30/03/2016

Javiera Mena en Niceto: el cisne rosa

Acá tenés los sintes para la liberación.

El lugar común no siempre es un lugar seguro. Es altamente valorable cuando un artista se plantea derrocar cristalizaciones en pos de su liberación sexual y así alentar la de otros. Un cantante de hip hop, el género cosificador por antonomasia, que se declara gay (Frank Ocean) y un macho latino que hace lo propio (Ricky Martin). Pero cuando el GPS de la geopolítica pop marca a Chile como destino, la pelea es mucho más directa. Y ahí está Javiera Mena, lesbiana declarada, dispuesta a enfatizar todas las homologaciones entre música pop y liberación (homo)sexual.

“Volvimos a este escenario después de 10 años, y seguimos resistiendo”, dijo Javiera Mena anoche en Niceto en medio de su presentación. Resistencia que empezó a dar sus frutos el año pasado cuando la ley de Unión Civil contempló la unión entre personas del mismo sexo en su país natal. Las armas para la revolución que levantó la cantante y tecladista en poco más de una hora de show son bastante conocidas: luces de colores, brillantina, vestuario de tonalidades saturadas y canciones de pura efervescencia electropop.

Si algo cambió en estos 10 años para Javiera desde lo musical, es que definitivamente aprendió a cantar. Aunque se permitió calar algunas notas en el tema con el que abrió (“Hasta la verdad”) como para no olvidar su esencia indie, su voz se escuchó más convincente que en cualquiera de sus discos. Sin mediar palabra, “Otra era” continuó marcando el latido dance mientras las dos bailarinas en el centro del escenario tiraban pasos pixelados de ballet en un homenaje a El Cisne Negro sin pretensiones de refinamiento estilístico.

Después del ensayo de flow en “La joya” y la melodía en plan Jugate Conmigo de “El amanecer”, en “Sincronía, pegaso” Javiera recuperó la imaginaria espacial a partir de una pequeña frase que digitó desde su teclado con la plasticidad de una tía abuela que se sienta por primera vez frente a una computadora y quiere escribir su nombre. Todo lo contrario sucedió cuando se sentó al teclado ubicado al costado del escenario para “Sol de inverno”, con Marina La Grasta, de Ibiza Pareo (el dúp de pop tropical que había tocado minutos antes) como invitada, y a dúo pusieron pausa al clima bailable porque en el boliche también hay tiempo para los lentos.

En un acto de simbolismo fálico con el que Freud se haría una panzada, “Espada” trajo a escena sables de luz estilo Star Wars. “Quiero que tu espada me atraviese solamente a mí / al centro de mí”, cantaba Javiera y las dos bailarinas se hamacaban con el sable entre las piernas (¿girls just wanna have falo?). Una seguidilla de referencias a nuestro único satélite natural marcaron el mejor momento del show: la potente “Luz de piedra de luna” y “Yo no te pido la luna”, la melodía italiana a prueba de todo género que tuvo hasta su versión cumbiera de este lado de la cordillera a cargo de Banda XXI. Para el cierre antes de la selfie de rigor con el público de fondo, “Esa fuerza” y “Al siguiente nivel” transformaron a Niceto en un gimnasio gigante dispuesto para una clase de aerobic.

30 años después de que los Pet Shop Boys y Erasure definieran el sonido de sintetizadores como sinónimo de fiesta gay en sendos discos debuts editados con cuatro meses de diferencia, Javiera Mena no tiene pruritos a la hora de reafirmar esa construcción social sin ir mucho más allá. Ahora que Chile dejó atrás parte de su conservadurismo, habrá que ver si musicalmente ella también está dispuesta, cómo cantó al final de la noche, “a pasar al siguiente nivel”.