22/10/2017

Julian Casablancas + The Voidz en Vorterix: tomalo o dejalo

El cantante de The Strokes probó con éxito la paciencia de su público.

Cecilia Salas
Julian Casablancas

"Human Sadness", reclaman a los gritos, una y otra vez, los presentes en el Teatro Vorterix. El silencio desde el escenario es la excusa perfecta para que Julian Casablancas deambule de un lado al otro, encontrándose en miradas cómplices con los integrantes de The Voidz. "Hablando de la tristeza humana, qué cagada lo de Santiago", suelta en referencia directa al caso Maldonado, y la ovación baña su figura mientras empieza a sonar esa canción.

Si el concierto de anoche de Julian Casablancas + The Voidz hubiera durado sólo ese momento, habría sido perfecto. Pero estuvo lejos de eso. Desde que arrancó con su proyecto paralelo a The Strokes en 2013, el cantante siempre dejó en claro que le provee una liberación musical para alejarse del clásico sonido rockero de la banda que lo llevó a la fama. Aunque, al verlo en vivo, el fin parece ser otro.

Durante la mitad del concierto -que duró poco más de una hora-, al cantante se lo vio distante, perdido en sí mismo, y hasta aburrido, incluso escapándose del escenario en más de una oportunidad, o simplemente mirando a su banda tocar desde el fondo. Por momentos, todo pareció un intento de probar la elasticidad de su figura por fuera de los Strokes, midiendo el nivel de paciencia que el público le tiene al rockstar. Y, en contra de cualquier pronóstico en un escenario como ese, Casablancas salió airoso en cada situación, recibiendo muestras de afecto continuas.

En una línea similar a la vivida en su primera presentación en el país con esta banda, en Lollapalooza 2014, la elección de Casablancas para su sonido en vivo pareció volver a buscar el caos como característica principal: su voz, apagada y llena de efectos, pocas veces logró superar al bombo de Alex Carapetis o las guitarras de Jeramy "Beardo" Gritter, e incluso quedó en segundo plano ante algunos coros del público. De todas formas, en esta oportunidad hubo una leve mejoría en el sonido de The Voidz, más atinada incluso en el manejo de la audiencia.

El show comenzó mientras la voz Stroke terminaba de comer una frutilla. "Wink", un presunto adelanto de su próximo disco, arrancó sus primeros acordes anticipando lo ya narrado, con un Casablancas forcejeando con los cables de su micrófono, enredo que continuaría durante varios temas. “We’re Where We Were”, "Father Electricity", "M.utually A.ssured D.estruction" y "Aliennation" siguieron sus pasos, antes de darle lugar al pogo de "Where No Eagles Fly", primera conexión real entre público y banda.

El cambio de actitud llegó en "My Friend The Walls", donde el músico aprovechó para responder un grito con un "¿sí?" en español, y acercarse a la gente mientras cantaba recostado en el escenario. "Ustedes son los mejores, muchachos", aclaró en un balbuceo difícil de entender, previo a la nitidez de "Lazy Boy", el momento más Stroke de la noche. "Porque sí, porque no", jugueteó luego, imitando el acento porteño con gran facilidad, y agregó entre risas: "Hoy jugamos un partido de fútbol, México contra la Argentina, y les voy a decir una mentira: ganó la Argentina".

Como para ratificar la sensación de arranque tardío del frontman, sobre el final logró la claridad completa: "Tenemos un par de canciones, capaz ustedes pueden votar que tocamos", comentó más concentrado y aclaró: "Esta es una canción muy linda, no tengo nada en su contra, pero no me gusta cantarla". Acto seguido, en "Instant Crush" (que grabó junto a Daft Punk) la frase "Y nunca volveremos a estar solos" funcionó perfecto para demostrar lo que sucedía en el Teatro Vorterix: a pesar de todo, la comunión entre Casablancas y su público resulta inquebrantable.