05/11/2017

Megadeth en Tecnópolis: no hay nada mejor que casa

La sinfónica del Colorado, más afinada que nunca.

Trigo Gerardi / Gentileza

"¿Quién de ustedes quiere venirse conmigo a casa mañana?", preguntó Dave Mustaine sobre el escenario del Monsters of Rock en Tecnópolis. Aquel que en 2005 selló para siempre su amor con el público local cambiando la letra de "Coming Home to Alabama" por "Coming Home to Argentina", anoche propuso una opción superadora (e incluso más posesiva): llevarse a sus seguidores con él.

Pero el trofeo no fue gratis: para ganarse -otra vez- la incondicionalidad del público, Megadeth no sólo dio un show demoledor sino que también tocó más temas (cuatro) que en los otros países de la gira. Con Mustaine a un costado y David Ellefson copando el centro, el cuarteto eligió “Hangar 18” para dar comienzo a su faena de riffs, doble bombos y visiones apocalípticas (universales y personales). A un año de su última visita y sin material nuevo en el medio, el cuarteto hizo del recital un recordatorio de lo demoledor que puede sonar y de la contundencia de un repertorio cargado de clásicos.

Después de que Mustaine y Kiko Loudeiro intercambiaran solos en “In My Darkest Hour”, las animaciones en las pantallas sirivieron de introducción a “The Threat Is Real”, de Dystopia (2016), casi un segundo estreno en Buenos Aires. Con pasos cortitos y con su cara apenas visible detrás de su melena colorada, el líder de Megadeth se paró delante del micrófono como una suerte de Tío Cosa al borde del colapso nervioso, como si su implosión fuera inminente. Para cuando llegaron “Sweating Bullets”, “Trust” y “Tornado of Souls”, la alquimia del grupo alcanzó su cenit. Los graves resonaron en todo el estadio y las guitarras parecían dagas voladoras que daban siempre en el blanco. “Me siento seguro en el ojo del huracán”, rechinó Mustaine casi como cronista del momento.

“Es increíble que hayamos ganado nuestro primer Grammy después de tantos años”, dijo Mustaine casi como un pase de factura a la industria como presentación del tema que da nombre a su último disco. Y entonces el grupo mostró que puede tocar aún más potente, con el orgullo como boost de nitro. Para el final, “Symphony of Destruction” trajo el momento en el que el protagonismo se empata arriba y abajo del escenario, “Peace Sells” recuperó los años de intransigencia thrash y “Holy Wars... The Punishment Due” fue el cierre tan esperado como contundente. Mustaine pidió a sus fans que regresaran en paz a sus casas, porque finalmente no se iba a llevar a nadie con él pero se sabe que va a volver en cualquier momento.

Unas horas antes, cuando el show de Rata Blanca como segundo número de importancia del Monsters of Rock estaba por concluir, Walter Giardino le pidió el micrófono a Adrián Barilari para hacer de vocero del grupo: “Todos saben que no somos del palo del thrash ni nada de eso, pero queremos agradecer el respeto con el que nos han tratado, de verdad”. Así dejó en evidencia lo extraño del lugar asignado en la grilla, en medio de Anthrax y Megadeth, dos de los grupos pioneros del thrash metal.

Palabras al margen, Rata Blanca se ajustó a su hard rock clásico que encuentra en la técnica depurada de todos sus músicos -y en especial de su guitarrista- el arma fundamental de su propuesta. “Chico callejero”, “Guerrero del Arco Iris” y “La leyenda del hada y el mago” fueron los momentos más obvios y también los más altos del repertorio. Por el lado del debe, “El amo del camino” mostró ese punto crítico del grupo en su búsqueda de trascendencia regional que lo lleva a usar palabras como “carretera” en un español neutro. Una bandera venezolana alzada en alto debajo del escenario parecía demostrar que el mensaje es decodificado de manera correcta.

Antes, el show de Anthrax repasó clásicos y también sirvió para que la estadística diga que, en 2017, la Argentina completó el póker del thrash metal que había iniciado Metallica en el Lollapalooza y Slayer en el Maximus. Más temprano, Plan 4 y Vimic habían ofrecido la cuota más moderna y hardcore para que el pantallazo de música pesada fuera lo más amplio posible aunque la grilla esta vez haya sido acotada.