11/11/2018

Gus Dapperton y Connan Mockasin en el Personal Fest: vintage moderno

El indie sabe jugar de local.

Connan Mockasin

Sin temor al rigor que impone la lógica de los festivales, Connan Mockasin y su banda dejaron fluir su set del Personal Fest 2018 como si fuera guiado por un flujo de conciencia.

La lisergia vaporosa de “Faking”, llena de ritmos cansinos, guitarras sumidas en eco y balbuceos vocales hizo que el neozelandés y sus músicos sonasen como una orquesta élfica hecha con una impresora 3D. De ahí en más, se estableció la única dinámica de su show: a cada canción le correspondió un pasaje instrumental con vuelo propio.

“Why Are You Crying?”, de Caramel (2013), puso a Mockasin al frente de una balada blusera alimentada con drogas de diseño, y poco después “Forever Dolphin Love”, del disco homónimo de 2011, fue otra dosis de psicodelia suave que encontró su desembocadura en una zapada liberadora. “Nos quedan siete minutos”, dijo Connan Mockasin mientras él y sus músicos repasaban qué hacer. Un amague con “I Will Always Love You”, de Whitney Houston, prometía desconcierto sobre el cierre, pero todo encontró su forma con “I’m The Man, That Will Find You” y sus aires de soul alimentado con THC.

Mientras sus compañeros de banda bailan, Gus Dapperton flamea. Lánguido y de brazos extensos, se mueve como si un muñeco inflable de lavadero de autos estuviese intentando atrapar el beat de sus canciones de indie pop. De fondo, la señal de ajuste queda plantada menos como gesto vintage que por su impacto visual: el universo del joven de Michigan es uno de colores saturados.

“Gracias por tenernos acá con ustedes”, dijo con dicción de dormido, como si su pantalón a cuadros y su remerón fueran efectivamente su pijama.

Pero sus canciones, muchas veces sostenidas por los teclados de su hermana Amadelle, no tienen nada de onírico ni de cansino: más bien todo lo contrario. “I’m Just Snacking!” y “Of Lacking Spectacle” se construyeron, entre guitarras escuálidas y grooves simples, como pequeños hits para la era emoji. Modernos y de nicho, todo eso que definió la identidad del Personal Fest en sus horas más tempranas.