomunado.

De cuando se cortaron el pelo. "The Memory Remains" fue el único pasaje por la etapa más polémica de la banda, aquella que los tuvo con el pelo corto y los ojos delineados en un intento por sumarse al mundo alternativo. Denostados por la doxa, también supieron entregar allí sus últimos hits. La ausencia de temas de St. Anger y Death Magnetic en el repertorio funciona como prueba irrefutable. Sobre el final del tema, decenas de miles de personas jugaron a ser Marianne Faithfull tarareando la coda agónica bajo la dirección coral de los cuatro Metallica.

De cuando osaron grabar un videoclip. "One", el himno antibélico y pro eutanaisa de ...And Justice For All (1988), bajó la velocidad durante unos minutos y aportó su arpegio rudo con melodía extendida, otro de los grandes recursos que el grupo supo mantener a lo largo de las décadas. Luego de que Hetfield encarnara a un soldado mutilado pidiéndole a Dios que por favor termine con su vida, "Now that We're Dead" y "Moth into Flame" retomaron las visitas a Hardwire... To Self-Destruct. La primera con un riff bamboleante y fraseo de hit, la segunda con la velocidad del hardcore neoyorquino. Ambas aportando el momento de menor efervescencia.

De cuando se volvieron masivos. No hay banda en el mundo que pueda ostentar tanto nivel de entretenimiento y agresividad como Metallica. Y la contundencia compositiva y sonora de su disco homónimo es la culpable. Por eso, "Wherever I May Roam" y "Sad but True" devolvieron la arenga popular en el Hipódromo de San Isidro. Arriba del escenario, Metallica mostraba, en cada solo de Kirk Hammet y cada vocalización de Hetfield, estar en su mejor forma desde que Robert Trujillo se sumó al grupo en 2003.

De cuando grabaron su primera balada. Ya en 1984 Metallica expandía los límites del thrash metal con una balada de dimensiones colosales. "Fade to Black" se convirtió en una forma de componer arquetípica que en vivo siempre funciona a la perfección: una gran sección lenta y sufrida, para celulares encendidos y un final catártico a puro tresillo desbocado para el headbanging. Para seguir con los clásicos de antaño, "Master of Puppets", una obra de ingeniería en la que los riffs machacantes y los climas espaciados se suceden con total naturalidad, recordó el momento exacto en el que se convirtieron en los putos amos del thrash metal.

De cuando nadie pudo discutirles nada. "Vamos a patear algunos culos esta noche", cantó Hetfield en "Hit the Lights", el tema que abre Kill 'Em All y que anoche hizo su debut en suelo argentino. De allí también salió "Seek and Destroy", ("Te estamos buscando para empezar a pelear", como frase de cabecera) infaltable en su lista de temas. "Fight Fire with Fire" y los obligados "Nothing Else Matters" y "Enter Sandman" fueron los últimos tres temas de la noche. Si allá por 1983 Metallica era una banda de pandilleros que sublimaba con temas veloces y punzantes sus ganas de salir cagarse a trompadas por las calles de San Francisco, su paso por el Lollapalooza sirvió para corroborar que, 34 años y muchas intransigencias después, lo único que ha cambiado es que la cantidad de culos a patear es cada vez mayor.