29/07/2017

Daniel Melingo en Niceto: la hora del tango mágico

Los nuevos mundos de un linyera que anda.

Pablo Mekler / Gentileza

Es por demás curioso el trayecto que ha seguido Daniel Melingo: Los Twist, Los Abuelos de la Nada, la banda de Charly García, Lions In Love durante su década en España, retorno con un personaje tanguero, nueva piel que abreva de todo su pasado… Lo cierto es que el cantor y músico es a esta altura uno de los artistas insoslayables de Buenos Aires, la ciudad que lo parió y a la que lleva de viaje por el mundo, como un embajador del tuco que se cocina en ella entre autos en doble fila, metrobuses y campaña política. ¿Realismo mágico más al sur de Macondo? Tango mágico, en todo caso, con raíces profundas y un largo desarrollo por delante.

La música de Melingo sólo podría salir de acá, pero no se queda en los lugares comunes del género (ni de su renovación) sino que llega hasta el paroxismo de la psicodelia y se multiplica en la teatralidad que el cantor impone sobre el escenario. Desde que encontró un nuevo alter ego con su disco anterior, es un Linyera que no acata los dictados de ninguna brújula, aunque no haya que creerle mucho eso de que no tiene norte: marcado por la ansiedad de la búsqueda y el cambio, se aventura por caminos que sólo esos ojos profundos debajo de cejas tupidas parecen ver. Y una vez abierto el sendero, parece que siempre hubiera estado ahí, de tan natural que resulta transitarlo.

En Niceto, anoche, Daniel Melingo presentó Anda, su disco más reciente. Pero su show fue mucho más que eso. Desde el vamos, el ex Abuelos desconcertó a los asistentes: su sexteto tocó “Se viene el Dosmil” sin que el hombre de negro se materializara en el escenario, cosa que siguió así durante buena parte del segundo tema, la versión del clásico infantil “En un bosque de la China”. Y entonces Melingo apareció cantando entre el público, gesto que más tarde repitió después de transitar todo el balcón del lugar.

La mitad inicial del concierto fue para los temas de Anda, que van desde una historia de cómo llegó el tango a Japón (“A lo Megata”) hasta versiones de Serge Gainsbourg y Erik Satie (“Intoxicated Man” y “Gnossienne”). Para cuando llegó la canción que le da nombre al disco, Melingo ya había transitado una y otra vez el escenario con esos pasos cortitos y sin apoyar los talones que hacen que su figura fantasmagórica parezca deslizarse en el aire, y había encontrado la complicidad del público a través de interacciones sutiles o de desmesurada teatralidad.

Pero la noche no quedó en eso, claro. El charango de Jaime Torres elevó a una dimensión insospechable la versión de “Volver a los 17” (y le ganó al tucumano una ovación), mientras que el dueto con Isabel de Sebastián en “Corazón y hueso” derrochó groove y onda. “Lucio el anarquista”, de Carlos de la Púa, fue la prueba de que lo impensado puede convertirse en realidad si de música se trata: Melingo y su sexteto comandado por Juan Ravioli le insertaron psicodelia al tango con total naturalidad, como si los dos géneros dialogaran desde hace décadas.

Cada vez más suelto, Melingo entregó su mirada sobre “La canción del linyera”, que encontró lugar para varias estrofas del “De nada sirve” de Moris, como en un sintético manifiesto de la canción popular argentina. El final con “Ayer (Del barrio me voy)” fue con el cantor mintiendo problemas de micrófono para que todo el público coreara ese tangazo antes de buscar la salida con la sonrisa clavada en el rostro y la certeza de que la música todavía tiene mundos nuevos por transitar.