01/05/2019

Jungle en el Teatro Vorterix: sangra aunque no parezca

Disco, baby, disco.

Orly Torres / S-Music / Gentileza

Después de tres años, Jungle volvió a Buenos Aires a cosechar lo que había sembrado en sus visitas anteriores. Su debut en Niceto en 2015, su participación en la edición 2016 de Lollapalooza y -principalmente- su último disco, For Ever, hicieron que su público crezca de forma exponencial y el Teatro Vorterix abarrotado de gente dio cuenta de ello.

Con un letrero gigante que decía el nombre del grupo sobre sus cabezas, rodeados de luces y envueltos por mucho humo, los liderados por Tom McFarland y Josh Lloyd-Watson iniciaron la lista de temas con “Smile” y “Heavy, California”, y pintaron su universo de disco-pop brilloso sin fisuras. Y aunque el disco que los tiene de gira puede no ostentar la intensidad bailable de su debut epónimo (2014), Jungle se las ingenió para mantener en vivo ese swing que hace mover los pies, incluso cuando en el recinto parecía no haber lugar para ello.

Jungle

Los relatos de desamores que envuelven el disco fueron dejados de lado sobre el escenario, donde el colectivo inglés pareció no tener lugar para la angustia. "No tengo tiempo para mí / no tenés tiempo para mí / no hay tiempo para mí", cantaron a puro falsetto en “Beat 54 (All Good Now)”, para completar más adelante el panorama desolador en "House in L.A." ("De verdad te importa si me subo a ese avión / así que pedime que me quede / Oh Dios, con la esperanza de que puedas curar mi dolor). Pero todos esos lamentos se quedaron en palabras: el groove incesante de Jungle no se tomó tiempo para transmitir tristeza alguna.

Para los bises, McFarland y compañía volvieron a la carga con los enérgicos “Busy Earnin'” y “Time”, bombo en negras incluido. En poco más de una hora de show, Jungle pudo no haber dejado de desangrar por amores rotos, pero encontró en el baile (propio y ajeno) la mejor forma de curar las heridas.

Jungle