11/11/2017

Green Day en Vélez: en las buenas y en las malas

El trío punk pop jugó de local a fuerza de canciones y gestos grandilocuentes.

Green Day

"Esta es nuestra casa. Ya no somos Green Day de California sino de la Argentina", afirmó en un punto del show Billie Joe Armstrong, cantante y líder indiscutido de la banda. No es que la frase en sí escape a las convenciones de la presentación en vivo del rock (ponerse la camiseta de todos los países del mundo, figurativa pero incluso literalmente, es una de las primeras lecciones del manual), pero tales gestos grandilocuentes, repetidos a lo largo de las casi tres horas del recital, indicaban algo. Los ídolos del pop-punk no salían a la cancha con timidez, a ganarse al público. La batalla estaba decidida de antemano: eran los reyes por un día y sabían que podían pasearse con seguridad por terreno ya conquistado.

Porque si de algo no se puede acusar al público de Green Day en general (y por ende también al argentino) es de no ser fiel, y de no estar en las buenas y en las malas. Y el trío atravesó ambas, por cierto. Así como en American Idiot (2004) probaron que una banda punk pop haciendo un disco conceptual sobre la TV basura y los males de la sociedad capitalista (con canciones divididas en subtemas al estilo prog rock) no era algo tan irrisorio, en el siguiente 21st Century Breakdown (2009) cayeron en el costado más denso de la ópera rock. Y si el triplete de rock adolescente de Dookie (1994), Insomniac (1995), nimrod. (1997) marcó la década de los 90 para todo aquel joven de edad o alma, la trilogía ¡Uno!¡Dos!¡Tré!, editada en un mismo año (2012), tiene las marcas de una banda a la que el material verdaderamente bueno ya no le sale con tanta facilidad.

De poca importancia era entonces que Revolution Radio (2016), disco que da nombre a la gira, caiga más en la bolsa de los "no tan buenos" que del de los ganadores: se trataba meramente de la excusa para ver en acción y en su juego a una banda que se conoce todos los trucos de la presentación rock masiva. ¿La clave? Una fórmula que el grupo mismo parece reconocer en la decisión de arrancar los shows con "Blitzkrieg Bop" de los Ramones y "Bohemian Rhapsody" de Queen sonando en los parlantes, mientras se prepara para salir al escenario. A saber: mezclar la visceralidad y energía punk de los primeros con el manejo de escena y grandilocuencia de rock de estadios de los segundos. Rápido y frenético, pero con un pie en lo épico.

Y se preocuparon en mostrarlo en altas dosis desde los primeros acordes de "Know Your Enemy", con fuegos artificiales, un chico del público subiendo al escenario y espacio para que el coro masivo . "Esta es una noche de amistad y buena energía para todos los freaks y raros. Se trata de amor, pasión y locura", dijo en uno de sus múltiples arrebatos de verborragia Armstrong, quien parece tener showman escrito en el ADN. Por eso, cuando en "Boulevard of Broken Dreams" -una de las mejores baladas escritas por la banda- le pidió a todo el mundo que encendieran los celulares, el maremoto de lucecitas blancas demostró que nadie se le podía resistir.

Tampoco se podía decirle que no a los arrebatos más intensos de la velada, siempre fogueados por la eterna adolescencia de Green Day. Pruebas fieles de lo explosivo que puede llegar a ser el material en vivo incluyeron "King for a Day" (y su irresistible juego de llamado-respuesta en el estribillo), o los constantes viajes al pasado de la banda en temas como "Armatage Shanks", "F.O.D." y "Scattered (de InsomniacDookie y nimrod. respectivamente). Y en medio, los gestos de rock de estadio ya mencionados, que si bien contaron con el grado de convencimiento necesario para que funcionaran, a la larga llegaron a resultar cansadores. Para jugar con amigos: abran una presentación en vivo de la gira en Youtube y tomen un trago cada vez que Armstrong agarra una bandera del país de turno, pide al público que haga palmas, o recuerda que el público es el mejor que ha visto... Van a terminar muy borrachos.

En su justa medida, semejante demagogia resulta hasta simpática, pero cuando cada tema incluye una pausa para que el público cante o para que Billy Joe dé un discurso, se está ante una de las pocas manchas en un show que, por lo demás, dejó la vara muy alta. Por eso fue que se agradeció que para "When I Come Around" y "Basket Case", puntos altos indiscutibles, no hubieran pausas innecesarias: cuando van al punto de la cuestión y sin rodeos, el material gana y todo cobra sentido.

Eso sucedió incluso en los bises, en una de las postales más bellas de la noche. Como todo fanático de rock sabe, las bandas reservan para el final sus mejores golpes: después de todo, son los que nos van a quedar más frescos en la memoria a la salida del espectáculo. Para esta gira, el honor lo ocupa "Good Riddance (Time of your Life)", la icónica balada que hasta llegó a musicalizar una serie tan reacia al sentimentalismo como lo fue Seinfeld, acústica y desnuda en su belleza. Pero que Green Day tenga al menos otra decena de canciones igualmente apropiadas para ganarse al público de esa manera tan especial, es algo de lo que cualquier grupo debería sentirse orgulloso.