19/03/2022

El Mató y Litto Nebbia en Lollapalooza 2022: despiole generacional

Y decir qué puerta hay que tocar.

El Mató

En el tiempo que pasó entre la primera edición de Lollapalooza -de la que fueron parte- y la actual, El Mató a un Policía Motorizado pasó de ser una banda indie en franco ascenso a un acto más que consolidado. Por eso mismo, en la segunda jornada del festival, la banda platense pudo vanagloriarse de contar con una localía inesperada tanto por el horario (a las cuatro de la tarde) como también por la curaduría de la grilla (con las guitarras convertidas en una minoría entre una abundante oferta de artistas de música urbana.

La lista de temas fue signo de esa consagración. Las 13 canciones elegidas salieron de sus últimos dos discos, con la excepción de "El perro", del compilado de rarities La nueva dimensión. "El magnetismo" y "La Síntesis O'Konor" oficiaron de doble introducción de un show en el que la norma pareció ponerle una cuota extra de energía a las canciones, como lo sugirió "La noche eterna" y lo ratificó "Las luces". La amplitud de matices que El Mató desarroló en los últimos años ganó vigor con la contundencia del sonido del escenario principal, pero también tuvo que sortear vicisitudes durante los momentos más íntimos, mientras se colaba el autotune de la voz de Lola Índigo desde el Perry's.

"Quiero dedicarle la próxima canción de amor a Dillom, que vino especialmente a vernos"; dijo Santiago Motorizado antes de "El tesoro", la reivindicación de una amistad que demanda una colaboración urgente. Cerca del final y como una humorada sutil, Niño Elefante amagó con la introducción de "Last Nite" antes de "Yoni B". Después, "Ahora imagino cosas" y "Chica de oro" le pusieron el broche a un show que dejó con ganas de más al terminar unos minutos antes de lo previsto.

¿Litto Nebbia en Lollapalooza? La presencia del patriarca del rock argentino no causó el revuelo previo que otrora generaran shows como el de León Gieco, pero lo cierto es que el contraste entre el ex Los Gatos con el resto de la grilla del festival resultó harto evidente. Desde la convocatoria, en primer lugar: un millar de personas siguió el recital que comenzó con "El bohemio", mientras un par de miles más miraba desde cierta distancia. Pero también la diferencia estuvo en la forma de plantarse en escena: el prócer rockero favorito del presidente argentino no necesita del nombre del festival en su currículum, como le pasa a buena parte de los artistas locales programados en las tres jornadas.

Por eso Litto Nebbia salió a hacer lo suyo sin preocuparse del contexto y rodeado de una banda del lujo, dos de los Reyes del Falsete y Ariel Sanzo incluidos. Después se colgó una guitarra eléctrica para hacer un instrumental, antes de sentarse al piano nuevamente para "Nueva zamba para mi tierra". Un medley de clásicos como "El rey lloró", "Viento, dile a la lluvia" y "Ayer nomás" levantó algunos aplausos, lo mismo que la versión wonderiana de "Yo no permito", con fotos de la carrera del artista en la pantalla.

Sí, hubo cierta solemnidad -"museificación", hubiera dicho Spinetta- en el hecho de que la pantalla de fondo tuviera un marco como de cuadro antiguo, pero también libertad musical en el cruce de los guitarrazos de Sanzo con los juegos melódicos de Nebbia en el final de "Quien quiera oír que oiga". Y la convicción de que a los 73 el hombre todavía se banca el falsete de "Sólo se trata de vivir". El momento fue directo a las cámaras de los celulares de la mayoría del público: bienvenido Litto al Lollapalooza.