31/03/2019

Greta Van Fleet y Snow Patrol en Lollapalooza: guitarras al atardecer

Revisionismo histórico y épica melancólica en San Isidro.

Greta Van Fleet

Los integrantes de Greta Van Fleet apenas pasan los 20 años y ya hace 50 que dejaron de ser novedad. Desde que Led Zeppelin sacó su primer disco de estudio en enero de 1969, para ser exactos. Sin embargo, y a su manera, se distinguen en esta edición de Lollapalooza: son la única banda de rock clásico en la grilla.

Como una pieza de museo perfectamente conservada, la ejecución de los temas es impecable. Desde el inicio con “The Cold Wing”, el cuarteto liderado por Josh Kiszka consolidó un perfecto ejercicio de rock and roll setentoso: riffs de ascendencia blusera, baterías galopantes y agudos imposibles. Todo sin concesión ni actualización alguna.

Debajo del escenario, una gran cantidad de espectadores se desgarraban las gargantas cantando: “Olé, olé, olé, Greta, Greta”. Es que el público se renueva, como repite la señora de los almuerzos cuya forma de pensar atrasa más que Greta Van Fleet.

El haber estado siete años en hibernación parecía justificar que Snow Patrol estuviese relegado al segundo escenario, después de La Mona Jiménez, que ostentó credencial de localía, y antes de Greta Van Fleet, a quienes doblan en edad. Sin embargo, al no superponerse con el tablado principal ni el alternativo, el espacio en la grilla terminó jugándole a favor a la banda. Con una concurrencia para nada despreciable en su franja horaria, generaron una sonrisa indisimulable en el rostro de Gary Lightbody a la altura del primer estribillo de “Take Back the City”, encargada de abrir su set.

“Chocolate”, de Final Straw, y “Crack the Shutters”, de A Hundred Million Suns, sentaron las bases de gran parte de su show, y también de su repertorio: la delgada línea entre la balada y la épica de estadios que Coldplay terminó convirtiendo en escuela al poco tiempo.

Con “Heal Me” y “Empress”, Snow Patrol cumplió con el requisito de repasar las canciones de su primer disco en siete años, ambas con más ambición de pista de baile que melancolía, algo que las hermanó con “Called Out in the Dark”. Sin ataduras sentimentales, “You’re All I Have” prometió nervio rockero, con tres guitarras al frente, pero la calma duró poco: “Chasing Cars” volvió a poner al (exceso de) sentimentalismo en el papel protagónico. Cuando “Just Say Yes” parecía asegurar un giro pop purista, era la hora del final.