15/03/2018

Liam Gallagher en el DirecTV Arena: pájaro de vuelo rasante

El ex Oasis vino, su garganta no.

Guido Adler / Alive Coverage / Gentileza
Liam Gallagher

La secuencia podría ser la misma de cualquier show de Oasis entre 2000 y 2009: con el DirecTV Arena a oscuras, desde el PA sonaba la versión de estudio de “Fuckin’ in the Bushes”, el instrumental con el que la banda de Manchester abrió todos sus shows en su última década de vida. Acto seguido, Liam Gallagher entró al escenario golpeándose el pecho con su pandereta, en actitud de pugilista de pub, antes de zambullirse en sendas lecturas de “Rock ‘n’ Roll Star” y “Morning Glory”,  dos himnos de estadio cosecha 94-95. La diferencia estuvo, claro, en que quienes lo rodeaban no eran sus (ya) excompañeros, sino una banda de sesionistas.

Dispuesto a hacer valer su presente, Gallagher llevó la ebullición distorsionada del comienzo del show a “Greedy Soul”, de su debut solista, As You Were. Y justo cuando la jugada ponía el saldo a su favor, llegó el traspié: al momento de “Wall of Glass”, su voz dejó en claro que no iba a poder estar a la altura de las circunstancias. El repertorio tampoco ayudó a disimular el daño: en las baladas lennonianas “Paper Crown” y “Bold”, la gola de Liam se quedó a mitad de camino, y ya en “For What It’s Worth”, el vocalista decidió ceder el protagonismo al público, sin disimular su frustración. Y más tarde pidió disculpas en Twitter por el estado de su garganta.

Con la nostalgia a favor, “Some Might Say” y “Slide Away”, otras dos de Oasis, estabilizaron el barco antes de que Liam y su banda atravesaran en el costado más rockero de su disco solista, con “Come Back to Me” y “You Better Run” como mascarones de proa. La psicodelia desenchufada de “Universal Gleam” encontró a Liam Gallagher en mejor forma aunque también extraviado, al punto de llegar a sacar el micrófono de su soporte para cantar sosteniéndolo con la mano, algo impensado para un tipo que pasó 25 años ininterrumpidos encorvado y estoico en el centro de cualquier escenario.

Pero la paz duró poco y en “Be Here Now” se repitió la escena: con el ceño fruncido, Gallagher volvió a retirarse del micrófono con un rictus indisimulable que puso fin al sideshow de Lollapalooza tras sólo una hora. Al momento de los bises, una versión garagera de “Supersonic” prometía orden y progreso, pero todo se evaporó tras una interpretación desganada de “Cigarettes & Alcohol”, en la que Liam arrojó el micrófono al público después de su enésimo traspié vocal. La maniobra puede verse como un ataque de ira o como un gesto de reconocimiento al verdadero protagonista de la noche: interpretar a gusto.