21/03/2018

LCD Soundsystem en Vorterix: las penas se van bailando

James Murphy y las obsesiones de la vida adulta.

Alive Coverage / Gentileza
LCD Soundsystem

James Murphy camina por el escenario, esquivando torres de sintetizadores analógicos y osciladores. Vestido con un saco gris, entre tantos módulos y cables, parece un empleado jerárquico de una central telefónica, pero la escena se diluye al poco tiempo, cuando queda en remera y chupín negro, y ataca unas timbaletas mientras arremete con “Get Innocuous!”. De un momento al otro, LCD Soundsystem suena como si una banda de dance punk hiciera un cover de “The Robots” de Kraftwerk, mientras Murphy canta sobre la vida nocturna de su ciudad y la ambición de querer pegarla para luego repetir como un mantra “Podés normalizarlo / ¿No te hace sentir vivo?”.

Con un cronómetro en cuenta regresiva ubicado en el lateral izquierdo del escenario, la banda neoyorquina repasó de manera ecuánime su obra, cuatro discos que funcionan como una investigación antropológica de la música de las metrópolis de los últimos 40 años. Una versión cruda y garagera de “Daft Punk Is Playing at My House” a cencerrazo limpio antecedió a “I Can Change”, o el chillwave entendido desde la pista de baile gracias a un colchón de tres sintetizadores a la vez. “Call the Police”, en cambio, fue motorik puro propulsado por la batería de Pat Mahoney y los chispazos guitarreros de Al Doyle.

Desde el nombre, “You Wanted a Hit” fue una declaración de principios, y también una cuota de falsa modestia para una banda que la sabe lunga en la materia (“Querías un hit / Bueno, así es como nosotros hacemos hits / Querías un hit / Pero eso no es lo que nosotros hacemos”), con mismas dosis de soul y electropop. En su final, una zapada electrónica con tracción a sangre desembocó en “Tribulations”, o lo que hubiera pasado si New Order se hubiera fogueado sobre el escenario del CBGB en vez de en The Haçienda.

Después de una versión de “Movement” que fue de menos a más hasta desembocar en un caos de punk rock sintetizado, con Murphy al comando de una catarsis noise haciendo oscilar un delay a cinta, “Someone Great” fue un rebaje necesario para dar lugar a la belleza en la melancolía y procesar el luto ante una pérdida. Con “Yr City’s a Sucker” como bisagra rítmica, LCD Soundsystem recuperó su pulso bailable más áspero en “Tonite”, cuyo final desencadenó en “Home”, lo más cerca posible de Talking Heads. A su modo, Murphy es un David Byrne del aquí y ahora, con la búsqueda limitada a los centros urbanos de Occidente.

Y es esa misma obsesión con las grandes ciudades la que desembocó en “New York, I Love You But You’re Bringing Me Down”. En el rol de un crooner abatido, Murphy espetó su carta de amor / odio a la Gran Manzana, una ciudad que pasó de estimularlo creativamente a aburrirlo y deprimirlo sobremanera. A la hora de los bises, “Oh Baby” y “Emotional Haircut”, ambas de American Dream, publicado el año pasado, oficiaron de revalidación del presente. La primera, un remoloneo de marcha lenta, edificado sobre una pared de sintetizadores a cargo de Nancy Whang y Gavin Rayna Russom. La segunda, un estallido punk efímero pero de ebullición constante.

Con una estructura que fue del minimalismo al beat, “Dance Yrself Clean” dejó en claro que para su líder, la música y el movimiento tienen un efecto desintoxicante en LCD Soundsystem. Ya en el cierre, “All My Friends” volvió sobre la noción del baile como vía de exorcismo para la melancolía. Sobre el repiqueteo de un único acorde de piano y una base vertiginosa, Murphy reflexionó sobre el paso del tiempo (o, más particularmente, sobre envejecer), mientras sus compañeros se reformulaban como una banda de kraut rock con sensibilidad pop. La pérdida, la trascendencia, el éxito y la idea de mortalidad son algunos de los fantasmas que lo acechan. Y sabe cómo exorcizarlos: arrojándolos a la pista de baile.