29/11/2015

Fito Páez en el Gran Rex: y la nave va

Instagram de locura ordinaria.

“Es emocionante haber atravesado el tiempo con todos ustedes”, dispara un Fito Páez exultante sobre el escenario del Gran Rex al iniciar el primer show de la serie celebratoria de su segundo disco, Giros, publicado hace 30 años. A diferencia de aquella noche de revival de El amor después del amor en el Planetario, en octubre de 2012, aquí el rosarino juega con la intimidad del teatro cerrado para no solo resignificar un sonido de época, sino también para traer hasta hoy el recuerdo de una ética, una estética y un modo de ser que la posmodernidad dejó atrás.

Para embarcarse en esa travesía, Fito se quita el lastre estrictamente nostálgico en el primer minuto. Así, sin más preámbulos, convoca a Paul Dourge, Fabián Gallardo y Tweety González, los músicos con quienes compartió la grabación del álbum en 1985. Falta uno para completar la formación original: el baterista Daniel Wirzt, “El Tuerto”, que falleció en 2008 y a quien Páez le dedica el concierto. Tras un solo tema, “Giros”, los invitados se van. De allí en adelante, es la banda versión 2015 (con Diego Olivero, Carlos Vandera, Mariano Otero, Juan Absatz y Gastón Baremberg) la que toma las riendas y se encarga de hacer real esa resignificación.

Después de “Alguna vez voy a ser libre”, con un jam magnífico junto al saxofonista Pablo Rodríguez, llega “11 y 6”, tal vez el momento más destacado de la noche. Es allí donde -sea por el valor intrínseco de la canción, sea por el solo hecho de que la pelota ya estuvo rodando el tiempo suficiente- Fito y el público hacen clic y el show empieza a vivirse de otro modo. A partir de ese momento, los pasajes más potentes (“Narciso y Quasimodo”; “Nunca podrás sacarme mi amor”; “Folis Verghet”, que incluyó un breve cover de "Fanky", de Charly García) se impregnan de una épica atrapante. Los temas con mayor carga emotiva (“D.L.G.”, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”) toman una dimensión onírica que empujan al nudo en la garganta. El rol de Fabiana Cantilo, que sube y baja del escenario una y otra vez con un vestido que se asemeja al de una bailarina clásica, es clave para desarrollar esa sensación.

Para otra de las canciones clave de Giros, “Cable a tierra”, Fito se separa de la energía de la banda e indaga en sus recuerdos. “Esta es la canción que era para Charly pero no era para Charly, que era para mí pero no era para mí, que era para Fabi pero no era para Fabi, porque era para todos”, relata antes de entregarse al piano. Antes de “Hay otra canción”, elegida para recordar a Luis Alberto Spinetta, su comentario es sencillo pero contundente: “Lo extraño”. Los recuerdos de la época afloran con el opus sobre la guerra de Malvinas "Decisiones apresuradas", pero también con la genial "Gente sin swing", de una actualidad notable ("Pueden fingir hasta que llores/ pero mi amor, son impostores/ Y aunque te inviten a su mesa, no estarán de tu lado/ Y aunque lo juren y prometan, no estarán de tu lado", canta Páez; cómo no leerlo en clave de hoy).

Tras un cierre con "Polaroid de locura ordinaria", seguido de "Fue amor" y "Y dale alegría a mi corazón", Fito atiende el llamado a los bises con "El diablo de tu corazón", otro instante catártico con inevitable referencia política. Las últimas dos canciones de la noche, "A rodar mi vida" (de El amor después del amor) y "Mariposa Tecknicolor" (Circo Beat) amplían el puente entre el presente y esa añoranza por el tiempo que pasó. “Tocamos las canciones como si estuvieran escritas hoy”, dice antes de despedirse. El sentimiento general parece darle la razón.

Escuchá la playlist con las canciones de la noche: