17/03/2017

Fito Páez en República Dominicana: desarma y sangra

Un corazón que se ofrece a toda América latina.

Producciones Petanina / Gentileza

Fito Páez y su alma. O Fito Páez y su piano, que es mas o menos lo mismo. Eso es todo lo que se ofrece desde el escenario en esta gira titulada “Mi piano, mis éxitos” que comenzó el fin de semana pasado en Bogotá, con paradas en Santo Domingo, Guatemala y Nicaragua. Anoche, en la capital de República Dominicana y ante un recinto con entradas agotadas, el cantante rosarino se paseó por sus temas más conocidos, otros que disfrutan sus fanáticos más acérrimos, y hasta entregó alguna sorpresa.

El comienzo, apenas pasadas las 22, fue con “Dar es dar” y enseguida quedó claro que el formato intimista le sienta bien a Páez. Con su voz, sus clásicos arqueos y el piano, el cantante llenó todo el espacio del Hard Rock Live. Aún noo había arrancado el segundó y ya se podía reconocer que el ambiente era ideal y muy distinto al de una visita anterior a Santo Domingo, cuando el Hard Rock estaba en otro espacio y ante el barullo cortó su show por la mitad y se fue. En esta ocasión, la hora y media que duró el concierto no tuvo interrupciones y Páez  sacó toda su chapa de artista. La primera sorpresa llegó cuando comenzó a citar a Charly García e incluso mencionó que en ese mismo momento estaba dando un show en Buenos Aires, explicó el contexto de la dictadura argentina a mediados de los 70, y se despachó con una muy cuidada y emotiva versión de “Desarma y Sangra”.

El otro cover de la noche fue “El breve espacio en que no estás”, de Pablo Milanés, que lo llevó a recordar su encuentro con el músico cubano en la Argentina y resaltó su valentía de escribir un tema así en tierra castrista. Hubo mención a Caetano Veloso en “Un vestido y un amor” y se metió al público en el bolsillo con las versiones despojadas de ‘Thelma y Louise”, “Giros”, “11 y 6”, “Tumbas de la gloria”, “Al lado del camino” y “Brillante sobre el mic”, cuando a su pedido las únicas luces en el recinto fueron las de los celulares. “Mariposa Tecknicolor” marcó la primera despedida de la noche.

Cuando reapareció para el primer bis, con una luz tenue y mientras con alguna seña pedía que apagaran los flashes de los celulares, brindó una versión a capella y sin micrófono de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Pocos cantantes se pueden dar ese lujo y salir airosos sin trastabillar ante un desafío semejante. Páez terminó de pie. Y el final llegó con “Y dale alegría a mi corazón” y todo el público cantando. Por suerte, el piano nunca dejó de escucharse. Más que su instrumento de cabecera, anoche fue su máquina de ser (y hacer) feliz.