23/09/2021

Hernán Cattáneo en el Gran Rex: en busca del pulso perdido

Psicodelia digital y sintética en la calle Corrientes.

Hernán Cattáneo

Decía John Cage que la música puede prescindir de cualquier cosa menos del ritmo. Y agregaba que el ritmo es la más hospitalaria de todas las estructuras, pues en ella conviven el ruido, el sonido y el silencio. Hay algo primal en el ritmo y algo vital en el pulso. No es novedad. Algo de esa búsqueda de regreso al pulso vital existe en la música electrónica en general y en la de Hernán Cattáneo en particular. Todo se construye a partir de un beat y nada de lo que sobre él se edifique lo va a superar en jerarquía.

Su presentación en el Teatro Gran Rex, promocionada y explicitada como un show de música electrónica EN VIVO, fue una suerte de laboratorio a puertas abiertas: así se cocina el sonido de Hernán Cattáneo. De hecho, lo primero que se vio en la pantalla gigante luego del nombre del ciclo "Future Memories" fueron sus manos sobre la mesa de control. Sus dedos se desplazaban sobre una botonera indescifrable sin parafernalias pero con justeza, como quien acomoda las fichas de dominó que le tocaron en suerte. Aunque "Glide", el tema de inicio, sumó sintetizadores que recordaban al Kraftwerk de Autobahnvale la analogía pero más aún la diferenciación: los alemanes siempre pensaron en formato canción y formato disco, Cattáneo piensa en formato DJ set y formato rave.

Porque incluso en un show en el que no hubo bandejas y sí un tecno trío -fue secundado por Soundexile, o sea Oliverio Sofía y Baunder-, Hernán Cattáneo no deja de ser un músico de progressive house. Su show en el Rex fue una rave acotada en el tiempo: de las cuatro horas en el Campo de Polo pasó a poco menos de dos en el teatro de Corrientes. En esa reducción, el trance por repetición quedó relegado, sí, pero jamás el pulso como sostén sonoro de todo. Las melodías, las armonías y las texturas estuvieron ahí también como siempre en la música de Cattáneo, pero como un entramado que se arma encima del beat con una densidad sónica que les hace tener peso rítmico propio. Todo, hasta la luz, se reduce al pulso.

Con Mariano Mellino en hang drums, la segunda parte del show acentuó la búsqueda por reconectar con el ritmo como instancia primitiva de la música. En esa psicodelia digital y sintética, la electrónica, aunque se la acuse de inhumana, exalta una premisa que se repite en muchos DJs: mostrar el encuentro entre personas y tecnología no como una tensión sino como solidaridad. "Lotus" y "Soulfire" ganaron contextura tribal y debajo del escenario se desató el baile. Recuperar el pulso en tiempos de post cuarentena tendrá también que ver con romper con la quietud del cuerpo, esa primera burbuja.

El segmento final antes de los bises, que incluyó a Folgar en batería y Paula Os en voz, fue el de más tracción a sangre. Y así lo reforzaron las imágenes de animales (peces, búhos, tigres, elefantes y jirafas en planos detalles de altísima definición) en lo que fue el momento de mayor impacto visual de la noche. Una buena parte del público parado bailando, otra buena parte sentado en las butacas contemplando: música para pastillas y música para las sillas.

Un sampleo a declaraciones de Gustavo Cerati en el que hablaba de la importancia de pensar el aquí y ahora dio comienzo a los bises. Como una despedida circular, las mismas letras en sepia que habían iniciado el show tomaron las pantallas para repetir el nombre el concepto del show "Future Memories". Con "Wind Down" a modo de outro, la música se de desaceleró, pero no se desintegró. Al menos hasta el saludo final de todos los músicos en escena. Tal como la vida en cuarentena, que haya bajado el ritmo no quiere decir que haya dejado de existir. Es el pulso el que sostiene todo incluso cuando se lo escucha crepitar como hojas secas que se prenden fuego. La música de Hernán Cattáneo no desmaterializa: rematerializa.