18/12/2016

La Beriso en River: todos escuchan tu remera

El rock barrial como punto de partida.

No hay nada que soñar me impida. La canción que abrió el show de La Beriso en el estadio Monumental fue, en sí misma, una declaración de principios. "Cuántas bandas cantan lo que no viven,/ cuántos caretas y giles siguen y siguen", escribió Rolo Sartorio en "Miradas" (Culpable, 2009); la apropiación popular de esa letra había cambiado hace tiempo el final del último verso por "cuántos caretas y giles te llenan River". En la noche del sábado, Sartorio hizo propia la reversión, lanzando una sonrisa inevitable mientras cantaba y empujaba la primera ovación de la noche. "Vamos a despedir un año grandísimo", contaría luego, en su primer monólogo. "Cuando empezamos, hace muchos años, jamás imaginábamos que ustedes nos iban a dar tanto".

Los mejores rocanroles los vi en tu piel. La apuesta estética y rítmica del grupo no es necesariamente austera, pero sí uniforme. Rolo se mueve ocasionalmente a los costados del escenario, las pantallas aportan pequeños detalles de color (imágenes de su paso por el Estadio Único de La Plata, falsos vitraux, cucarachas que se mueven sobre un fondo blanco y negro) y el repertorio elegido para la primera parte del recital ("Otra noche más", "Mi banda de rock", "Mañana", entre otras) se mantiene firme y contundente, con las guitarras al frente. La excitación general, la potencia sonora de esas canciones y los juegos de luces sobre el campo generan una sorprendente sensación de intimidad en el lugar menos esperado.

Sobran los que hablan y hablan sólo por hablar. El fenómeno generado por la banda de Avellaneda es, para muchos, incomprensible. Sin grandes hits radiales que apalanquen una "aprobación pública" de su obra, la lectura típica sobre el grupo se limita a la comparación (inevitable, claro) del timbre de voz del cantante con el de Patricio Santos Fontanet, o a considerarlo una mala fotocopia del legado iniciado por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Negar la pertenencia de La Beriso al subgénero del rock barrial sería cuanto menos naif; su música se escribe, se escucha y se vive en las esquinas de cualquier aglomeración urbana. Sin embargo, el corte multitarget del público que copó River demuestra que el fenómeno no se limita a "lo stone" o "lo ricotero", sino que lo trasciende con creces.

Estamos llenos de historias. Sartorio relee el imaginario antipolítico del post-2001 ("Bailemos sin tener ningún reproche, soñando que no hay gobernantes robando risas de pobres", canta en "Risas de pobre"), toma pinceladas de la melancolía de la música rioplatense ("Por qué parece imposible ser feliz sin tenerte hoy", "Por qué"), construye aguafuertes de la vida cotidiana ("Vámonos a otro lugar / donde la gente de mierda no pueda llegar", "Otro lugar") y habla de amor sin estridencias ("Ahogarme en tu boca fue la trampa más peligrosa", "Venenosa"). En esa variedad radica el éxito de su propuesta.

Me agarrás la mano antes de caer. La intención de sumar invitados "de otros palos", según reconoció el cantante promediando el show, se cumplió con creces. Sin la posibilidad de contar con Andrés Calamaro, que a pesar de haber interpretado "Tres mujeres y ella" en el reciente Pecado capital estaba presentándose al mismo tiempo en el Gran Rex, por el escenario pasaron David Lebón, Luciano Napolitano, Armando Ávila, Néstor Ramljak (Nonpalidece), Cucho Parisi (Los Auténticos Decadentes), Tano Marciello, Walter Giardino y el bajista Stuart Hamm (Joe Satriani). Vistiendo una remera con la cara de Mercedes Sosa, Víctor Heredia cantó a dúo una versión ATP de "Sobreviviendo" -que la banda editó como single en 2015-, recibiendo uno de los mayores aplausos de la velada.

Vuelvo a casa tarde con olor a rock. Sobre el final de la noche, un adolescente logró cruzar el vallado y subirse al escenario. En contra de lo esperable, Rolo lo abraza, lo invita a saludar al público y le pide que vuelva a bajar sin que intervengan los encargados de seguridad. "Lo único que quiere es un abrazo del artista que está tocando y nada más", explica en voz alta. "A ustedes seguramente les costó mucho pagar las entradas, y lo único que merecen es respeto", agrega. Que la primera banda nacional que llega a River en un lustro sea capaz de conservar esa lectura no es poca cosa.