03/06/2018

Las Pastillas del Abuelo en GEBA: más realidad que locura

El amor en los tiempos del tarifazo.

Las Pastillas del Abuelo

Faltan 10 minutos para que Las Pastillas del Abuelo salga al escenario de GEBA y las pantallas ya anuncian el próximo show: 31 de agosto en Obras. La excusa para ambas fechas, la que está a punto de comenzar y la que será dentro de dos meses, es la presentación del CD/DVD Vivo de pastillas: Locura y realidad que registra sus fechas en Ferro, el Luna Park y el DirecTV Arena. Así avanza la banda liderada por Piti Fernández, llenando de fichas su propio TEG en el que los estadios reemplazan a Kamchatka.

Con una puesta en escena de alto impactó que incluyó seis paneles móviles que se disponían de distintas formas por encima de los músicos, la banda dejó en claro que su estructura (sonido y visuales) crece al ritmo de su público. Conciencia de clase y conciencia de cachet.

Del mismo modo, el comienzo del show, con la intro de teclado y guitarras seguida de "Rompecabezas de amor", respetó el inicio del álbum que se encuentran presentando y funcionó como un resumen del sonido del grupo: un maximalismo regional capaz de incluir nervio rockero, cadencias reggae, sufrimiento arrabalero y una armónica blusera... todo en una misma canción. Pero esas incursiones, mucho más pintoresquistas que estructurales, son ¿apenas? el ropaje para las letras, el verdadero motor que pone a andar a Las Pastillas del Abuelo. 

 Entre la crítica social, más cerca de un resumen de Ciencias Políticas que de las intenciones poéticas, Piti Fernández y compañía echaron mano a su costado más combativa en gran parte de su show. "Por supuesto, Las Pastillas del Abuelo estamos a favor del aborto legal, gratuito y seguro", dijo, pañuelo verde al cuello, antes de una trilogía que sentó la posición del grupo ante la actualidad social: "Gobiernos procaces!" ("Pro k se es", se leía en las pantallas mientras Diego Bozalla colaba versos de "Los salieris de Charly"), "Viles medios" (o cómo hacer canción todos esos especiales de 6-7-8) y "Oportunistas".

Pero claro que hay luz al final del camino. Y entre tanta pálida, el mensaje optimista es el que se impone sobre los bises. "Amar y envejecer" fue evidente desde el título, "Otra vuelta de tuerca" apostó al cariño fraternal ("Tener de amigos a mis hermanos / Tener de hermanos a mi amigos") y "Ojos de dragón" narró el triunfo tanguero de quien es correspondido por ese amor que parecía imposible ("Entonces yo les comento / que vos derrochás dulzura / y ese rasgo en tu hermosura / produce una envidia sana).

Sin discursos grandilocuentes (¿para qué más si todo está en las letras?), Piti Fernández paseó su vibrato melancólico por los claroscuros de la vida cotidiana, en sintonía con el símbolo de Ying Yang que mostraba en su remera. Sea con Titi Lapolla de A.N.I.M.A.L. en "Qué vicios tengo", con Fernando Ruiz Díaz en "Inercia" (que incluyó el arpegio de "Rezo por vos") o con la incursión folklórica en "Perdido (chakarera)", en más de dos horas de show y sin necesidad de recurrir a los hits crossover ("El sensei", "Skalipso"), Las Pastillas del Abuelo condensaron su sonido distintivo, que a veces peca de reincidente, apegados al lema zeppeliniano que dice que "la canción sigue siendo la misma".

Tanto el público como el grupo, que sí conocen el sold out, parecen dispuestos a transitar muchos más estadios con esta fórmula.