30/08/2019

Cazzu en el Teatro Ópera: hay tal perreo

La Jefa revalida credenciales.

Mono Gómez / Lauría Dale Play / Gentileza
Cazzu

“La primera vez que toqué en Buenos Aires, vinieron a verme 100 personas. No, menos, no había ni 90”, dice Cazzu, con una sonrisa inamovible, sentada en un sofá de peluches (de osos de peluche). “Esa vez estuvo mi abuela, hoy también está acá y va a venir a los otros dos, todos sold out”. La parábola ascendente de La Jefa no es muy distinta a la del resto de la música urbana en la Argentina, pero su presentación en el Teatro Ópera puede verse como una explicación de sus peculiaridades.

Rodeada de una cohorte de seis bailarinas, dio inicio a su show desentendiéndose de su reciente disco. "Estos son los primeros temas que toqué en Buenos Aires", dijo después de "Ay, papi". Antes, ya había ido del reggaetón al trap, ida y vuelta, con "Mucha data" (este sí de su último disco), "Maldades" y "Killa". El final de ese primer bloque Cazzu, una suerte de Harley Quinn criada en una bailanta, lo terminó a puro perreo y ego trip con "N.A.V.E." y "Rally".

Sentadas las bases en todos los sentidos posibles, Cazzu abrió el segundo bloque con Rauw Alejandro, el primero de una larga lista de invitades. Además de evitar la monotonía en sus canciones, la jujeña, como ella misma se presenta, logró que su show tenga dinámica a partir de la variación de escenografías, vestuarios y parteneires. La portada gigante de Error 93 (entre el emoji y el poster de película de zombies clase B), una banda de músicos de carne y hueso para un puñado de canciones o animaciones en la pantalla detrás suyo, todo entraba y salía de escena con un fin único: no aburrir.

Cazzu

Dalex, Khea, Niki Nicole, Homer, Coquein Montana y Obi Wan Shot se sumaron en distintos momentos del show. O cómo hacer que el feat, ese síntoma a veces patológico del mundo digital, se vuelva recurso en vivo. Pero Cazzu nunca dejó de ser la estrella principal de su propia fiesta. A veces con fraseo cumbiero, a veces con su flow sencillo, a veces todo al mismo tiempo ("Mentiste") y a veces casi en plan neo soul ("Mentiras y problemas"), demostró que antes que la producción están las canciones. Y ella las tiene.

El final fue cantado (rapeado y perreado). "Chapiadora" y "Tumbando el club" terminaron por confirmar la inutilidad de las butacas del teatro. Mientras el público se peleaba por la story mejor lograda al pie del escenario, Cazzu se aferró al micrófono, peló sus versos más agresivos y agitó las aguas para los shows del domingo y el lunes. Ya no necesitaba presentación, pero por las dudas lo hizo: "Mi nombre es Julieta Emilia Cazzuchelli". But everybody calls me Cazzu, le faltó.

Cazzu