09/12/2018

El Mató a un Policía Motorizado en Tecnópolis: esta noche es especial

La canción nunca es la misma.

El mató a un policía motorizado

“Escuchamos las canciones una y otra vez
porque tenemos que solucionarlas”
Nick Hornby (31 canciones)

“Chatrán, un saludo para los pibes de Avellaneda”, grita alguien desde el vallado. Viste una remera del último disco de El Mató a un Policía Motorizado y en su brazo derecho tiene un tatuaje de los Rolling Stones (la lengua, claro) y uno de Callejeros. Los gustos musicales no tienen contradicción y la banda de Santiago Motorizado ha trascendido el nicho. Esta no es la única prueba de lo segundo, sus canciones suenan en las novelas del prime televisivo, fueron versionadas en la edición española de Operación Triunfo y el fanático que quiere ser saludado por el tecladista del grupo comparte tiempo y espacio con las otras 5000 personas que se acercaron a Tecnópolis.

Pero así como el alcance se ha multiplicado, la propuesta de Él Mató en vivo se alimenta de su propio estatismo. Porque si bien es innegable que suenan mejor que en sus comienzos, y que hay un despliegue técnico a la altura de la convocatoria, nada ha cambiado desde lo performático. Y anoche quedó claro desde el comienzo. A contraluz y con el escenario inundado de humo, ya una estética consolidada, los platenses dieron comienzo a un repertorio de 30 canciones con “El magnetismo”, esa suerte de viñeta punk en slow motion (y sin batería) que abre La dinastía scorpio. Enseguida, y ahora sí con velocidad punk, “La cobra” puso a funcionar la maquinaria completa y a Santiago a repetir ese haiku que comenzó como la plegaria de un niño dormido y terminó a pura convicción con el verso “Quiero vivir con vos”. De fondo, los arreglos de teclado se filtraban como manchas de humedad en la pared de guitarras.

Con una batería secuenciada, “Día de los muertos”, o cómo sonaría “Walk on the wild side” en las entrañas de un mamut, tuvo su actualización digital para dar paso a “La noche eterna”, la primera de La síntesis O’Konor (el disco con el que Él Mató a un Policía Motorizado derrumbó su casa para empezar de nuevo) en la noche. Y aunque la canción tuvo todo eso que debe tener una canción en su estructura, y que los arreglos de teclas y guitarras se entretejieron formando un mosaico de geometría perfecta, su encanto se construyó, como en buena parte de la obra del grupo, a partir de eso que no se dice, que no se muestra: lo indeterminado. A partir de su economía de palabras y sus melodías de languidez soñadora, Santiago Motorizado pinta cuadros que cobran vida cuando ya no hay luz.

A partir de “Terrorismo en la copa del mundo”, que tuvo a Mora de 107 Faunos como invitada, El Mató a un Policía Motorizado inició un recorrido guitarrero por sus primeros años. “Navidad en los santos” tuvo ese final que se apagó como una cañita voladora, “Amigo piedra” desató algún pogo entusiasta y “Sábado” cerró el tridente catártico que desembocó en el ya célebre “Mauricio Macri la puta que te parió” por parte del público. “¿Están cantando en contra de Macri? Sigan, por favor”, fueron las palabras de Santiago Motorizado, bien lejos de censurar a la turba (no tan) iracunda, como había hecho Rolo Sartorio el mes pasado durante el show de La Beriso en Vélez. Casi como un guiño del destino, el siguiente tema en la lista fue “Alguien que lo merece”.

Después de que “La cara en el asfalto” probara tener carácter de estadio, la coda instrumental de “Destrucción”, un collage sonoro de percusiones, teclados espaciales y handclapping, fue pura ficción pop desde la perspectiva del grupo. Para el final antes de una breve pausa, Santiago y los suyos hicieron de “El fuego que hemos construido” una suite indie repleta de matices. Un poco de noise, otro poco de kraut simpático, raptos de descarga emocional y una melodía tan frágil que parece pedir por favor que la apaguen. Si el concepto de sonido indie hoy parece carecer de consistencia víctima de su propia heterogeneidad, Él Mató a un Policía Motorizado se configuró como el arquetipo de su versión local haciendo de cada ingrediente una convicción. En la Argentina, hace por lo menos diez años que nadie suena más indie que Él Mató.

“Madre” y “Prenderte fuego” hicieron las veces de apertura y clausura del segmento final del show. Como un resumen de todo lo que puede ser Él Mató, “Yoni B” y “Chica de oro” fueron pura energía motorik; “El tesoro” fue pura sutileza y amor devocional y “Más o menos bien” revalidó su credencial de himno del indie argentino por excelencia. “Gracias por venir, nos vemos en el próximo”, dijo Santiago Motorizado ya con las luces encendidas y la música en volumen 0. El próximo será seguramente más corto, pero igual de intenso, ellos volverán a tocar recortados en la penumbra, y las canciones estarán allí, con los mismos agujeros negros y el mismo misterio, esperando que el público vaya a a su reencuentro para intentar solucionarlas. Y se retire feliz de no haberlo logrado.