15/05/2018

Gang of Four en Niceto: el baile del Movimiento

Post punk, militancia y supervivencia.

Gang of Four

Con una luz cenital sobre su cabeza, Andy Gill encarnó una metáfora de su derrotero al frente de Gang of Four. Solo en el escenario, el también único integrante estable de la banda en más de 40 años de carrera, alzó su guitarra y comandó una sesión miniatura de ruido blanco, que culminó con su instrumento aterrizando de cabeza en los monitores de retorno. Justo cuando los acoples comenzaron a escalar los límites de tolerancia, los músicos que lo acompañan en esta encarnación del grupo tomaron por asalto “(Love Like) Anthrax” en una versión entrecortada y ruidosa, casi una declaración de principios del presente de la banda de Leeds.

La versión 2018 de Gang of Four es más punk que post en lo musical. Al menos eso dejó entrever la lectura caótica de “Where the Nightingale Sings”, timoneada por el bajista Thomas McNeice, y una versión de “Not Great Men” que resignó groove para sumar agresividad, con el cantante John Sterry paseándose inexplicablemente entre los tres micrófonos dispuestos en el escenario, un yeite que convertiría en constante a lo largo de la noche. Casi en continuado, la flamante “Ivanka (Things You Can’t Have)”, con su guitarra tremolada y su marcha de gigante, funcionó de hilo conductor del aquí y ahora del grupo, a tono con el pulso oscuro de “Do As I Say”.

La base programada de “Isle of Dogs” prometió llevar las cosas a un terreno distinto, algo que ocurrió por otros medios, cuando “I Parade Myself” apeló a una linealidad rockera que chocó de bruces con el dub espeso de “Paralysed”, con Gill haciéndose cargo de la voz líder con un spoken word de tintes macabros. De a poco, el pulso bailable asomó la nariz en “What We All Want”, con Sterry agitando unas maracas en actitud mitad raver, mitad presidente de centro de estudiantes, y la cosa quedó algo trunca cuando una serie de acoples involuntarios le aguaron la fiesta a “Natural’s Not In It”. 

 Sobre la recta final, Gang of Four apeló a su costado más político sin solución de continuidad. “Lucky” y “Damaged Goods” pusieron sobre la mesa ritmo y militancia política, como si Alex Kapranos pisase la pista de baile con el Manifiesto Comunista bajo el brazo. La reivindicación de su discurso cobró más fuerza aún en “Why Theory?” y su explicación del efecto mariposa ideológico (“La gente tiene sus opiniones, ¿de dónde vienen? / Cada día parece como un hecho natural, y lo que pensamos cambia cómo actuamos”), y rozó lo indebido en “I Love a Man in a Uniform”, una diatriba irónica sobre la Guerra de Malvinas que, interpretada en estas latitudes, tuvo más de inoportuna que de incorrección.

Una detrás de otra, “At Home He’s a Tourist” y “To Hell With Poverty” amplificaron la ambivalencia de Gang of Four: un post punk de rítmica afilada que invita al baile mientras apabulla al oyente con mensajes sobre alienación televisiva y bombardeo mediático, pobreza e inequidades sociales. “Voy a intentar destruir un microondas”, anuncio Sterry justo antes de “He’d Send in the Army”, y cumplió con lo prometido, usando como herramienta el diapasón de la guitarra de Gill, una escena inconexa que sólo pudo ser remontada en los bises con “I Found That Essence Rare”. La versión sonó compacta e intensa, una proyección precisa hacia el presente del sonido de Entertainment!, su debut de 1979. Y cuando Gang of Four alcanzó su mejor forma, todo había terminado.