01/03/2020

“Gracias Totales - Soda Stereo” en Bogotá: brillante truco de apariencias

Pantallas de un mundo nuevo.

Germán Sáez / Gentileza
Charly Alberti Zeta Bosio

[Desde Bogotá] En un plano subjetivo, una cámara recorre una habitación plagada de recuerdos de una adolescencia en los 80, hasta encontrar un VHS oportunamente rotulado “Soda”. Tras apretar el botón de play, clips de archivo de Soda Stereo se reproducen en alta definición en la monstruosa pantalla que se extiende a lo ancho del estadio El Campín. Y justo antes de que la nostalgia amenazase con dominar lo que vendría a continuación, la señal de fast forward acelera la imagen con una intención simbólica clara para definir el espíritu de Gracias Totales - Soda Stereo: una celebración del pasado ejecutada en tiempo presente.

Más cercano a un show multimedia que a un recital en términos convencionales, el espectáculo con el que Charly Alberti y Zeta Bosio homenajean a su propia historia tiene el objetivo de convertir las ausencias en presencias. Y valga la aclaración del plural, porque si bien la más evidente y notoria es la de Gustavo Cerati, está también un elenco rotativo de vocalistas invitados que participa de forma real o en video, dependiendo de cada parada del tour. A medida que transcurre el show, esa dinámica audiovisual se naturaliza porque son las canciones las que tienen el protagonismo. 

Como un guiño a la propia historia de Soda Stereo y también a los 400 metros cuadrados encargados de bombardear con imágenes cada canción, “Sobredosis de T.V.” fue el punto de partida, con la voz y la guitarra de Cerati como carta de presentación de una propuesta que el público entero aceptó con naturalidad de entrada. Después de un video de archivo del trío navegando por el Central Park en 1988, Richard Coleman tomó la posta en “Hombre al agua”, una sucesión lógica no sólo por su afinidad con su socio creativo, sino también como presentación del tándem guitarrero en el que lo acompaña Roly Ureta (reemplazante de Cerati en Fricción, nada menos), que encaró gran parte de los solos de la noche, siempre con precisión quirúrgica.

Con imágenes de ondas de audio en expansión constante, “Disco eterno” puso al mexicano León Larregui a cargo de la voz, y el frontman de Zoé hizo propia la canción de Sueño Stereo, como si hubiera formado parte de su propio repertorio durante años. Acto seguido, “El rito” incluyó al primer invitado virtual: Álvaro Henríquez, líder de Los Tres. Y aunque el el músico chileno pareció ser un desconocido para el público bogotano (algo que también pasó con algunos representantes argentinos), la respuesta de la audiencia ante una de las canciones más ajustadas de Signos confirmó lo que Alberti y Bosio transmitieron al anunciar este proyecto: el protagonismo está en las canciones de Soda Stereo, no en quienes las interpretan. 

De manera presencial, Rubén Albarrán subió al escenario para una lectura eufórica de “Lo que sangra (La cúpula)” durante la que ninguno de los integrantes de la banda podía disimular su cara de goce, con un agradecimiento a Bosio y Alberti y también a Cerati por parte del vocalista de Café Tacvba. Mientras una parrilla de luces descendía en cámara lenta como un ovni recubierto de estrobos azules, la voz y la imagen de Julieta Venegas acompañaron virtualmente una interpretación de “Signos” ornamentada por la guitarra de Ureta primero, y después por los teclados de Zorrito Von Quintiero, una presencia que confirmó el espíritu de cofradía y familiaridad con el que se buscó encarar el proyecto. Prácticamente desconocido en suelo colombiano, Walas sumó su aporte desde las pantallas en “Juegos de seducción” ataviado con galera, tapado y los ojos delineados, como un Alice Cooper skater en pleno flash de pepa. También de manera virtual, Benito Cerati se adueñó del formato audiovisual en “Zoom”, no sólo por su interpretación vocal y su baile quebradizo, sino también por reformular el histórico video de la canción, ahora con imágenes de parejas sin distinción de género. 

Poco después, Adrián Dárgelos tomó el escenario por asalto en una interpretación de “Trátame suavemente” en la que entró a escena cabizbajo y misterioso y fue soltando su expresión de a poco hasta terminar parado sobre la tarima de la batería de Alberti. “Gracias Soda por una eternidad juntos”, dijo el vocalista de Babasónicos como despedida, y la frase dio pie a “En la ciudad de la furia", en la que la voz de Cerati volvió a ser protagonista mientras de fondo la pantalla replicaba tomas aéreas en blanco y negro de Buenos Aires, como si el hombre alado de la letra sobrevolase la ciudad tres décadas después. Con imágenes de una tormenta eléctrica de fondo, “En remolinos” fue uno de los momentos más intensos de la noche, con una pared de ruido comandada por Coleman, y con Draco Rosa aportando un tono oscuro y épico a la canción de Dynamo. 

A pesar de ostentar una envidiable localía, Andrea Echeverri atravesó “Pasos” con dificultad. La cantante de Aterciopelados pareció no poder encontrar el registro adecuado para la canción, lo opuesto a lo que ocurrió después con Gustavo Santaolalla, que aún en video convirtió a “Cuando pase el temblor” en uno de los momentos más altos del show. Con una barba frondosa y un charango en sus brazos, el productor que se encargó de cruzar al rock con la cultura latinoamericana pareció la elección más acertada para esa suerte de carnavalito dark, y su interpretación dejó el ambiente preparado para la descarga emocional que seguiría a continuación, luego de que los músicos invitados dejasen solos a Alberti y Bosio.

En medio de la penumbra, la guitarra de Cerati comenzó a sonar con los primeros acordes de “Fue”, y su imagen apareció en pantallas al momento de empezar a cantar. Una vez que bajo y batería se incorporaron a la canción, lo más cercano a una reunión de Soda Stereo fue posible, con los tres compartiendo espacio y gran parte del público incapaz de contener las lágrimas. A mitad de la canción, un haz de luz sobre cada músico como único recurso escénico sirvió para remarcar la ausencia, con Alberti y Bosio solos y diminutos en el medio de la inmensidad del escenario. 

Ya con todos los músicos de regreso, en “Un millón de años luz”,  Mon Laferte inoculó una cuota considerable de energía al tema de Canción animal. Desde el lateral izquierdo, Simón Bosio, que se había cargado varias de las guitarras acústicas del show, se calzó una Stratocaster negra para hacerse cargo de todas las partes principales de la canción con notable talento y sin ostentación de apellido. De vuelta en video, “Persiana americana” mantuvo la ebullición con un Fernando Ruiz Díaz medido y sin florituras vocales. Como cierre formal, “Prófugos” funcionó por su propio contenido y no por el aporte desangelado desde las pantallas de Juanes.

En los bises, “Primavera 0” volvió a reunir a los tres Soda Stereo, esta vez con menos sorpresa aunque con una cuota más de vigor gracias al pulso alternativo de la canción y la pared sónica de las pistas de las guitarras que Cerati grabó en estudio. El final real, tan previsible como esperado, fue con “De música ligera”, a cargo (virtualmente) de Chris Martin. En un español bastante logrado, el vocalista de Coldplay confirmó por enésima vez la idea de que el repertorio es más importante que quien lo interpreta, y la presencia de un artista anglosajón no se antepuso a la ejecución del tema. Una vez terminado todo, Alberti, Bosio y sus acompañantes saludaron en silencio y con los brazos en alto, con la satisfacción de volver sobre el pasado sin nostalgia.