08/10/2018

Franz Ferdinand en Museum: predicadores del beat

Alex Kapranos y compañía quieren que pises sin el suelo.

Pablo Astudillo / Gentileza
Franz Ferdinand

Cuando Franz Ferdinand irrumpió en el panorama retro rock de inicios del siglo, su fórmula probó enseguida ser tan efectiva como energética: temas de guitarra basados en el groove (como si a una mezcla entre Talking Heads, Blondie y Television la produjera Nile Rodgers). Casi siempre con un giro que las llevaba a un estadío mayor de efervescencia, y performances sin la prolijidad de los discos pero con un Alex Kapranos seguro y suelto en su rol de contacto con las masas.

Unos 14 años más tarde, la canción sigue siendo la misma: el show del domingo en Museum mostró el aplomo de una banda que hizo del beat bailable y la vocación por el entretenimiento su modo de vida, aunque eso le haya restado espontaneidad y una pizca de gracia.

La partida del multiinstrumentista Nick McCarthy -reemplazado por el guitarrista Dino Bardot, y el tecladista y guitarrista Julian Corrie– obligó a un replanteo en las filas de Franz Ferdinand, que resolvió abrirle más el juego a los sintetizadores en su último disco, pero que no perdió su cualidad guitarrera en vivo. Con los nuevos y los de siempre (el bajista Bob Hardy y el baterista Paul Thomson), Kapranos pudo liberar aún más su histrionismo, dejando de lado su instrumento en buenos pasajes del show y convirtiéndose en una suerte de predicador del beat. La primera muestra llegó rápido: tras el comienzo con “Always Ascending”, encadenó “Lazy Boy” con “Do You Want to” con un parloteo preciso, mucho más eficiente que el de los pastores de la medianoche catódica.

La grey reunida en Museum no era la de otras visitas de Franz Ferdinand, al local de San Telmo le sobraba al menos un tercio de su capacidad. Signo de los tiempos en la Argentina -donde el dólar ronda en la cabeza de los productores antes de programar un show internacional-, pero también de la banda y del rock todo, que ya no ocupa los lugares preminentes de hace una década y media. Kapranos y los suyos no parecieron preocuparse por eso sino por el contacto con sus fieles: el cantante hizo que un millar de brazos se balancearan de un lado al otro, habló una y otra vez con quienes se apretujaban adelante, y hasta hizo subir a un pibe del público a tocar la guitarra.

Durante el show, Kapranos propuso despegarse del piso todo lo posible. Y no sólo a través de su música, de por sí propensa para el salto y el baile, sino con su propia actitud corporal: debía bajar las revoluciones cuando se daba cuenta de que, de tanto rebotar, el micrófono había quedado varios centímetros abajo de su cabeza. Pero esa entrega pagaba sus dividendos en el entusiasmo del público, que celebró clásicos de la banda como “No You Girls”, “The Dark of the Matinée”, “Outsiders” y “Michael”, y recibió bien “Paper Cages” y “Glimpse of Love”. Bien ubicados en la lista, seis de los diez temas de Always Ascending sonaron en Buenos Aires.

“Darts of Pleasure”, el hitazo inicial “Take Me Out”, “Ulysses” y “The Fallen” constituyeron una tanda demoledora antes de que la banda se retirara unos instantes del escenario. El regreso fue con “Feel the Love Go”, otra de las nuevas”, y “Love Illumination”. Tanto amor junto provocó que Kapranos se desatara (demasiado) en su papel de teleevangelizador y que apelara una vez más al truco de hacer arrodillar a todo el mundo en el final con “This Fire”. Increíblemente, todavía funciona, porque los saltos fueron más desbocados cuando se encendió el estribillo. La sensación, eso sí, fue que a esta altura Franz Ferdinand predica para los conversos. ¿O será que queda por delante un nuevo testamento por descubrir?