13/03/2016

Lauryn Hill y Natalia Lafourcade en el Planetario: sensatez y sentimientos

El pop, el folk, el rap y el reggae se mezclaron en el Movistar Free Music dedicado a la mujer.

Lauryn Hill

Robert Strachan, un investigador de la Universidad de Liverpool, analizó detalladamente 33 rankings musicales publicados entre 1974 y 2000 en revistas de rock de todo el mundo. "De un total de 3.375 canciones listadas, el 60% pertenecía a sólo 50 artistas, y apenas tres de ellos eran mujeres", concluyó. ¿Acaso no hay presencia femenina relevante en la industria de la música? ¿Es que componer o interpretar un tema es cosa de hombres? La respuesta a ambas preguntas es un no rotundo: los ejemplos sobran, de Billie Holliday a María Gabriela Epumer y de Joni Mitchell a Amanda Palmer. La diferencia radica en la menor atención y difusión que recibe el mal llamado sexo débil, siempre relegado a un segundo plano o eventualmente tildado de moda pasajera.

La primera edición 2016 del Movistar Free Music, en el mismo escenario del Planetario porteño que había recibido a Ringo Starr y a Fito Páez en anteriores ocasiones, buscó compensar esa omisión con un lineup íntegramente compuesto por mujeres. El resultado fue una mixtura variopinta de géneros, personalidades y estilos, cruzando el rock, el pop, el hip hop, el reggae y el folk en cantidades diversas.

En el atardecer del sábado, y tras un brevísimo show de Deborah de Corral, Natalia Lafourcade volvió a revalidar el título de gran ganadora de los Grammy latinos. Con foco en su último disco, Hasta la raíz, la mexicana se preocupó en construir un ambiente onírico, envolvente, íntimo. A pesar de que detrás suyo se ubicaba una banda de ocho integrantes, incluyendo tres vientos, algún desprevenido podía sentir por momentos que sólo estaban ella y su guitarra frente al público. No era un error: era un efecto milimétricamente planeado.

"Hasta la raíz" y "Nunca es suficiente" consiguieron arrancar las primeras ovaciones desde el campo, que acompañó en silencio la apuesta vocal de Lafourcade en "Lo que construimos" y el juego entre bajo y sintetizadores en "Ya no te puedo querer". "Buenos Aires me trae buenos recuerdos porque parte de este disco lo grabé aquí", contó la cantautora antes de iniciar "Amor de mis amores", uno de los boleros que grabó en Mujer divina, su álbum homenaje a Agustín Lara. En esa segunda parte del show, que revisitó algunos de sus clásicos ("En el 2000", "Amarte duele"), Lafourcade se encargó de mostrar la evolución de su propuesta sonora, capaz de alejarse de sus orígenes pop y de dialogar con el folk y el alt rock al mismo tiempo.

Tras un ecléctico warm-up de media hora a cargo de DJ Rampage, Lauryn Hill pareció arrancar su primera visita a un escenario argentino con el pie izquierdo. Sentada en un sillón de terciopelo rojo y munida de una guitarra acústica -en una puesta similar a la de su MTV Unplugged de 2001- la ex Fugees aprovechaba cada segundo libre entre verso y verso durante las primeras cinco canciones para dar indicaciones al sonidista, a su equipo y al resto de los músicos de la banda, aparentemente disconforme con el retorno. Así, las tres coristas que acompañaron a Hill durante el show se pusieron al hombro la tarea de cautivar a la audiencia hasta que pasara el temblor.

Sobre el final del primer bloque, dedicado a las canciones de su cosecha personal ("Mystery of Iniquity", la aún inédita "Conformed to Love"), la oriunda de Nueva Jersey pareció sentirse un poco más cómoda. A partir de "Lost Ones", y durante un bloque de canciones nacidas de su unión con Wyclef Jean ("How Many Mics", "Ready or Not"), Hill rompió el hielo, levantándose del sofá e interactuando mucho más amablemente con la banda y el público. La inevitable versión del hit "Killing Me Softly with His Song" funcionó no sólo como punto álgido de la noche, sino como vuelta de página final para las molestias sufridas.

Una vez saciados los anhelos de rap y R&B, la cantante apostó por tres covers de Bob Marley ("Jamming", "Is This Love" y "Could You Be Loved") para conformar el segmento reggae de su set. Más tarde, abriendo a capella una versión del clásico "Feeling Good", Hill intentó dar muestras de una potencia vocal que no parece haber perdido a pesar del paso del tiempo.

"Everything Is Everything" y "Doo Wop (That Thing)", dos canciones de su hasta hoy único disco de estudio, The Miseducation of Lauryn Hill, dieron el toque final para su debut porteño. "Amiga, dejame decirte una cosa de vuelta / Sabés que sólo lo digo porque soy genuina / No seas una piedra cuando en realidad sos una gema", reza la letra de esa última canción. Menudo mensaje para el cierre de un festival que buscó, al menos por algunas horas, referirse a la igualdad de género.