16/06/2017

Gustavo Cordera en La Trastienda: soy mi soberano

El ex Bersuit sigue más cerca de la autoindulgencia que de la contrición.

gustavo cordera

"Gracias por la valentía, acá estoy para poner el pecho", exclamó Gustavo Cordera al terminar su show del jueves por la noche en La Trastienda, que ofició de presentación de su álbum Tecnoanimal (2016) pero, fundamentalmente, significó su regreso a los escenarios porteños tras el escándalo por sus declaraciones en una escuela de periodismo. "Aguanten todos ustedes, que se la rebancaron durante estos nueve meses. Los amo", agregó, con la mirada firme sobre el núcleo duro de fans que ocupaba el campo.

Apenas tres horas antes, no eran pocos los que creían que aquello de "poner el pecho" iba a tener que ponerse en práctica en sentido literal. Un vallado que rodeó el ingreso a Balcarce 460, una presencia policial profusa pero pretendidamente discreta en los alrededores y un puñado de móviles de televisión apostados en la entrada daban cuenta de un temor a que se produzcan incidentes con las activistas que habían reclamado el sábado, durante el show de Utopians, la cancelación de las dos fechas programadas por el ex Bersuit Vergarabat.

La ausencia absoluta de manifestantes en la puerta, un "milagro" que sorprendió a propios y extraños, no eliminó por completo la tensión hasta después de iniciado el recital. Munidos de túnicas negras, con las que simulaban un atuendo de verdugos, Cordera y su banda -Leandro Perdomo, Chacho Píriz, Pepe Oregioni, Emiliano Pérez Saavedra, Schubert Rodríguez y Stella Céspedes- subieron a escena y parecieron mantener un cierto nerviosismo durante los primeros minutos, sensación que se disipó a medida que el público demostraba reaccionar favorablemente.

El show, de casi tres horas de duración, apenas bordeó la discografía previa del cantante y se centró en las canciones de Tecnoanimal, que tiene en la ecléctica "El impenetrable" su momento artístico más atractivo. Sin embargo, el punto de quiebre se dio con "Muero por esa nena", una cumbia escrita meses antes de su charla en TEA Arte y cuya letra no exige mayor análisis: "Ya con algunos tragos, me dio por encarar / me contestó sonriendo, “sos como mi papá” / Sigo para adelante o vuelvo para atrás, / si es de dios el regalo, no lo voy a rechazar". "Esta es una historia ficticia -se atajó, antes de empezar a cantar- pero que puede ser real".

Ese juego cómplice con su "círculo íntimo" de seguidores fue el que le permitió no sólo eludir una potencial declaración de arrepentimiento por sus dichos, sino también mantener algunos de sus rituales tradicionales. Tras interpretar dos canciones de Bersuit ("El baile de la gambeta" y "Un pacto"), Cordera subió a un grupo compacto de fanáticas al escenario para bailar a su alrededor y acariciarlo mientras cantaba "La bomba loca", una práctica que fuera de su zona de confort (en un festival, por caso) hubiera sido leída como una provocación.

El concepto de "verdugos" fue retomado en el cierre, con un cuplé interpretado por la murga La Clave, de San Carlos -un pueblo cercano a La Paloma, la localidad uruguaya en donde Cordera está radicado-, en el que se acusa a quienes "te empujan la silla si tenés la soga al cuello". Los invitados funcionaron como antesala de "Creencias", un tema inédito en el que el cantante se refirió elípticamente, una vez más, a su situación personal. "Quieren hacer sentir miedo para podernos robar / primero lo que tenemos, después la libertad / Y que seamos cobardes para después callar", reza la letra, dejando en claro que su estrategia pública está más cerca de la autoindulgencia que de la contrición.