12/09/2022

Måneskin en el Hipódromo de Palermo: veni, vidi, vici

El lenguaje universal.

DF Entertainment / Gentileza
Måneskin

Escena 1: antes del show de Måneskin, Seven Kayne, que cumple con todos los requisitos de artista que da pelea en la escena actual (millones de seguidores, millones de reproducciones, considerable cantidad de colaboraciones con colegas, nada editado en formato físico), hace lo suyo como previa del acto principal ante un Hipódromo colmado. Es trap tamizado con pequeñas dosis de actitud rockera, pero que no escapa a un vivo de apenas una batería, bajo y bases que se disparan desde el más allá de las sombras. En la recta final despierta aplausos cerrados, gritos de histeria y alguna ovación. Se puede ir satisfecho, ya que una buena parte del público consume su propuesta con habitualidad.

 Escena 2: en apenas las primeras canciones, el acto principal ya desplegó todas sus cartas sobre la mesa. Está lejos de tener una oferta moderna en pleno 2022, pero cautiva a ese mismo público, al que le provoca más histeria y ovaciones. Así, esa audiencia que promedia los 25 años y en los papeles no parece tener al estilo como una de las principales opciones de su menú, daba una escena casi imposible en estos días: rock en vivo donde los artistas y el público comulguen una edad promedio sub 30. Inédito.¿Será Måneskin ese puente que sostenga a nuevas generaciones a un rock que ya parecía definitivamente relegado a los adoradores de la nostalgia?

Hay que reconocer que no se vio venir este fenómeno. El último éxito considerable en materia musical que dio Italia fue “Un ‘estate Italiana”, la canción del Mundial 90 (perdón a la deliberada omisión de algún que otro exponente melódico), y nadie esperaba que en tiempos de streamings, tendencias dominadas por el trap y featurings infinitos, una banda de rock bien tradicional, con sonido apenas aggiornado fuera a surgir de Roma. Davvero inaspettato!

En su debut porteño, Måneskinrevalidó todos esos títulos que a priori tenía asignados y cosechados en siete años de carrera y apenas tres de éxito global. En casi dos horas hicieron gala de tener canciones de peso, muchos hits, actitud y un desbordante carisma de esos que se encuentran muy cada tanto. Es tan simple la propuesta que no resulta muy visible el componente que les hizo dar semejante salto de popularidad. Apenas voz, guitarra, bajo y batería, nada más. ¿Nada más? Impostore!

Lo que sostiene y justifica este suceso son en primer lugar las canciones. Un repertorio bien balanceado entre hits virales, de streamings y para todo aquel que le guste el hard rock. Canciones bien ejecutadas, con el plus que da el vivo y la cuota necesaria de desprolijidad. En segundo, la actitud imposible de encontrar en bandas del estilo con 30 años promedio de trayectoria. A Måneskin todavía se le nota el hambre, el total disfrute de salir a tocar ante nuevas audiencias y experimentar con ese feedback. Eso explica que se hayan pasado buena parte del concierto tocando en el vallado al alcance de toda la gente ahí apostada y que su cantante se animara a meterse en el medio del público a intentar cantar hasta que un amigo de lo ajeno manoteara su in-ear y lo dejara sin señal. Ladro!

La trifecta inicial de “Zitti E Buoni”, “In Nome Del Padre” y “Mammamía”, le dio un calor a la noche que nunca bajó. Má adelante, tres covers que, cada uno a su tiempo, sumaron lo que requería el momento: “Beggin” (más de ellos que de The Four Seasons) hizo saltar a todo el mundo;  “My Generation”, casi irreconocible, dio un poco de respiro; “I Wanna Be Your Dog” casi en el final, fue pura furia y que si fue útil para que los sub 25 descubran a The Stooges. Tan solo cabe agradecer a estos italianos por la elección. Con “Coraline”, quizás uno de lo temas más logrados de la banda, Måneskin muestra que tiene recursos, sabe construir climas y no todo es (desa)foro romano. Aun con todos esos aciertos, el momento de la noche fue con “I Wanna Be Your Slave”, con todos saltando al ritmo de ese riff contagioso e irresistible. Vittoria! 

La punta de lanza de este combo es el magnético cantante Damiano David, que ocupa ese rol de frontman como un veterano, lejos de los 23 años que marca su documento. Canta bien, sabe cómo y con qué gestos ponerse a sus fans en el bolsillo y no abusar de los recursos sino dosificarlos con clase. Si para buena parte de sus fans es el sex simbol de turno, la respuesta está en una frase de “Mammamia” , “They ask me why I'm so hot, 'cause I'm Italiano”. Lo secunda Victoria de Angelis, que pasea su bajo como felino enjaulado, pero que nunca deja de sonreír, fruncir el ceño, lanzar patadas al aire o guiñar un ojo. Todo le queda bien y sus fans la aman, tanto que se ganó el “Victoria, Victoria” mucho antes que el resto. El guitarrista Thomas Raggi y el baterista Ethan Torchio, cumplen en sus roles para que el sonido final sea tan efectivo como difícil de emular. Ni en el final con “Lividi Sui Gomiti”, donde unos 50 fans tomaron el escenario por asalto (invitados por la banda), los músicos perdieron el nervio para sostener su marca registrada Ineguagliabile!

Pasó Måneskin , sacó chapa, enamoró fans, conquistó a los más escépticos y seguro que muchos de esos padres que esperaban a sus hijos a la salida, en la próxima entren con ellos. Trionfo!