03/12/2017

Los Espíritus en Malvinas Argentinas: así de fuerte somos

Prietto viaja al mainstream con Moraes.

Mathias Magritte / Gentileza
Los Espíritus

El 21 de diciembre de 2013, Los Espíritus se colaban como banda sorpresa del Music Is My Girlfriend, el festival indie que en esa edición tuvo como parte de su grilla a Acorazado Potemkin, Bestia Bebé, Fantasmagoria y hasta a Bicicletas. Entre los pocos sobrevivientes que llegaron con energías a las 4 de la mañana, se reafirmaba como premisa la idea de que había que quedarse a bancarlos, aunque fuera sentados con la espalda apoyada en alguna de las columnas del escenario techado del Centro Cultural Konex. Se sentía, se especulaba, que era la banda con el potencial necesario para romper la indiegamia y trascender a un público mayor.

Un mes más tarde, en enero de 2014, Andrés Ciro compartía un video de Los Espíritus en su cuenta de Twitter.

Diciembre de 2017. Maxi Prietto y Santiago Moraes repitieron "Muchas gracias" más de diez veces en las casi tres horas de show de Los Espíritus. Y no es para menos: es el debut del grupo en el estadio Malvinas Argentinas y las casi 5 mil personas que corean sus temas los convierten en la primera banda indie después de Onda Vaga en dar el salto a un escenario masivo.

Sin que la relación sea directa (lo primero que se repite a la hora de definir el sonido del grupo es que tienen tanto de Manal como del primer Santana), hay un link entre Los Piojos y Los Espíritus. Los primeros: la banda de rock barrial que mejor (si no la única) procesó el postpunk. Los segundos: la banda indie que mejor (si no la única) procesó el componente latino.

Entonces ahí están Los Espíritus, como una posible relectura arty-progre de Los Piojos o como la versión barrial del indie. No con la patina nostálgica del "Luchador de Boedo", de Bestia Bebé, sino con la urgencia de un presente que recrudece con pasajes que valen el doble y ojos que se desafían en "La mirada", el tema clave del repertorio. Abrazo por el juego de percusiones y una cadencia amable que parece venir de algún lugar de Centroamérica, Maxi Prietto arrastra las palabras como quien arrastra los pies sobre el asfalto hirviente. Pero esa vocalización del tedio se corta de forma abrupta: "El trabajo dignifica, eso dice mi patrón", canta y de pronto, una frase que, en forma de eslogan anarquista y que mejor describe la realidad en tiempos de Macri, llega de parte de un barbudo de camisas floreadas y sonrisa bonachona.

Antes, el show había comenzado con una trifecta que describe gran parte de la paleta sonora de Los Espíritus: la psicodelia latina a pulso firme de "Huracanes", la canción con aires de tex mex en "La crecida" y el rock and roll recitado de "El viento". En medio del cuelgue, las historias de Prietto y Moraes trazan una ruta que une México DF con La Paternal.

Con Saúl Correa (padre "Pipe", baterista del grupo) como invitado en percusiones, "Mapa vacío" y "La mina de huesos" finalmente adquirieron forma de jam extendida, algo que se repetiría a lo largo del show. Y fue en esos desarrollos instrumentales donde Los Espíritus mostraron que pueden proponer una travesía encantadora pero también que desde la guitarra de Miguel Mactas todo puede desencadenar en una burbujeante orgía de magias negras.

En otro ataque a la coyuntura, Prietto adaptó la letra del blues resacoso "Las armas las carga el diablo" como referencia al asesinato de Rafael Nahuel: "Las armas las carga el diablo y las descarga un gendarme", cantó sobre un manto de luces violetas para que debajo del escenario se desataran aplausos de aprobación. Acto seguido, "Mares" devolvió el color y el andar playero con armonías vocales del primer rock argentino.

A modo de cierre oficial, Walter Broide (Posediótica), Tomás Vilche (Los Bluyines) y Tulio Simeoni (La Patrulla Espacial) se sumaron en "El palacio", Alto valle" y "Vamos a la Luna", un folk onírico cargado de cámaras y delays. Para los bises, "Negro chico" trajo una nueva crónica urbana, como si Castaneda se sentara a contemplar el paisaje de Plaza Miserere, y "La rueda que mueve al mundo" los hizo moverse sobre esa base boogie tan rastreable en Pappo como en Booker T. & The M.G.'s.

"Muchas gracias, che", fue, por supuesto, el saludo final. Pasada la medianoche, Los Espíritus se despidieron de la fecha más importante de su carrera con la certeza de haber estado a la altura de las circunstancias. El tiempo dirá si este show fue el despegue definitivo para consolidar una audiencia masiva, o si fue el techo de convocatoria. Por lo pronto, tienen las canciones y la identidad para que se trate de lo primero.