08/04/2018

Los Fabulosos Cadillacs en el Luna Park: más hermanos que antes

El león del ritmo se fue a descansar.

Los Fabulosos Cadillacs

¿Cuántas vidas puede tener una banda? ¿Cuántas veces puede reencarnar convertida prácticamente en otra sin perder coherencia? ¿Hasta dónde puede un grupo de músicos reinventarse? Son algunas preguntas que, ahora que Los Fabulosos Cadillacs ya son recuerdo -vaya uno a saber por cuánto-, surgen inevitables cuando se mira hacia atrás su recorrido. En ese repaso están aquellos “gordos” que querían morir tocando ska, los que después fueron en busca de las raíces latinas y se encontraron en la vanguardia de un movimiento, aquellos tipos que se pusieron progresivos y muy porteños, los que regresaron por primera vez con elegancia y hasta los más recientes, que renovaron su sangre y se embarcaron en la aventura de un disco conceptual.

Todos esos Cadillacs estuvieron ayer sobre el escenario de Luna, en un “acto final” que tal vez haya que entender más allá del cierre de una etapa. Sí, terminó la presentación de La salvación de Solo y Juan, pero además era sabido que el grupo liderado por Vicentico y Sr. Flavio dejará de tocar -“por mucho tiempo, no sabemos cuanto”, dijeron-, en lo que puede ser otra de esas pausas que ya se hicieron costumbre en la banda o una despedida definitiva que los músicos no quisieron teñir de melancolía. Sólo el tiempo, ese que tantas canciones procuran detener, será quien traiga la respuesta.

No deja de ser extraña, sin embargo, la manera de darle cierre a esta etapa: Los Fabulosos Cadillacs habían encontrado la chispa para un cambio profundo y con sentido, y en cada concierto demostraron que habían podido convertir el silencio en carnaval. La incorporación de Florián Fernández Capello y Astor Cianciarullo, hijos de los líderes del grupo, como guitarrista y baterista/bajista, le inyectó una energía diferente a la banda, que decidió además no tener percusionista. Y la (segunda) partida y el regreso de Sergio Rotman fue un conflicto sorteado con madurez por los Cadillacs.

En su “acto final”, Los Fabulosos Cadillacs eligieron una autocelebración que hizo partícipe al público, algo así como una fiesta privada con muchos invitados. Una que tuvo momentos para el estallido, pero también para tocar el corazón de los que escucharon a la banda más allá de los hits radiales. Por eso, en su encarnación ska y con los ánimos en alza por el comienzo con “Strawberry Fields Forever” y “Mi novia se cayó en un pozo ciego”, desempolvaron “Paquito”, un track “olvidado” de Rey azúcar, y luego metieron en la lista “Siempre me hablaste de ella”, “Muy, muy temprano”, “Caballo de madera”, “Cartas, flores y un puñal” y “Te tiraré del altar”.

En medio, temazos como “Demasiada presión” y “El genio del dub” alcanzaron para hacer parte del convite a los menos fanáticos, que quizá hayan “descubierto” en vivo la profunda belleza de “Navidad” (que cantaron Flavio, Vicentico, Florián y Astor solos sobre el escenario). Fue parte de un bloque con canciones de La salvación…, que siguió con “El rey del swing”, “Fantasma” y “La tormenta”, quizá el tema del disco con más vínculos con el pasado de Los Fabulosos Cadillacs. “Calaveras y diablitos” fue la excusa para que el cantante sacara a relucir su humor ácido, que le hizo disfrutar de hacer cantar al público a derecha e izquierda sin dejar de reconocer la “pelotudez” de ese acto.

Más allá de que el propio Vicentico no se lo haya tomado del todo en serio, el truco funcionó, porque a partir de allí el volumen del público compitió con el de la propia banda. “El león” y “Saco azul” (con Valeria Bertucelli desparramando emoción en el recitado del medio), y más tarde “Vasos vacíos”, se beneficiaron de esa adrenalina extra de banda y audiencia. En el final de “Mal bicho”, Vicentico propuso arrodillarse y hacer silencio, pero el público decidió que era buen momento para cantar ese hit que empieza con las palabras “Mauricio Macri”. “No sean boludos, esto va a ser para quilombo”, ironizó el cantante, mientras Rotman alentaba los cánticos y Flavio les ponía un poco de su bajo.

El final antes de los bises fue con “Matador” y el intermedio sirvió para rearmar los pensamientos: ¿habría sido esa la última vez que se había escuchado en vivo esa canción emblema del rock latino? “Te tiraré del altar” y “Siguiendo la Luna” trajeron de nuevo a Los Fabulosos Cadillacs y sus numerosas encarnaciones al escenario, para luego desatar definitivamente la fiesta con “Carnaval toda la vida”, “Carmela” y “El satánico Dr. Cadillac”. Cuando los músicos cambiaron de instrumentos para despedirse y Sr. Flavio se adueñó del micrófono para cantar “ahora somos más hermanos que antes”, nadie en el Luna Park repleto discutió los términos y los vericuetos de esa hermandad: era mejor prenderse en ese coro inmortal de “Yo no me sentaría a tu mesa”.

Nadie podrá quitarles lo que hicieron ya, aunque quizás el futuro tenga otra nueva piel preparada para Los Fabulosos Cadillacs. Por ahora, el león del ritmo se fue a descansar.