26/07/2018

Charly García en Córdoba: no soy un extraño

Canciones que son parte del inconsciente colectivo.

Facundo Luque / La Voz / Gentileza
Charly García

El telón cae. Son casi las 23 y las 3200 personas que vinieron a la Plaza de la Música están de pie. Ya no hay diferencia entre las butacas del sector vip o el campo general, todos están parados aplaudiendo con euforia. No es para menos. Charly García acaba de dar su mejor show desde que decidió volver a los escenarios el 16 de marzo de 2017, cuando presentó Random en la sala Caras y Caretas. El Charly que por ese entonces apenas podía abordar algunas partes de las canciones que lo consagraron como un prócer del rock argentino hoy terminó de quedar en el olvido. En las casi dos horas del recital, cantó sus letras de principio a fin, tocó los teclados con virtuosismo, bromeó con el público (“King Kong es cordobés", dijo imitando el acento típico de la provincia después de interpretar ese tema), y demostró que todavía vale la pena pagar una entrada para verlo, en un teatro de Buenos Aires, Córdoba, o en cualquier parte.

Diez minutos después de las 21, el telón se abrió y Charly García volvió a subirse a un escenario cordobés después de cuatro años. Su última presentación en la provincia había sido en marzo de 2014, durante el Cosquín Rock. Como lo hizo en sus últimas presentaciones, “Instituciones”, de Sui Generis, fue la encargada de abrir “La Torre de Tesla”, el nuevo espectáculo de Charly inspirado en el inventor Nikola Tesla. De anteojos, saco plateado, y pantalones y zapatos negros, Charly paseaba sus tres teclados y su iPad en uno de los extremos del escenario. Como siempre, lo acompañaba su banda: Fabián "Zorrito” Von Quintiero en teclados, Rosario Ortega en coros, y los chilenos Kiuge Hayashida en guitarra, Toño Silva en batería y Carlos Gonzáles en bajo.

En “No soy un extraño” ya se pudo ver a un Charly muy activo, que no solo cantó y tocó, sino que realizó varios guiños a sus seguidores. “No me atraparán dos veces con la misma red”, cantaba mientras cruzaba los brazos con los puños cerrados mirando al público, en representación de alguien preso. “¿Vamos bien?”, fueron las primeras palabras del músico, que recibió un grito de “¡Sí!” al unísono como respuesta. Siguieron “Cerca de la revolución”, “La máquina de ser feliz” (con un “aguante Córdoba" de Charly incluido), “King Kong” y “Lluvia”.

La escenografía fue la misma que usa desde su presentación en el teatro Coliseo porteño: una torre que representa el invento de Tesla en el medio del escenario y tres pantallas en las que van pasando fragmentos de algunas películas de los directores de cine preferidos de Charly (Hitchcok, Cooper y Kubrick), videoclips de sus canciones o de shows viejos, y hasta placas de Crónica TV que en su momento retrataron las controversias del Say No More más sacado.

“Gracias a los Rolling Stones”, dijo Charly antes de que toda la Plaza de la Música se pusiera de pie para escuchar “Rezo por vos”. Después, un asistente le calzó su guitarra Gibson SG, y comenzó a tocar los primeros acordes de “Fax U”, que terminó con un solo feroz de Hayashida. El pico emotivo de la noche empezó con “Cuchillos” (“Lo hice con mi amiga Mercedes Sosa, pero no lloré", dijo García para presentar el tema), en donde las pantallas repasaron los encuentros de los músicos, y continuó con “No llores por mí, Argentina”, en la que Rosario Ortega sacó su pañuelo verde en apoyo a la legalización del aborto y Charly le preguntó: “¿Qué es esa cosa verde, Rosario?".

El intervalo duró cinco minutos. “Inconsciente colectivo” abrió la segunda parte del show, que repasó algunos clásicos de la carrera de Charly García como “Los dinosaurios”, “No importa” y “Fanky”. “Demoliendo hoteles” con Rosario Ortega abrazada al cantante marcó el cierre de un show con un setlist similar al de su última presentación en el Gran Rex, pero con un sonido más nítido y una banda pulida que en cada show mejora su química y performance. “Gracias por todo”, dijo Charly antes de irse a su camarín a celebrar. Allí siguió cantando versiones acústicas de sus temas, de The Who y hasta de Pappo , en una especia de zapada, acompañado por la guitarra desenchufada de Hayashida y varios de sus amigos. La máquina de ser feliz no para.