24/11/2016

Kraftwerk en el Luna Park: vos robot

Recuerdos de un futuro improbable.

"Un robot no podrá dañar a un ser humano ni permitirá,
con su inacción, que un ser humano resulte dañado".
(1º Ley de la Robótica, Isaac Asimov)

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8. Los números verde-matrix se suceden y se vienen encima. De la pantalla al público. En el espacio intermedio no hay un Neo que los contenga, hay cuatro recepcionistas de un call center olvidado en el tiempo que manipulan sus mesas de control. La secuencia numérica, luego, se fracciona a la mitad: 1, 2, 3, 4. Lo que queda al desnudo es el núcleo madre de la música pop del siglo XX: información que se repite, o se modifica, siempre en estructuras tetra. De "la información es poder" a "la información es canción".

La desinformación, de todos modos, es un poder aún más peligroso. Apenas pasadas las 21, Kraftwerk subió al escenario del Luna Park para dar por concluidos aquellos idas y vueltas que pusieron en duda la realización del show por tratarse de una fiesta electrónica. Por si algún desprevenido todavía esperaba una celebración en forma de rave, "Computer World" fulminó todo vestigio festivo con una nueva acumulación de datos: "Interpol y Deutsche Bank / FBI y Scotland Yard", canta (¿canta?) Ralph Hütter para completar el mapa de bits y beats: "Negocios, Números, Dinero, Gente". Lo que musicaliza el guión conspiranoico es una robotización líquida, que suena menos a Apocalipsis que a nostalgia futurista. Realismo romántico, como ellos mismo lo llamaron.

Después de que la tecnodelia de "Home Computer" y la evocativa "Computer Love" completaron el repaso por Computer World (la última obra maestra del grupo, fechada en 1981), llegó el bloque The Man-Machine (1978). Si la del 80 fue la década ganada para los sintetizadores, el final de los 70 fue la dureza de la transición. Primero, la melodía en forma de canon mecanizado que da nombre al disco de aristas rígidas y estética constructivista. Después, "The Model" y "Spacelab", esta última con la geolocalización de las proyecciones haciendo un zoom desde el espacio hasta el Luna Park. Y por último la melancolía de "Neon Lights". "Cuando cae la noche / la ciudad está hecha de luces", canta (¡canta!) Ralph Hütter con sus afectaciones más humanas en una suerte de milonga synthpop. En las visuales 3D, se suceden carteles lumínicos de Mercedez Benz y hoteles ignotos, como si los extremos del consumismo encontraran en las luces de neón un pathos en común.

"Autobahn" reforzó el carácter de folklore urbano de la música de Kratwerk. Entre planos sonoros que entran y salen como manchas impresionistas, Hutter canta sobre "valles anchos" y un "sol que ilumina con sus rayos brillantes". Si los alemanes de posguerra fueron condenados a no merecer un futuro, las autopistas y sus paisajes linderos eran la esperanza de progreso. Para marcar un contrapunto aterrador, las pantallas dieron inicio a una nueva enumeración catastrófica. Chernobyl, Harrisburgh, Sellafield e Hiroshima (y Fukushima, ya que estaban) se sucedían mientras en código morse se remataba: "Radioactividad, está en el aire, para vos y para mí". De fondo, una batería gélida y una melodía desoladora terminaron por convertirse en un pseudo baile siniestro de voces monstruosas.

El segmento Tour De France, una suerte de oda a la energía cinética, no encontró en la repetición a su mejor aliado. Lo que ya había quedado claro en primera instancia se convirtió en redundancia con "Tour De France Ètape 1", "Cronos" y "Tour De France Ètape 2" mientras las proyecciones no hacían mucho por contrarrestar la flaqueza de las composiciones. Pero un nuevo juego de opuestos devolvió la épica moderna. De las bicicletas al movimiento compacto de "Trans-Europe Express" y "Metal on Metal", otra vez el paisaje sonoro se volvió inexpugnable y frágil al mismo tiempo. Antes de los bises, "The Robots" propuso una tregua dance entre hombre y máquina. Mientras las proyecciones marcaban una coreografía cuadro por cuadro, Kraftwerk avisaba: "Estamos programados para hacer sólo lo que vos quieras que hagamos, somos los robots"

Con los cuatro nuevamente sobre sus puestos de control, la despedida fue desde "Aéro Dynamik" a "Music Non Stop" con el cuarteto haciendo breves solos casi como viñetas de subjetivación. En el medio, el paso por "Techno pop" se convirtió en una proclama reveladora en un país donde un género musical está prohibido. "La música ideas portará", dice, casualmente en español, la letra del tema. Porque la música de Kraftwerk puede estar anclada en un tiempo específico y su valor museístico negarle cualquier posibilidad de actualización, pero Hutter pertenece a una generación criada entre los escombros de bombas atómicas a la que se le prometió autos voladores y apenas se la conformó con teléfonos celulares. Hoy, su función parece ser la de recordar que no se puede prometer un futuro idílico cuando el presente es devastador.