12/03/2017

Indio Solari en Olavarría: otra jornada trágica para el rock argentino

Al menos dos personas murieron durante el show del ex Redondos.

Feche Lyon

Al menos dos personas murieron en el show de Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en Olavarría. Y no, no hay recital, artista, canción o pogo que valga más que tu vida ni que la de la persona que tenés al lado. Lo que sigue es un repaso de una jornada que culminó en tragedia y algunos datos sobre el porqué de ese final.

Antes

Tres policías de tránsito intentaban poner orden a una ciudad colapsada desde mucho antes de entrar. La fila de colectivos, combis, autos, camiones y motos ya habían colmado los accesos a Olavarría y, una vez adentro, se amontonaban en busca de un lugar que fuera, al mismo tiempo, cercano a La Colmena -el lugar elegido para el show- y a la salida de la ciudad a la hora del éxodo.

Desde la Terminal de Ómnibus hasta uno de los extremos del predio, la avenida Pringles se convirtió en un corredor que contenía grupos de 20 personas haciendo pogo con algún tema de los Redondos, puestos improvisados donde comprar comida, bebida o merchandising y vendedores de entradas falsas a mitad de precio que la original. “Son re truchas, pero todos sabemos que nadie las mira”, dijo uno de ellos intentando ubicarlas. Apenas un patrullero hacía acto de presencia. En las calles aledañas, gente acampaba en las veredas, los bulevares y al costado de las vías de tren.

Se estima que 300 mil personas asistieron al show, casi tres veces la población de Olavarría. Durante todo el sábado, fue una ciudad tomada por los seguidores del Indio y olvidada por el Estado. Sin baños químicos a la vista -uno podía acceder al baño de una casa de familia por $10 o simplemente hacer sus necesidades en un terreno baldío- ni remises, ni señal de celular, no hubo servicio por colapsar. Aunque se supone que partidos vecinos prestaron efectivos policiales para el operativo, sólo permanecieron en la cercanía del predio.

Durante

Después de bajar por Pringles, la avenida Avellaneda se convertía en el único canal de acceso a La Colmena. Unas 300 mil personas transitaron diez cuadras sin operativo de seguridad a la vista. Recién antes de ingresar, la policía observaba desde un costado del vallado sin realizar cacheo alguno. “Estos pasan todos”, resumió uno de ellos con simplemente mirar un grupo de 11 personas. Otro se limitó a reír y a hacer sonar su bastón contra la calle ante un breve intercambio de palabras entre el personal encargado de permitir el acceso y alguien del público.

Antes del show, la producción había advertido que las entradas no se agotaban. Esto significa que, se vendiera lo que se vendiera, la gente entraba igual, no había límite a la capacidad. Entonces, así fueran 100 mil, 200 mil o 300 mil, todo iba sostenerse con la misma estructura. Una vez en el sector Puertas, sin molinete ni escáner que verificara la autenticidad de las entradas, el personal se limitaba a exigir, ocasionalmente, que los ingresantes llevaran la entrada en la mano. Entradas que tenían distinto diseño, esquema numérico e información dependiendo de dónde las compraras. Así, mientras algunas señalaban un punto de acceso específico de los seis disponibles, otras habilitaban a que entraras por cualquiera de ellos. Nadie nunca verificó eso tampoco.

Pasado “Ropa sucia”, el cuarto tema de la lista, Solari realizó la primera y más larga de varias interrupciones. El incidente, primero atribuido a dos borrachos, luego a un grupo de veinte, se trataba, según el relato del cantante, de pisotones a gente desmayada. “Gracias a Dios y desgraciadamente viene mucha gente”, analizó mientras intentaba calmar las aguas. Cada vez más ofuscado con las agresiones y el hacinamiento sobre la valla, el pedido de “cuidarnos entre nosotros” tenía cada vez menos sentido y coherencia con lo endeble de la organización.

Bengalas, tres tiros, bombas de estruendo y cañitas voladoras se hacían sonar y ver en todos los rincones del predio. Las carpas de socorristas, los baños químicos y el personal de seguridad, no. “A ver si aparecen los bomberos o Defensa Civil”, reclamó también Solari en otra interrupción con su correspondiente amenaza de suspender el show. Amenaza que nunca concretó, incluso cuando el público se había trepado a varias torres de sonido.

Después

“Tal vez sea demasiado prematuro, pero puede que no haya más”, dijo el Indio después de “Esa estrella era mi lujo”. Pero sobre el final, su humor mejoró levemente y terminó agradeciendo la convocatoria para un nuevo show “único en el mundo”.

Sin señalización mediante -sólo un anuncio del punto de encuentro para niños perdidos-, la gran masa de gente se retiró del predio entre apretones y golpes. Un cordón policial estorbaba lo que, a pedido del público, se convirtió en una salida que ayudó a descomprimir la salida. A partir de allí, ni efectivos policiales ni personal de seguridad podían divisarse en los alrededores. Las personas desmayadas o descompuestas tenían que ser socorridas por civiles que lograban hacer lugar a los gritos y gracias a la cooperación mutua. Más de dos horas después de finalizado el show, parte del público aún no había podido salir del predio y mucho menos comunicarse con allegados.