12/02/2018

Cosquín Rock 2018, día 2: viva la diferencia

Una grilla en modo aleatorio.

Cecilia Salas
Cosquín Rock 2018

“Yo empecé a tocar la guitarra escuchando a Skay, Los Redondos son rock and roll”. El que revela su pasión ricotera es Niño Elefante, guitarrista de Él Mató a un Policía Motorizado, consultado por Silencio luego de que al terminar el set del grupo amague a tocar el riff de “Ji ji ji”. Y me pareció que daba tocarlo porque este es un festival re rockero”. Si la primera fecha del Cosquín Rock 2018 había estado signada por el asentamiento del rock barrial en el escenario principal, la segunda mostró una variedad saludable, con propuestas disímiles entre sí y que pueden dar cuenta de que no hay un solo devenir musical posible cuando el punto de partida es el mismo.

Con un repertorio que comenzó centrado en La Síntesis O’Konor y fue hacia atrás cronológicamente para cerrar con “Mi próximo movimiento” y “El tesoro”, la presentación de Él Mató marcó la llegada del indie argentino del siglo XXI al escenario principal de Cosquín. Inmediatamente después, Los Espíritus contemplaron el tándem y confirmaron no sólo que suenan cada vez más ajustado, si no que temas como “La mirada” tienen todo lo que se necesita para llegar a un público masivo. El recibimiento del público a ambos grupos dio la pauta de que el festival tiene el recorrido suficiente para abrir el juego a otras propuestas sin que se resienta la convocatoria.

La escalada latinoamericana continuó con Residente, que paseó su hip hop cada vez más moderno con una banda ajustada. Haciendo gala de su despliegue escénico en modo crossfit, el ex Calle 13 repartió sus hits de manera inteligente desde el inicio con “Somos anormales” al cierre con “Vamo’ a portarnos mal”. Como contrapunto saraza, donde el working class hero puertorriqueño relató las penurias del marginado con alegría bailable (Lo bueno de ser pobre al final de la jornada / es que nadie nos roba… ¡por que no tenemos nada!” cantó entre el orgullo y la celebración en “El baile de los pobres), el homenaje a los 25 años de Ácido argentino a cargo de Malón (tres cuartas partes de Hermética) en el escenario Temático Heavy recuperó la mirada cruda de la realidad del laburante (“Donando sangre al antojo de un patrón por un misero sueldo”, cantan sin lugar para ningún festejo en “Gil trabajador”).

Después de que La Vela Puerca marque el retorno al Río de la Plata con la celebración de sus 20 años de carrera, los Ratones Paranoicos devolvieron el rock and roll al escenario principal en el que fuera el show más esperado de la jornada. Sin importar si se trataba de los clásicos inmortales (“Rock del pedazo”), algunas del repertorio más profundo (“Isabel”) o el cierre mega coreable con “Para siempre”, Juanse y compañía recuperaron la zapada, esa práctica cada vez más en desuso en los shows de rock, como su elemento distintivo. “Viva el rock and roll, viva la vida”, se despidió el líder del grupo de visible buen humor. Es que, cuando se trata de rock and roll, nadie lo hace como él.

Vanthra me va a hacer salirme de mi zona de confort”, comentó Fernando Ruiz Díaz a Silencio antes de debutar en el festival con su nuevo proyecto. Con un set centrado sólo en los temas del disco próximo a salir, el cantante se calzó la guitarra y el bajo para liderar el trío que, si bien no se despega demasiado de Catupecu Machu sí enfatiza los intereses cyber del de Villa Luro. A pocos metros, el espacio patrocinado por una marca de cerveza, repleto de gente, mostró el crecimiento en convocatoria de bandas como Perras on the Beach, Lo Pibitos, Barco o Usted Señálemelo.

Como un recreo punk entre el rock and roll de Los Ratones Paranoicos y el de Guasones (que salió airoso de una lista que esquivó los temas de siempre) y Los Gardelitos (con banda totalmente renovada y mensaje feminista incluido), The Offspring se jugó una parada, por lo menos, atípica. Pero los hits todo lo pueden, incluso disimular las limitaciones vocales de un Dexter Holland desmejorado físicamente. “I Want You Bad”, “Pretty Fly (For a White Guy)”, “Hit That” y “Why Don’t You Get A Job?” fueron algunos de los clásicos del grupo que llevó por última vez el punk a MTV.

Indie, hip hop latinoamericano, rock (clásico y barrial) y punk. La variedad de estilos que ofreció el escenario principal, y que encontró correlato en el resto del predio, puede haber atentado contra la organicidad pero a fin de cuentas funcionó como un golpe de aire fresco. No ir a lo seguro es la mejor forma de testear los propios límites, y esta vez quedó claro que los de Cosquín Rock se pueden extender mucho más allá de lo que cualquiera puede suponer.