08/03/2018

Foo Fighters y Queens of the Stone Age en Vélez: guitarra, vas a atronar

Una canción para los sordos de tanta distorsión.

Foo Fighters

“¿Están listos?”, atronó la voz de Dave Grohl en su primer encuentro con el micrófono sobre el escenario de Vélez, mientras hacía sonar los acordes de “Run”. La multitud que había ido a ver a Foo Fighters le respondió, claro. Pero quien no estaba listo para lo que venía era él.

Aunque el ex Nirvana tiene -bien ganada- fama de tribunero, en la tercera visita con su banda a la Argentina no quedó otra que creerle que estaba deslumbrado con la audiencia. Es que desde el primer instante se dio un impactante intercambio de energías entre Foo Fighters y sus seguidores, al punto que el cantante y guitarrista se alegró de que la gira terminara en Buenos Aires. “Si no, todos los demás conciertos nos iban a parecer fríos”, dijo. Y repitió una y otra vez que el público era “demente”, “ruidoso”, “delirante”, siempre anteponiendo la palabra “fucking” adelante. Hasta llegó a inventar una canción para decir ooootra vez lo mismo…

Grohl, el Mr. Nice Guy del rock, no se contentó con ese despliegue de amor por sus seguidores locales: cada vez que habló -y fueron muchas-, mostró que está para conducir un late night show o hacer stand up en caso de quedarse sin inspiración para más canciones. Incluso, antes de los bises, hizo en vivo una suerte de película muda junto al baterista Taylor Hawkins en la que debían decidir cuántos temas tocar. Que fueron una veintena en casi tres horas de show, aunque las largas intervenciones de Grohl y las “estiradas” instrumentales de los Foo -no muy inspiradas, excepto en “This Is a Call”- no parecieron hacer mella en el ánimo de los fans sino alimentarlo.

Aunque la excusa de la gira fue la presentación del reciente Concrete and Gold, sólo sonaron cuatro canciones del disco. El mejor momento lo generó el single “The Sky Is a Neighbourhood”, una especie de blues con anabólicos en el que la banda contó con la ayuda de un coro femenino. El resto, salvo en los covers elegidos para la laaaarga presentación de cada músico, fue un “grandes éxitos” que no dejó afuera ni siquiera al oyente casual de Foo Fighters: “All My Life”, “Learn to Fly” y The Pretender” marcaron el camino de lo que sería la mayor parte de la noche.

“Rope”, en cambio, se salió de lo esperado con el “entretenimiento” a lo Santana de Grohl, que incluyó el diálogo de su guitarra con la batería (color concreto y oro) de Hawkins. Y este último cantó “Sunday Rain” justo antes de que el líder se quedara extasiado con los cantitos de los fans. Tras “My Hero”, la banda repitió un mismo truco en “These Days” y “Walk”: intro en calma y explosión en la mitad del tema, o el viejo y querido loudQUIETloud, pero llevado a la dimensión de estadios. Antes de la presentación de la banda (con pedacitos de temas de Alice Cooper, Queen y los Ramones, más un mashup entre “Imagine” de John Lennon con “Jump” de Van Halen), “Breakout” hizo explotar al público.

Más de un cuarto de siglo después de tocar con Nirvana en el mismo estadio, Dave Grohl volvió a sentarse a la batería para que Hawkins cantara “Under Pressure”, de Queen y David Bowie. “Argentina, I love you / Argentina, you’re great / Argentina you’re fucking crazy / Argentina you’re fucking nuts“, improvisó más tarde el líder de la banda, justo antes de un sprint final (entre canción y canción, preguntaba si ya estaban muy cansados para recibir la obvia respuesta) en el que metió hits como “Monkey Wrench”, “Times Like These”, “Generator”, “Big Me” y “Best of You”.

“Dirty Water”, el primero de los bises, fue la última visita a Concrete and Gold, y el final fue demoledor con “This Is a Call” y “Everlong”. “No me gusta decir adiós, pero sé que no tengo que decírselo porque vamos a volver”, soltó Grohl. “Este fue el concierto más loco de la historia de Foo Fighters”, exageró: en su primera visita había tocado tras una suerte de tornado y en Suecia hasta llegó a volver al escenario después de quebrarse una pierna. Pero, todo bien: ¿qué hay de malo en un poco de paz, amor, entendimiento… y tribuneada?

Menos afecto a los gestos grandilocuentes que su amigo Grohl, Josh Homme tuvo uno que mostró a las claras por dónde iba a pasar el show de Queens of the Stone Age: se escupió las manos antes de arrancar. Lo que siguió fue un tour de force de distorsión, con los dientes apretados en la mayor parte del trayecto, aunque con los matices suficientes para entregarse al baile antes que al pogo en los momentos clave. Villains, el álbum que la banda vino a presentar, tiene bastante de eso. Y aunque trasladar ese sonido a un estadio no sea tarea sencilla, al “colorado” y sus muchachos -especialmente al animal de Jon Theodore detrás de su batería- les sobra paño básicamente para hacer lo que se les canta.

En modo pacífico tras la patada a una fotógrafa en un show, Homme dejó saber que el suyo “es el mejor trabajo del mundo” y se ganó a un público que en su mayoría había ido a ver a Foo Fighters. El groove (“Make It Wit Chu”) y el vértigo de la distorsión (“Little Sister”) convivieron en la lista de temas (16 en menos de una hora y media de show, como para que aprenda Grohl…), con grandes momentos de Villains como “The Way You Used to Do” y “The Evil Has Landed”. “La vida es muy difícil, lo único que podés controlar es el dejarte ir”, había dicho el cantante justo antes de, precisamente, entregarse al fluir de la música.

El final eludió al disco reciente y se centró en los que todavía hoy resultan clave: Songs for the Deaf y Lullabies to Paralyze. “Little Sister” viajó por el desierto a máxima velocidad y “You Think I Ain’t Worth a Dollar, but I Feel Like a Millionaire” hizo su trabajo de demolición, que completó el solo de batería -tan innecesario como deslumbrante- de Theodore. Cuando volvió al escenario, Homme traía un vaso de whisky, un cigarrillo y su guitarra. “Go with the Flow” y “A Song for the Dead” explotaron, aunque nunca se concretó lo que los fans soñaban: que Grohl se subiera a tocar la batería como lo hizo en aquel discazo de 2002. Pero nada que reprochar, porque el show resultó tan contundente como entrador.