12/11/2018

Lorde en el Personal Fest: bailando en mi tormenta

A contramano del mundo pop.

Lorde

Es el momento íntimo de un show pensado a escala pop. Lorde está sentada en el borde la pasarela del escenario principal del Personal Fest y entonces canta la palabra “dark” (en inglés “oscuridad”). Aunque decir que la está cantando tal vez no sea la definición exacta. Parece más bien que la está respirando.

Lorde está respirando oscuridad.

En los microsegundos que tarda en llegar de la letra r a la letra k, la melodía se prolonga en el silencio y pierde toda su materialidad, como un pincel sin tempera que continúa su trazo hasta el final del lienzo.

La canción es “Writer in the Dark” y es una de las interpretaciones más logradas que dio la música mainstream en los últimos -por lo menos- cinco años. Y no lo es por la destreza vocal sino por la expresividad que Lorde le imprime a cada palabra que pronuncia. La duración de las notas que canta se liberan y comprimen como si el tiempo fuese un valor flotante. Su banda suena suena precisa y distante, ella sólo abre la boca y se entrega a la expresión. Son sus emociones y no sus acciones las que determinan la dureza o la fragilidad de la melodía.

Pero esa cualidad no quedó acotada al segmento baladístico de su show sino que es su marca de estilo. Lorde funciona a contramano en el mundo pop: allí donde la mayoría de las cantantes se hicieron estrellas por su talento para mostrar(se), la neocelandeza construyó su figura por lo que esconde. Empezando por su voz, ese susurro modulado que parece más propios de un artista lo fi que de alguien como ella, que anoche sacó a pasear sus sentimientos en canciones de maximalismo electrónico (“Dynamite”, “Supercut” y “Magnets”, su colaboración con Disclosure).

Rodeada por una corte de seis bailarines que repartieron coreografías de ballet contemporáneo, Lorde volvió a Buenos Aires después de cinco años, y la comparación entre ambas presentaciones (aquella en la primera edición de Lollapalooza Argentina) evidencia un crecimiento en términos de ambiciones artísticas, presupuesto y convocatoria. Si en su etapa Pure Heroine se la veía en vivo como una Carrie dark wave, esta, la de Melodrama, se planta como una diva avant garde (Björk + Regina Spektor + EDM). Así, la seguidilla “Hard Feelings” – “Ribs” – “Louvre” tuvo sus raptos de éxtasis rave entre relatos de tormento adolescente. “Bailen, boludos”, dijo con una sonrisa tímida, casi de costado a su público. Mucho más cerca de la sugerencia que de la arenga para estadios.

Para el final, “Royals”, aquel hit iniciático, demostró su vigencia en época de himnos fugaces. A partir de allí, la escalada dance fue en ascenso con “Perfect Places” (“Tengo 19 y estoy en llamas” / “Pero cuando estamos bailando estoy bien“), “Team” (“Bailamos alrededor de las mentiras que decimos“) y el cierre definitivo con “Green Light” (¿Te asustó cómo nos besamos mientras bailábamos en el piso iluminado?“).

Según sus datos biográficos, Marija Lani Yelich-O’Connor ya pasó su edad escolar (cumplió 22 años la semana pasada). Lorde, sin embargo, anoche fue la adolescente que asiste a su baile de graduación y no se postula para reina, pero se manda al centro de la pista a bailar sola y a la vista de todos. Lo mismo está haciendo con su carrera artística y el mundo pop que la rodea.