30/08/2018

Father John Misty en La Trastienda: mi nombre es ninguno

J. Tillman y el desfile de sus personalidades.

Father John Misty

Si diversas coyunturas hacen difícil distinguir la delgada línea entre persona y personaje, Joshua Tillman hace que las cosas sean aún más complejas ¿Dónde termina él y dónde comienza Father John Misty, el alias en el que se escuda desde hace ya seis años? ¿Cuál de los dos es el que el que está dando un paso al frente cuando las canciones son un confesionario a corazón abierto y quién es el que se burla con sorna de estándares y estereotipos? Tillman no parece preocupado por despejar estos interrogantes: simplemente pone el cuerpo para que las dudas pasen a segundo plano, al menos durante la hora cuarenta que lo tiene sobre el escenario.

Con una acústica en mano y al frente de una banda de siete músicos, Father John Misty fue capaz de convertir a “Nancy From Now On” en una pieza digna del repertorio más amable de Cat Stevens, para luego zambullirse en “Chateau Lobby #4 (in C for Two Virgins)”, que sonó a Fleet Foxes (la banda en la que Tillman fue baterista) sin tanta pastoral lisérgica. Sin un respiro y con los finales en seco como denominador común, “Only Son of the Ladiesman” fue una apuesta por el folk de raíz justo antes de que “Disappointing Diamonds Are the Rarest of Them All” hiciera uno o dos guiños en dirección a John Lennon en general y a “Sexy Sadie” en particular.

Dentro de esa disforia de identidades, a la altura de “Mr. Tillman” la cosa viró en enigmática: el personaje (esta vez, en la voz de un conserje de hotel) consternado por el presente y el bienestar de la persona real. Y por si la desorientación no era suficiente, en “Total Entertainment Forever” Father John Misty (¿o J. Tillman?) planteó un futuro distópico en el que es posible irse a la cama con Taylor Swift gracias a unos lentes Oculus Rift, todo mientras la banda de fondo cambiaba de beatle favorito y sonaba como Paul McCartney jugando a ser Radiohead.

Sin más artilugios que su propio cuerpo, Tillman demostró en “Hangout at the Gallows” su magnetismo escénico con la gestualidad concentrada en el movimiento de sus manos. Poco después, acompañado sólo por su tecladista, adoptó la identidad de un pastor televisivo neurótico para “Bored in the USA”, con risas grabadas como golpe de efecto. Dentro de ese ciclo de mutaciones, “I’m Writing a Novel” lo puso en la piel de un músico country purista, un perfil que se evaporó ni bien se colgó una guitarra eléctrica para “Date Night” y “Hollywood Forever Cemetery Sings”, donde John Misty volvió a sacar su costado “Father”, como un evangelista pidiendo que todos alzasen sus manos.

A partir del dramatismo in crescendo de “Pure Comedy”, el piano se volvió el timón del tramo final del show. “Tranquilos, soy un profesional, sé lo que estoy haciendo”, dijo Tillman antes de sentarse frente al instrumento y procesar y desmenuzar su educación religiosa en “God’s Favourite Costumer”. Como corolario de ese momento de canciones sobre fe y devoción, “I Love You, Honeybear”, a puro góspel sentimental, fue también un recordatorio del momento en el que su carrera empezó a valerse por peso propio y no por la portación de pergaminos del pasado.

“¿Podemos hablar, intentar tener una conversación? ¿Qué soy, un mono bailarín para ustedes?” bromeó Tillman antes de “The Palace”, una balada centrada en la soledad de quien busca comprarse una mascota para combatir el desamparo, para luego jugarse por el folk psicodélico sin psicodelia de “So I’m Growing Old on Magic Mountain”. En un último movimiento de transformación, “Holy Shit” pasó de simular ser una versión citadina de “The Weight” de The Band para luego abandonar todo atisbo rural a fuerza de cimbronazos rockeros con ínfulas de free jazz. Esa descarga eléctrica sirvió para rematar las cosas en “The Ideal Husband”, un garage curtido en la meseta de Ozark en la que Father John Misty enumeró todos los errores de su pasado en pos de un presente luminoso. La metáfora fue alusiva a su vida sentimental, pero a la larga también sirve para su carrera. Persona y personaje, uníos.