10/06/2018

Halsey en el Gran Rex: brillantina y después

Susurros, afectaciones y bailes de una joven que ya vivió demasiado.

Trigo Gerardi / Gentileza
Halsey

“Es increíble ver cómo crecimos juntos”, dice Halsey con la emoción de una estrella pop que vivió demasiado. Apenas tiene 23 años y ya editó dos discos de éxito internacional, fue diagnosticada con desorden bipolar luego de que intentara suicidarse a los 17, es activista de la comunidad LGBT, confesó haber sufrido un aborto espontáneo en pleno show, cambió su look en reiteradas ocasiones y está en pareja con el rapero G-Eazy. Se sabe, cada año en el star system vale por siete, como en la vida de un perro.

Pero sobrevivir también se festeja. Y así se movieron anoche en el Gran Rex las canciones de la artista nacida en New Jersey, entre el tono confesional y la inyección EDM para bailar en una rave trasnochada. Con una puesta que prescindió de las visuales pero que no escatimó en humo, Halsey puso primera con “Eyes Closed”, una canción con beat interruptus incluida en Hopless Fountain Kingdom (2017), el disco en clave shakespereina que se encuentra presentando.

A partir de ahí, Halsey coqueteó con el soul (“Alone”), el hip hop (“Him & I”) y la balada-estilo-Disney (en la versión acústica de “Closer”, de The Chainsmokers), pero siempre anclada en el electropop, el género que domina con capacidad y carisma. Detrás de ella, en los rincones que apenas dejaba libres la escalinata que atravesaba el escenario de lado a lado, un baterista y un tecladista completaban el cuadro disparando todo su arsenal de sonidos expansivos. Halsey, de pantalones y top plateado pero ya sin brillantina, se repartía entre congelarse en movimientos felinos, compartir coreografía con una bailarina ocasional y hasta invitar a Lauren Jauregui (la ex Fifth Harmony que había hecho las veces de telonera) para “Strangers”.

“Bueno, es tan importante que no quiere empezar”, comentó Halsey entre risas cuando, justo después de un discurso solemne sobre lo significativo que fue el tema “Ghost” para su carrera, la pista se negara a comenzar. Y el desperfecto técnico que la obligó a salirse del guión mostró el potencial de la ahora rubia platinada, en el momento en el que el show se volvía monótono. A la versión obligadamente a capella del tema de su primer EP (Room 93, de 2015) le siguieron “100 Letters” y “Drive”, dos incursiones en el dark wave que, junto con “Young God”, la tuvieron haciendo gala del susurro de largo aliento que más (y mejor) la acerca a Lorde.

Para el final encapuchada en buzo negro, la cantante nacida como Ashley Nicolette Frangipane salió con actitud rapera a dar sus golpes más efectivos con “Gasoline” y “Hurricane”. Sin un despliegue vocal del estilo de pares como Ariana Grande pero con mayor sentido melódico, Halsey dejó en claro por qué su futuro es aún más promisorio que este presente ya exitoso. Dosificar los sentimentalismos, que la llevaron a hablar de lo mucho que le gustaba la comida argentina con la misma afectación con la que levantó el pañuelo verde y la bandera LGBT, parece ser el próximo desafío para Halsey. El tiempo y el sonido están de su lado.