19/12/2021

El Mató a un Policía Motorizado en GEBA: esperando el Armagedón

Más o menos bien.

Telam
El Mató a un Policía Motorizado

"Esperando el Armagedón vos y yo / Contando los que morirán que conocemos". La frase está en "El día del huracán", una canción incluida en el EP Día de los muertos, que El Mató a un Policía Motorizado publicó en 2008. El disquito estaba poblado de imágenes apocalípticas de tono similar, al punto que había que resistir con un rifle arriba del techo mientras se miraba el desastre. Sin embargo, lo que la afiebrada mente de Santiago Motorizado imaginaba como una distopía posible nunca llegó al pico de retratar una pandemia como la actual, que además de matar a millones de personas puso literalmente al mundo en pausa.

Para El Mató a un Policía Motorizado, ese freno impuesto por el covid-19 llegó en un momento de crecimiento que avalaba su evolución, la que había demostrado en La síntesis O'Konor. Mientras tanto, a su alrededor, la escena indie que había ayudado a construir perdía terreno frente a propuestas más cercanas al pop y ese mainstream en el que había logrado poner un pie por persistencia de canciones centraba toda su atención en la música urbana. Se hablaba de la muerte del rock, pero el cuarteto (o sexteto, mejor) platense estaba subido al techo para resistir con sus guitarras.

Dos años más tarde, con la pandemia aún imponiendo ciertas condiciones, El Mató a un Policía Motorizado se reencontró con el público porteño mostrando no sólo una buena capacidad de convocatoria sino, además, su tozudez para sobreponerse a inconvenientes de último minuto: a las 21 del sábado, la hora en la que debía empezar su show en GEBA, todo el público estaba todavía fuera del predio, esperando la habilitación del lugar. "Tardamos dos años y dos horas", ironizó Santiago cuando agradeció (y pidió disculpas) por primera vez en la noche.

El reencuentro también tuvo algo de post apocalíptico: fue como si los sobrevivientes empezaran a reconocerse entre sí de a poco, para finalmente celebrar juntos esa posibilidad de seguir adelante. "La otra ciudad", la canción que los platenses hicieron para la nueva banda sonora de Okupas, abrió el set apuntando más a lo atmosférico que a la contundencia. "La cobra", "La noche eterna" y "El héroe de la navidad" subieron de a poco la intensidad, que recién terminó de manifestarse en "Nuevos discos". A partir de ahí, el reencuentro estaba sellado y los vaivenes emocionales propuestos por El Mató iban a encontrar la respuesta perfecta por el resto de la noche.

El Mató a un Policía Motorizado

Juguetón, Santiago presentó "Mujeres bellas y fuertes", "Amigo piedra", "Chica rutera" y "El tesoro" como si fueran canciones desconocidas. También agradeció varias veces y -libreto o lista de temas en mano- fue alargando el final del show preguntando si el público quería una más. Pequeños interludios para un set de 28 canciones que dejó en claro lo bien que conviven las de la época en la que El Mató crecía a partir de influencias como Sonic Youth y Jesus and Mary Chain con las más cercanas, en las que no es tan extraño escuchar ecos de The Strokes y la escena que los neoyorquinos establecieron en este siglo.

Después de repasar canciones como "El perro", "Yoni B", "Mundo extraño" (muy celebrada) y "Sábado", el primer final llegó con "Prenderte fuego" y "Noche de los muertos" pegadas, en lo que fue una verdadera apoteosis de noise volador, con la guitarra de Niño Elefante como ariete. "En la ciudad, el infierno", cantaba Santiago, en una suerte de momento privado de la banda que se extendió cuando los músicos ya no estaban sobre el escenario: un loop mántrico quedó atronando hasta el momento de los bises.

"Magnetismo" como para volver a acomodarse y entonces sí, mosh para todas y todos: "El día del huracán", "Vienen bajando", "Fuego", "Ahora imagino cosas", "Más o menos bien", "Chica de oro" y "Mi próximo movimiento" dejaron la sonrisa dibujada en el rostro de los músicos y de las cinco mil personas que habían ido a su (re)encuentro. "Ahora estoy arriba de mi casa con un rifle", gritaron unos y otros bajo la Luna gigante. Pero quizá todavía no haga falta: el Armagedón puede esperar un poco más.