04/07/2016

IKV y Los Brujos en La Plata: acordes en el recuerdo

El Provincia Emergente quedó sumergido en agua.

Secretaria de Cultura de Buenos Aires

Si en la previa el mayor desafío que tenían los Illya Kuryaki & The Valderramas era probar la actualidad de ciertas canciones que normalmente no forman parte de su repertorio, el vivo les planteó una situación aún más problemática: un escenario semi inundado y el público a una distancia demasiado grande. Con la lluvia como factor decisivo, Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur tuvieron a cargo la difícil tarea de cerrar un festival que debió haber sido reprogramado para asegurar un mayor disfrute. Pero las cartas estaban sobre la mesa y en un rincón del Estadio Único de La Plata el dúo dio una (otra) sólida muestra de carácter, de esas que ya nadie le exige.

El comienzo con "Jaguar House" marcó una pequeña sorpresa. Se sabía de antemano que el set estaba enfocado en recorrer Chaco (1995), pero no que los Kuryaki adaptarían la lista a formato recital. En este recorrido en modo aleatorio por el disco que los llevó a los primeros planos y puso a rapear a un país al que el género le era indiferente, temas como "Hombre Blanco" y "Hermana Sista" tuvieron su merecido rescate del olvido. "Hay temas que no tocamos hace un millón de años", dijo Dante en medio del viaje retro a sus propias entrañas.

Pegado a ese derroche de distorsión hormonal y flow rústico, los IKV armaron el segmento desenchufado con las baladas del disco. "Los quiero más cerca", dijo Emmanel tratando de eliminar los metros que separaban al escenario de la gente, aunque fuera de modo simbólico, y a dúo de guitarras acústicas dieron comienzo a "Mitad de la canción del caballo violeta". Spinetta se hizo cargo de "Húmeda" para probar que su veta cancionera puede rastrearse mucho más atrás de lo que suele hacerse, y Horvilleur marcó la transición con "Abismo". El resto de la banda se le unió en el falsete con el que entra al estribillo y se todos quedaron en sus posiciones para la recta final.

Una versión cargada de musculatura de "Chaco" puso a los IKV a desplegar toda su imaginaria salvaje y al público a agitar en consecuencia. "Remisero" tuvo a Fernando Samalea en batería para el momento más alternativo del show. Entre distorsiones salvajes y una de las letras más logradas del álbum ("En el asiento trasero me convierto en eros"), solo quedaba lugar para dedicarle el concierto a Los Brujos y cerrar con "Abarajame". La combinación única de rap-funk, patadas al aire y un pacifismo soberbio ("Yo aspiro a la paz, tu aspiras de la otra") fueron la mejor manera de capear el temporal.

Para Los Brujos, en cambio, el desafío pasaba más por una cuestión interna. A menos de un mes de la muerte de Ricky Rúa, los oriundos de Zona Sur se presentaron por primera vez sin él y una sensación de despedida sobrevoló indefectiblemente todo el repertorio. Desde el video inicial con imágenes del cantante que terminó con la leyenda "Go, Alien, go!", hasta la suelta de globos negros antes de "Gagarín".

Pero el ahora sexteto no transige su estética ni en los momentos más difíciles. Con los bonetes y capas que caracterizan la imagen del grupo desde su regreso, el despliegue físico de cada uno de los integrantes sobre el escenario expulsa las penas al espacio exterior, aunque sea por un rato. "Kanishka" y "Aguaviva" como era de esperar, fueron los temas más festejados del set, pero la nueva etapa de Los Brujos está lejos de ser un ejercicio nostálgico y los elegidos de Pong! ocupan buena parte de la lista. "Gagarín" para despedir a Ricky, "Rolling Stone" para que Alejandro Alaci chapaleara en el sector inundado del escenario y "Beat Hit" para que Gabriel Guerrisi descargara un solo sanguíneo sobre la coda, formaron parte de la misma trama que los clásicos noventosos que los convirtieron en una de las bandas más extravagantes de la escena.