21/03/2022

L-Gante en el Lollapalooza 2022: cumbia ATP

No es la fiesta que te prometí.

L-Gante

L-Gante estaba a cargo de entregar la fiesta no rockera que cerraría el Lollapalooza 2022. Mientras en el escenario vecino acababa de terminar su presentación Babasónicos y, más lejos en el predio del Hipódromo, Foo Fighters todavía entregaba uno de los shows más esperados de todo el festival, la última nueva estrella de la cumbia trastabilló frente a la expectativa. Al final, en lugar de ser una sólida alternativa a los espectáculos de guitarra, terminó haciendo que los miles que se acercaron a verlo repasen lecciones de la escuela primaria a coro.

El comienzo del show reforzó la idea de que el paso del cantante por el escenario Alternativo sería una celebración. Con un DJ y hasta un animador en la antesala, una cuenta regresiva hizo que se alcen miles de celulares para registrar la llegada de L-Gante, que abrió su presentación con “Mi banda encendida” y “Titubeo” -dos de los muchos hits de cuarentena-. Después, recibió a Dillom para “Tinty Nasty” y alcanzó uno de los mejores momentos del show. Hasta ahí, todo era el hedonismo que un público que tomó prestado esperaba: tracks sobre fiestas clandestinas arruinadas por vecinas, oda a la jarra loca y la cultura 420, el encanto natural e innegable de Elián Valenzuela.

Uno pensaría que después de “Tres damajuana' en la pelopincho, una parrilla y chinchu en el quincho” el ánimo de un público sería difícil de pinchar, sin embargo, L-Gante hizo varios méritos en ese sentido. “Esto lo hice para que los chicos estudien”, dijo Valenzuela antes de que el abecedario se empezara a proyectar en la pantalla del escenario. A la par, el cantante comenzó a proyectar fragmentos de un documental sobre su vida que lo mostraron en giras por el interior y en situaciones familiares más íntimas (por ejemplo, entrando a un auto con su novia y su hija, o en escenas de contexto incomprensible acompañado de sus familiares). Nada que quienes lo siguen de cerca no hayan visto en sus redes sociales y nada que quienes lo siguen de lejos hubieran querido ver en este show.

Hacia la mitad del espectáculo, el humo del goce empezó a disiparse lentamente. Lo mismo hizo su audiencia, que comenzó a moverse a otros puntos del predio de forma espontánea. En parte por no entender que el público era uno ajeno al suyo, pero también por entregarse al vicio de contar su propia historia en tiempo real -quizás víctima de toda esa atención que lo paseó por canales de televisión a diestra y siniestra el último año-, L-Gante perdió una oportunidad de convencer a los ajenos y eligió hacer un show pedagógico, incluso algo solemne en sus propios términos.