02/04/2016

Él Mató en el Teatro Vorterix: chicos de oro

Santiago Motorizado anima una fiesta en tu garage.

Menos de dos minutos le tomó a Santiago Motorizado crear la primera escena de desesperanza posmoderna. "¿Quién te va a cuidar? / En este mundo peligroso tenemos que estar juntos", cantó entre penumbras para dar comienzo al primero de los tres shows que El Mató a un Policía Motorizado tiene pautados en el Teatro Vorterix. Para completar el diagnóstico, otra pregunta y su advertencia correspondiente: "¿Quién detendrá a la turba iracunda si no estoy con vos, nena? / Con este magnetismo que sigue bajando, nena". Y esos “nena” que suenan a transmutación costumbrista del “nena” spinetteano.

Una introducción noise-sensible a cargo de Niño Elefante y unas pocas luces rojas dieron pie a "Nuevos discos". Si el primer tema fue una imagen plantada sin desarrollar, acá un mantra melómano ("Nuevos discos, nuevas drogas") robustecido en cada repetición comenzó a levantar la temperatura del quinteto. Todo es economía de recursos en Él Mató, y por eso la bienvenida fue en la misma tónica: "Buenas noches a todos, gracias por venir", y no mucho más.

Para "La violencia", tema que da nombre al EP que el quinteto está presentando, se encendieron las pantallas para mostrar imágenes aéreas de un paisaje montañoso; la batería eyectó una versión mucho más punk que en estudio. Menos la voz. Él Mató editó su primer disco en 2004, el mismo año en que la violencia reventó las endebles estructuras del under (porque violencia es mentir, pero también violencia es prender una bengala en un recinto cerrado y que se mueran 194 personas) y, desde el desánimo, Santiago Motorizado se convirtió en una vox clamantis in deserto que es correlato sonoro de una forma distinta de hacer, sentir y pensar el rock. Desde ese momento, El Mató a un Policía Motorizado comenzó a forjar una carrera que hoy lo tiene como el principal y mejor referente del indie nacional.

Después de que "Amigo piedra" trajo algo de pogo controlado, Santiago le cedió la voz al público sobre el arpegio de "Vienen bajando", casi haciéndose cargo de su posición de líder de multitudes quietas. Siempre sin mediar palabra y con la banda más austera que minimalista, el escenario del Vorterix se transformó en una extensión de un garage platense para la procrastinación en corcheas de "Sábado"; luego, el riff con slide de "Rock espacial" se tornó una lectura arrivotrilada de "La marcha", de 2 Minutos.

"Mujeres bellas y fuertes" y "Chica de oro", interrumpidas por el fogón esquinero que es "La celebración del fuego", hicieron las veces de segmento #NiUnaMenos en clave coreable. Antes de los bises, "El fuego que hemos construido", otra proclama pirómano-romántica, resumió la quintaesencia de Él Mató: noise, flangers, arpegios, interludios de languidez desoladora, batería y bajo directo al pecho y una letra bucólica en escala de grises: "Quiero mirarte y que me mires / Quiero hablarte y que me mires / Ya nada va a ser igual, vos no vas a ser igual. El fin de las vacaciones, de las mejores".

En la seguidilla final, Santiago Motorizado encarnó un gurú de autoayuda con la batería cargada al 50% en la perfecta "Más o menos bien". Primero como amigo, después como novio, después como hijo, después como ¿estrella? de rock y por último consejero popular: así fueron enfilando hacia la salida estos nuevos creadores de rock and roll. En su única concesión a los manuales de liderazgo carismático, Santiago anunció un último tema, "Mi próximo movimiento", y a su término dio comienzo a "Chica rutera", casi como una expresión de deseo en vistas a los próximos shows. "Espero que vuelvas", repitió cada vez más desaforado (y desafinado) para dejar que todos se retiren al desamparo de lo que él mismo describió como un "viernes de otoño y lluvioso".