04/03/2016

John Cale en el Ópera: elogio de la metamorfosis

El ex The Velvet Underground releyó su pasado con anteojos de hoy.

John Cale sabe de qué se trata. Siempre lo supo. Ese hombre que anoche subió al escenario del Teatro Ópera con saco azul, bermudas negras y zapatillas de lona ha hecho más por el rock que mucho de los que reclaman el trono empoderados en un carisma forjado a fuerza de lugares comunes.

Pero como John Cale no sabe de clichés, no dejó que finalizaran los aplausos de bienvenida para presentar "Time Stands Still", una balada sórdida desarrollada a partir de un magma de oscilaciones que despejó cualquier duda previa: su voz está en gran forma. La versión moderadamente uptempo de "The Endless Plain of Fortune", de Paris 1919 -aquella magistral obra de baroque pop de 1973 que él mismo describió como "la forma más linda de decir algo feo"-, introdujo una pequeña sección de clásicos a la manera de Cale. "If You Were Still Around" tuvo más de la original (Music For A New Societey, 1983) que de la reversión en homenaje a Lou Reed, y "Hemingway" fue el salto al siglo XXI antes del gran momento de la noche: "I’m Waiting for the Man".

Fiel a su ética de la deformidad, el único tema de The Velvet Underground no se salvó de la metamorfosis. Para quien esperaba que Cale haga de rockola humana con la canción grabada en 1967, nada podría haber salido peor. El músico galés de 73 años se calzó el traje de crooner, hizo desaparecer el riff principal y dejó que la batería liderara una estupenda lectura en plan trip hop. Hace años que, felizmente, el galés ya no espera a ese hombre y entonces la historia hoy no amerita la urgencia del rock and roll sino una revisión oscura y apocalíptica desde el presente.

"Ghost Story", de su debut solista, se cargó de cristalizaciones funk. Las guitarras quebradizas a cargo del formidable Dustin Curtis Boyer y los handclappings disparados por el polifuncional Deantony Parks sirveron para vestir con otro ropaje una canción que antecede a ambos recursos. Una vez terminado, Cale sacó a pasear su renguera moderada y se calzó la acústica para jugar al country en "Things" y al protorock en "Catastrofuk". Así llegó el trío a "Buffalo Ballet" y "Fear Is a Man’s Best Friend" (ambos de Fear, 1974), una especie de final anticipado que tuvo a Boyer haciendo gala de todos sus recursos en dosis perfectas (desde Adrian Belew hasta Graham Coxon).

Antes de los bises (que terminó siendo uno solo) Cale volvió a arrastrar su pierna izquierda hasta el centro del escenario para, ahora sí, agarrar la eléctrica y ponerle nervio rockero al cierre en "I Wanna Talk 2 U", "Ship of Fools" y el combinado "Gun / Pablo Picasso", la primera de cosecha propia y la segunda de The Modern Lovers, uno de los tantos grupos que produjo a lo largo de su carrera. Después de poco menos de dos horas de shows, la despedida final fue con la pequeña viñeta "(I Keep a) Close Watch" con Cale solo sobre el escenario.

Más de 15 álbumes como solista, producir a artistas como Patti Smith, The Stooges y Happy Monday, colaborar con Brian Eno y fundar la banda más disruptiva de la historia del rock bien podrían darle a John Cale la espalda suficiente para girar tocando hits en piloto automático, pero lejos de la zona de confort, elige mantenerse por la senda del cambio constante. Tal vez porque de eso se trate hacer música para una nueva sociedad.