22/03/2019

Fantastic Negrito en La Trastienda: el nacimiento de un nuevo ritual

Blues explosion!

El show terminó hace unos minutos y Fantastic Negrito está en un costado de La Trastienda firmando discos, remeras y hasta un billete de diez pesos. La gente se agolpa y, como si hubiese nacido un ritual un rato antes, se pone a cantar la melodía de “Lost in a Crowd”. Porque en pleno recital pasó una de esas cosas que hacen renovar los votos en la fe en la música: mientras el cantautor de Oakland comandaba a su banda hacia el final del tema, el canto espontáneo del público llevó a todos los visitantes en otra dirección. Sonrisas arriba y abajo del escenario, el estupendo tecladista Bryan Simmons que sacó el celular para inmortalizar el momento… Una especie de magia.

La historia de Fantastic Negrito ya ha sido contada en Silencio: infancia viviendo en las calles y vendiendo drogas, una carrera musical truncada por el primer revés y por un accidente que lo dejó internado durante un año, la guitarra colgada para dedicarse a montar un club ilegal y una plantación de marihuana, el deslumbramiento de su bebé cuando le tocó una canción de los Beatles, la decisión de regresar a la performance (en estaciones de tren), un concurso ganado y la redención de premios, alabanzas y shows en todo el mundo.

Pero hay otra Historia (así, con mayúsculas) detrás de Fantastic Negrito, el alias que eligió Xavier Dphrepaulezz para retomar su carrera cuando se acercaba a los 50. Es la historia de la música afroamericana, que él parece derretir y moldear nuevamente con cada movimiento: desde el mismo comienzo con “Bad Guy Necessity”, su amalgama única de blues con soul, R&B, rock and roll y hasta algo de hip hop se pone tan de manifiesto como su increíble onda para configurarla.

Porque Fantastic Negrito es un rato Prince haciendo blues (“Working Poor”), en otro un maestro de ceremonias desaforado que grita “Are you ready?” incitando al público durante la rockera “Scary Woman”, o un egresado de Stax al que se le pelaron los cables con Chuck Berry (“A Cold November Street”), y el que irónicamente presenta “Rant Rushmore” como una canción de amor porque Buenos Aires lo pone romántico.

También es el que aborda una balada como “About a Bird” como un Jack White con sobredosis de soul, el que se abreva en las mismas fuentes que Led Zeppelin en “Plastic Hamburgers” o que se pone tan funky (y se siente tan bien) como James Brown en “Bullshit Anthem”. Pero no importa qué género elija resignificar para el presente Fantastic Negrito, el blues sucio y desprolijo siempre subyace, presto para mutar y convertirse en explosión.

En su debut argentino, el cantante californiano habló de las mujeres como “las que arman el tejido de la sociedad” y les dedicó “In the Pines (Oakland)” después de recordar cómo su madre lo había obligado a ver la cabeza de su hermano de 14 años agujereada por una bala. Esa fortaleza parece haberlo contagiado: muchos años después, Xavier se convirtió en el artista que siempre había debido ser… aunque probablemente no hubiese estado listo entonces. Ahora, a los 51 y con dos discos bajo el brazo -los estupendos Last Days of Oakland y Please Don’t Be Dead-, Fantastic Negrito apenas parece haber comenzado a desplegar sus alas. Y el cielo es el límite para él.