17/04/2016

Guns N' Roses en Coachella: una noche histórica

Los forajidos arrasaron en el festival californiano, con Angus Young como sorpresa.

Misha Vladimirskiy / Courtesy of Coachella

Guns N’ Roses cerró la segunda jornada del festival de Coachella con un show que será una bisagra en su carrera. Ni el más acérrimo fan imaginó que anoche, a más de 30 años de su formación y con todos sus vaivenes como banda, Axl Rose, Slash y Duff McKagan tendrían una noche consagratoria. Este festival es el más importante de Estados Unidos, el más convocante y el que acapara mayor cantidad de miradas, y en semejante contexto la banda entregó una performance histórica, con un invitado inesperado: Angus Young.

El show estaba pautado para las 22:30, hora del oeste de Estados Unidos, y apenas pasaron unos diez minutos de ese horario en la penumbra se vio a la banda tomar posiciones. Aquellas esperas eternas hasta que Axl se subiera al escenario parecieron haber quedado en el pasado. En silla de ruedas (se fracturó el pié en el show sorpresa que el grupo dio en Los Angeles el 1° de abril), el cantante se acercó hasta el trono que le prestó Dave Grohl. A diferencia de cuando tocaron una semana antes en Las Vegas, ahora el sillón estaba tuneado con diapasones de guitarras de salían de los costados, cual espadas de Games Of Thrones, tenía graffiteado "G n' R" donde antes estaba el logo de Foo Figthers, y permitía un movimiento hacia atrás y adelante para que no quedara tan estático .

El arranque con "It’s So Easy", "Mr Brownstone" y "Chinese Democracy" fue rabioso. Pero ni siquiera hicieron falta esos temas inciales para el que grupo se acomodara con el sonido. Guns N’ Roses versión 2016 suena brutal, avasallante y con la cuota necesaria de suciedad para un grupo de su estilo. Recién en "Welcome To The Jungle", con el obligado "you know where you are, Coachella?", las más de 100 mil personas parecieron despertar para acompañar a puro grito uno de los estribillos más populares en la historia del rock. El grupo aceleró con "Double Talkin Jive" y bajó dos cambios con "Estranged". Furia, desenfreno y fuego en "Live And Let Die" y pecaminosa seducción con "Rocket Queen" matizada con strippers acariciándose en el fondo incluidas.

Luego de la furiosa “You Could Be Mine”, con poco menos de la mitad del show transcurrido, estaba claro que hacía años (muchos) que a Axl no se lo escuchaba así. Será por la comodidad que le da estar sentado o el empeño en demostrar que le queda cuerda por muchos años, pero sostiene notas por encima de lo imaginado y volvió a emitir esos alaridos largos que llegan hasta la médula. Tanto es así que el grupo se animó a "Coma", de Use Your Illusion I, una de sus canciones más extensas y exigentes, y ni siquiera trastabilló con "This I Love", tema de Chinese Democracy en el que la voz es prácticamente el principal sostén. Duff tuvo su momento en "Attitude" (de Misfits) con introducción de "You Can’t Put Your Arms in a Memory" (Johnny Thunders), y Slash el suyo en su clásico solo de El Padrino.

Llegó el turno de "Sweet Child O’Mine" y todo Coachella terminó de caer rendido a los pies del grupo, que ya disfrutaba esa victoria anticipada. A los músicos se los veía felices, al punto que Duff se paró a un costado en pleno estribillo para disfrutar ese momento con sus hijas adolescentes, que saltaban como locas. Seguramente nunca habían visto a su padre interpretando junto a sus viejos compañeros de ruta las canciones que hicieron de Guns N’ Roses la banda que es. Ni ellas ni la mayoría del público de Coachella, que promediaba los 25 años. Porque en sus peleas internas, parates -y lo que vaya a saber uno qué sucedía en el universo de Axl Rose-, esos tres tipos dejaron de subirse juntos a un escenario durante 23 años. Todo agrandó una leyenda que, anoche en el desierto de Indio, justificó sus antecedentes.

Tras "Better", uno de los puntos más altos de Chinese Democracy, ahora en versión más Slash y con nueva intro, y la contundente "Civil War", llegó la gran sorpresa de la noche. "Les pido disculpas por no poder hacer lo mío", había dicho Axl un rato antes. Entonces repitió sus palabras y agregó "por eso trajimos de invitado a una persona que va a correr por todo el escenario, el señor Angus Young". El guitarrista de AC/DC, enfundado en su trajecito escolar azul de pana, salió como el guitarrista endiablado que es para que se comenzara a escribir una nueva página en el imaginario capítulo de Grandes Encuentros en la Historia del Rock". Asesina versión de "Whole Lotta Rosie" para pegar "Riff Raff", ambas de la banda australiana, en lo que será lo más recordado y trascendente de todo Coachella 2016.

Axl cantó con la fuerza que necesitan los temas de AC/DC, mientras miraba embelesado al pequeño demonio que pasaba como un torbellino delante suyo disparando riffs. El resto del grupo acompañó a la perfección y valió fantasear con que la dupla Slash y Angus vuelva a repetirse. Horas antes, AC/DC había confirmado a Axl como el cantante que reemplazará a Brian Johnson en las fechas que al grupo le restan por Estados Unidos. Entonces, el cruce en Coachella pareció un ensayo en público y la mejor publicidad para la noticia del día.

Tras ese mazazo, la recta final fue con "November Rain", "Knockin on Heaven’s Door" y "Nightrain". Volvieron para los bises con "Patience", el cover de The Who "The Seeker" y el cierre clásico con "Paradise City". Casi dos horas y media de show bastaron para que Guns N’ Roses ubique otra vez su nombre en lo más alto al igual que en los primeros años de los 90, cuando su impacto fue tal que le valió para poder separarse, sacar discos casi solistas, tambalear, dejar que pasaran más de dos décadas, y volver como si nada de eso hubiera pasado y que ni preocupe quiénes acompañan a Axl, Slash y Duff. Ha vuelto Guns N’ Roses y el mundo de rock no puede estar más exultante.