26/01/2020

Divididos en el Movistar Fri Music: elefantes en la costa

Una aplanadora en la Feliz.

Horacio Volpato / Movistar / Gentileza
Divididos

“Vamos a darle dos o tres vueltas más de rosca”, advirtió Ricardo Mollo sobre el final de “Salir a comprar”. El que avisa no traiciona: a poco más de media hora de show en el Movistar Fri Music, los Divididos le sumaron fuerza a la aplanadora y retomaron una coda furiosa y hambrienta que cualquier otro grupo guardaría celosamente hasta el final.

Esos gestos de potencia sonora y encantadora ternura fueron la norma durante el maratónico show del trío en el Paseo Hermitage de Mar del Plata, frente a unas 140 mil personas más otras 2,5 millones que siguieron la transmisión por streaming. Con el Himno Nacional Argentino como carta de presentación, la banda presentó desde el inicio los laureles eternos que supo conseguir, tocando canciones como “Haciendo cosas raras” (con un Catriel Ciavarella endemoniado), “El 38” y “Tengo” hasta la llegada de los paños fríos.

“¿Qué ves?” logró escabullirse como una rareza en la lista de temas. Aprovechada con sabiduría de artesano, Mollo engarzó un sólo desértico con más olor a tierra que playa, mientras la batería se deformó hasta convertirse en un bombo legüero gigante de seis piezas. Poco duró la paz y apareció “Que tal”, en compañía del Negro Rada y sus congas.

La velocidad con la que el uruguayo castigaba los parches habría desintegrado las articulaciones de cualquier mortal. Él, sin embargo, se daba el lujo de cantar “Living for the city” de Stevie Wonder, al mismo tiempo que Mollo pelaba sin pudor el fraseo de “Black Magic Woman” de Santana. “Estamos bendecidos”, lo despidió el guitarrista después de un enganche con “La rubia tarada”.

Durante una suerte de bloque acústico, que pasó de la delicadeza de los armónicos de Diego Arnedo en “Vientito del Tucumán”, hasta “Par mil” y “Spaghetti del rock”, apareció “Guanuqueando”. “Se la dedicamos a los pueblos originarios, los verdaderos dueños de estas tierras”, dijo Mollo para luego presentar al grupo Tres Mundos. Lo que siguió estuvo a un nivel de belleza idéntico al que los Amigos de Ricardo Vilca inmortalizaron en el vivo Audio y Agua.

El último acto de amor llegaría durante “Amapola del 66”, cuando sorpresivamente emergieron las estrofas de “Plegaria para un niño dormido” a mitad de la canción. En solitario, guitarra en mano y bañado en luces azules, Mollo soltó al viento: “Feliz cumpleaños Luisito Alberto. Donde quieras que estés, te esperamos.” Siguió el rito chamánico y aseguró que “para hablarle a los espíritus hay que hacerlo fuerte”. Su ya ineludible devoción a Pappo explotó junto a los decibeles con “Sucio y desprolijo”.

“Paisano de Hurlingham”, “Rasputín” y “Ala delta” en una esquina. “Crua-chan”, “Next Week” y el final con “El ojo blindado” en la otra. Dos tipos de bestialidades diferentes. Aunque, así como el Himno sintetizaba el comienzo, el Sumo Karaoke hizo lo mismo con el final. Como si la intención hubiera sido homenajear las míticas presentaciones de la banda de Luca Prodan en Mar del Plata. Porque si algo no olvidan los Divididos, es de dónde vienen; y lo pueden demostrar con una caricia, con una trompada, o con las dos al mismo tiempo.