28/02/2017

Festipulenta Vol. 25: tu tiempo es hoy

Los chicos están bien.

Javier López Uriburu / Gentileza

El nodo

Desde hace ocho años, el Festipulenta es un nodo del circuito de la música independiente que emergió de las crisis de la industria y del rock argentino post-Cromañón. En ese espacio confluye un público ambicioso de propuestas nuevas, junto a una selección de bandas y colectivos de artistas que pululan por Bandcamps. Los patrones no son tanto estéticos sino éticos, asentados en un modo de hacer que, por un lado, revaloriza el hacelo vos mismo, y por el otro, en algún punto renueva la tradición del rock argentino.

Creado por dos periodistas, Nicolás Lantos y Juan Manuel Strassburger, gracias a la buena selección de artistas y un gran sentido de camaradería, Cosas Pulenta (que además del festival, incluyó un programa de radio y tres compilados) se convirtió en una institución dentro de la escena independiente de la ciudad de Buenos Aires, La Plata y alrededores, lo que explica las escalas maratónicas de la edición número 25, la primera en un año y medio: más de 20 bandas desplegadas a través cuatro fechas seguidas en el Club Cultural Matienzo.

En el presente

Tres de los mejores shows que se vieron fueron los de Mi Amigo Invencible, Los Reyes del Falsete y Viva Elástico. No es casualidad. Fueron tres bandas que nacieron y crecieron de la mano del Festipulenta (las últimas dos participaron de la primera edición, en 2009) y que alcanzaron un punto de maduración en el que dejaron de ser emergentes para convertirse en realidades presentes.

El sexteto nacido en Mendoza cerró la primera fecha, la menos concurrida. Su show se asienta sobre una base rítmica marcada y calibradísima de batería, percusión y bajo, sobre la que se construye un novedoso edificio de guitarras al estilo Pavement, coros como The Zombies y letras autorreflexivas que le escapan a los lugares comunes. Por su parte, Los Reyes del Falsete, últimos en la segunda jornada, hace apenas unos meses editaron su disco más maduro, Lo que nos junta. Esa madurez encontró finalmente su correlato en vivo, con un set prolijo de pop noise en el que se entendió todo lo que dijeron e hicieron.

Finalmente, Viva Elástico tocó en el último día y dio un concierto sin fisuras que anunció la nueva etapa que está a punto de encarar, con nuevos integrantes y la inminente salida de su tercer disco. Alejandro Schuster es un frontman con presencia fuerte, que se expresa con todo el cuerpo. Aunque se lo vio más calmado que en los últimos shows, sus gestos neuróticos y movimientos de manos nerviosos potencian el carácter emocional de las letras, ofreciendo un espectáculo de fragilidad post-adolescente.

El arma al cuerpo

Otro de los shows memorables fue el de Acorazado Potemkin. “Pedimos por la salud y la libertad de Milagro Sala”, dijo Juan Pablo Fernández antes de dar comienzo a un set tan feroz como cerebral. Y es que el trío no solo suena ajustadísimo, sino que además le da a esta escena un contenido político que está prácticamente ausente en la superficie. Sin ser panfletarias, sus letras reflejan con agudeza algunos de los síntomas de estos tiempos, ya sea la envidia a los muertos que no tienen que votar o los fachos que hacen pan con el agua corriente.

El carnaval negro

“En serio que es carnaval, un carnaval negro”, anunció Fermín Solana cuando promediaba el show de Hablan Por La Espalda. La metáfora no podría ser mejor: más que un concierto, lo de los uruguayos fue un ritual pagano. La combinación de candombe con hardcore y punk, comandado por los ojos endiablados de su cantante, que no paraba de agitar al público, dio como resultado algunos de los momentos más intensos del festival.

Los uruguayos tocaron en la tercera fecha, que fue la más completa a nivel conceptual: un comienzo más tradicional a cargo de Sombrero (una interesante combinación de música western con folklore argentino) y Revolutiva (rock blusero de corte Creedence), para luego levantar vuelo punk con Acorazado Potemkin y Hablan Por La Espalda. El cierre estuvo en manos de El Perrodiablo, que tuvo un comienzo atípico, con un Doma civilizado, vestido de camisa y corbata. Para la tercera canción todo volvió a la normalidad y se puso en cuero, representando al buen salvaje que siempre supo ser, aquel que baja del escenario, interpela físicamente al público y muestra el culo… varias veces.

Madrina y padrinos

Vestida con pantalón beige y camisa blanca suelta, la imagen de Rosario Bléfari en su show de la segunda noche generaba una asociación mental con Patti Smith en la tapa de Horses. La ex Suárez dio un recital contundente, relajado y lleno de energía, con un repertorio basado en sus discos solistas. Su presencia tuvo además algo de simbólico: era la primera vez que tocaba en un Festipulenta, aunque su fuerza siempre estuvo presente. La cantante es el faro en ese modo de hacer DIY que guía a las bandas de esta escena, con la diferencia de que ella lo hizo en una época en que la autogestión era más una decisión que una necesidad.

Otros padrinos de la independencia también dijeron presente: por un lado, Adrián Paoletti, un viejo lobo del under e influencia oculta de muchas de las bandas de la escena, que ofreció un templado concierto de melodías folk eléctricas junto a su banda Los Impares. Por el otro, Mariano “Manza” Esaín, al frente de Valle de Muñecas, que si bien sonó menos fuerte que en otras ocasiones, mantuvo un nivel de prolijidad que debería ser guía de la nueva camada de bandas. A pesar de su historia y respeto, ninguno de los dos tuvo pruritos en mantener el espíritu horizontal del festival, tocando entre las bandas más jóvenes, e incluso subiendo como invitados en otros shows (Paoletti con Los Reyes del Falsete y Manza con Bestia Bebé, que ofició de banda sorpresa el último día).

Lo global y lo local

Algunas de las propuestas que pasaron por el escenario del Matienzo tuvieron como eje al rock sin grandes matices, aquel que se entiende igual en todas partes del mundo. Riel es una sólida representación del noise de Sonic Youth en formato mini; Los Bluyines miran al rock stone más básico, aunque sin caer en lo rolinga; The Hojas Secas estuvo opacado por algunos problemas técnicos, pero cuando logró sortearlos, desplegó con potencia su rock garagero con semblanza a The Strokes; las guitarras de Bestia Bebé suenan a Brooklyn y sus letras hablan de Boedo, pero su show fue tan caótico que no le hizo justicia al gran crecimiento sonoro que transitó en estos años; Los Rusos Hijos de Puta cerraron el festival con su combo de punk corporal e histriónico, cuya fuerza reside más en la presencia escénica que en la afinación.

Si bien todas las bandas hablan en ese idioma global, la apuesta de algunas de ellas fue hacer una relectura desde lo local. En la primera fecha, tocó Chillan Las Bestias y directamente después Nahuel Briones y su Orquesta Pera Reflexiva. El contraste no podría haber sido más notorio. El primero fue un show oscuro y tenso, interpretado por un grupo de músicos de entre 30 y 40 años comandados por la voz de añejado de 12 años de Pedro Dalton, que leía las letras desde un libro de actas. El segundo fue una paleta de colores liderada por el inquieto Briones, de 26, empilchado con un vestido de mujer. Pero algo tenían en común: una clara identidad rioplatense basada en sonidos tangueros. Algo de eso también estuvo en la fuerza arrabalera de Acorazado Potemkin y en los aires folklóricos de Sombrero. Por su parte, Valentín y Los Volcanes también mostraron su identidad local, aunque más arraigada a la tradición cancionera del rock argentino.

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Lo que demostró una vez más el Festipulenta es que, lejos de los discursos reaccionarios acerca de la supuesta crisis del rock argentino, existen artistas vigorosos que desde la diversidad hablan en tiempo presente y que, alejados del mandato de querer “pegarla” (si es que existe tal cosa hoy), están dispuestos a asumir su rol de renovadores. Nodos como Cosas Pulenta ayudan a fortalecerlos. Durante el show de El Perrodiablo, Doma lo resumió de forma menos intrincada: “El que quiera ver las cosas cuando suceden, bienvenido sea. El que las quiere ver cuando ya pasaron, que se vaya a la concha de su madre”.

Créditos fotográficos: Javier López Uriburu (Acorazado Potemkin, El Perrodiablo) / Inzendiez (Marina Fages, Mi Amigo Invencible, Nahuel Briones)