19/02/2017

Los Auténticos Decadentes en el Personal Fest Verano: grandes éxitos en continuado

Masterclass de música popular a orillas del Paraná.

Federico Ciminari / Personal / Gentileza
Personal Fest Verano corrientes 2017 Los Autenticos Decadentes

Un mismo escenario puede resignificarse con unas mínimas variaciones. Al mediodía, la playa Arazaty de la capital correntina lucía apenas poblada por un grupo de bañistas dispuestos a ponerle el cuerpo a unos hostiles 40 grados de sensación térmica. Tan solo unas horas más tarde, y después de que una lluvia pasajera le aportase algo de sensatez al clima, el predio estaba desbordado para el show de Los Auténticos Decadentes en el Personal Fest Verano. El grupo responsable de darle forma y gracia a la música popular argentina en las últimas tres décadas y la autoproclamada capital nacional del carnaval entablaron durante hora y media una relación simbiótica sostenida por el fervor arriba y debajo del escenario.

Dentro del marco del festejo por sus primeros 30 años de carrera, los Decadentes plantaron bandera con "Cómo me voy a olvidar", y lo que le sucedió a eso fue una catarata de hits sin solución de continuidad que se permitió quemar algunos cartuchos a poco de la señal de largada ("Los piratas”, "Pendeviejo") porque en su repertorio hay municiones de sobra. Pasada una ráfaga inicial con Cucho Parisi al frente, la dinámica de protagonismo rotativo de la banda puso al centro el escenario a Jorge Serrano para "Viviré por siempre", "Diosa" y "Corazón". Después, llegó  el turno de Diego Demarco con "La prima lejana", "Besándote" y "El gran señor".

Si hasta ese momento el público correntino se había manejado dentro de una efusividad medida, a la altura de "Vení, Raquel" las cosas se terminaron de desmadrar en un segmento que también incluyó escalas en "Entregá el marrón" y "El murguero".  Y si a lo largo de su carrera uno de los mayores méritos de Los Auténticos Decadentes fue salirse del rótulo netamente festivo para mostrar también una veta más sensible, en el show eso mismo se manifestó con la llegada de "Un osito de peluche de Taiwán" y "El pájaro vio el cielo y se voló". Y, al igual que en estudio, la maniobra queda bastante lejos de parecer un volantazo abrupto, sino que encuentra su lugar en un repertorio en el que el denominador común es la canción popular.

Pasada "No me importa el dinero" (cantada "a dúo" con una grabación de Julieta Venegas desde la pantalla de fondo de escenario), el tramo final antes de los bises no escatimó efectismo. A la certera declaración de principios de "Somos" ("Soldado de plomo de tu alegría / Somos la fruta prohibida, el desborde criollo que cura las heridas") le siguió un mash up entre "La marca de la gorra" y "Ya me da igual". Después, una versión intensa de "Gente que no" sirvió para que Mosca Lorenzo se tomase el tiempo para presentar a cada integrante, una escena que remató el tecladista Claudio Carrozza con acordeón al pecho para citar fragmentos de "Kilómetro 11" y el Himno Nacional Argentino. Mientras la última nota de la melodía creada por Blas Parera se perdía entre los aplausos, "La guitarra" ofició como un cierre tan lógico como inevitable.

La jornada del sábado fue, además, una suerte de reivindicación de los vínculos sanguíneos y de amistad. Cuando el sol recién comenzaba a caer tocó La Movida, un grupo integrado por algunos hijos del clan decadente, pero que se valen por peso propio a fuerza de ska, música rioplatense y funk. Poco después fue el turno de Mano, el proyecto solista de Manuel Custodio, eterno colaborador de Los Tipitos, quienes a su vez tomaron por asalto el tablado antes del acto principal. Ese mismo espíritu de convivencia fraternal  y transgeneracional se hizo evidente a la hora de "Loco (tu forma de ser)", cuando Serrano invitó a todos ellos para que lo acompañasen en el escenario. "Siga el baile" funcionó como la última perdigonada de euforia ante los más de 50 mil espectadores, ya fuera para los que abrazaban la valla, como para quienes optaron por quedarse a la distancia provistos de heladeras portátiles bien abastecidas.

Después de una veintena de clásicos inoxidables que ya son parte del patrimonio cultural local, la despedida hurgó en el catálogo más reciente y, aunque la jugada pudiera pasar por arriesgada, tenía su razón de ser. Con una letra autobioráfica y referencial , "Y la banda sigue" funcionó también como un pequeño manual de supervivencia decadente que, al igual que su letra, va del punk a la música tropical. Y aunque la letra en boca de cualquier otro podría sonar antipática ("Y lo cantan todos en la calle, y en la cancha nadie para esta avalancha de sonido popular / Y lo bailan todos en la disco, en la bailanta, esta música le gusta a todo el mundo por igual"), en sus manos dejó la sensación de una descripción minuciosa.