28/04/2017

Café Tacvba en el Konex: una cuestión de tiempo

Una dosis de hits para calmar la ansiedad por lo nuevo.

Ignacio Sánchez / Gentileza
Cafe Tacuba en el Konex

El show está cerca de terminar y hay un pequeño intercambio de roles en el escenario. En el centro no está el cantante Rubén Albarrán, sino el bajista Quique Rangel. Una densa capa de sintetizadores que recuerda a los instrumentales de Revés da comienzo a “Futuro”, una de las canciones que serán parte de Jei Beibi, el próximo disco de Café Tacvba. Se trata de una cumbia electrónica, que suena tan tradicional como moderna, casi una síntesis de la carrera de la banda. Suena ajustada y a ellos se los ve entusiasmados y contentos, como si estuvieran esperando tocarla. El estribillo es elocuente para representar el presente de la banda: “Es una cuestión de tiempo / tan breve este momento / en que eres y en que soy / tú mañana ya te fuiste / y antes me dijiste / el futuro es hoy”.

Son tiempos de cambio para los mexicanos. En apenas una semana verá la luz su octavo álbum de estudio y el primero en cinco años. Cualquiera estaría nervioso y expectante en un contexto así. Y para añadirle más ansiedad, se trata del primer material que lanzan de forma independiente, tras haber estado toda su carrera bajo el ala de Universal. El show que brindaron el patio del Konex -armado a partir de una invitación que tuvieron para un festival chileno- fue consecuente con este momento de expectativa y nervios: se apoyaron sobre un colchón seguro de hits y canciones nuevas ya lanzadas como singles, pero no tuvo el brillo que suelen tener sus presentaciones.

Media hora después de lo anunciado, la banda salió al escenario, los cuatro encorsetados con trajes de holograma adornado con triángulos blancos. Paparupapá eoeó, corearon arriba y abajo del escenario. “El baile y el salón”, clásico del imprescindible Re, dio comienzo al show. Albarrán estaba sonriente y casi no paró de reír durante la hora y media de concierto. Terminada la primera canción, y como metamensaje de lo que vendrá, la banda cambió de outfit y pasó a sobrios trajes negros. “Nosotros los amamos a ustedes. Canten como solo el público bonaerense sabe cantar”, arengó Albarrán para despacharse con otros dos hits: “Como te extraño”, el cover de Leo Dan que los llevó a la masividad, y “Las flores”, otro memorable tema de Re.

El sonido no era el mejor, ni la banda sonaba del todo prolija; para peor, el escenario quedaba chico para los tradicionales movimientos inquietos del vocalista. A pesar de eso, el público acompañó. “Ese coro es nuevo”, dijo risueño Albarrán, en referencia al acompañamiento vocal del público en el teclado final de “Las flores”, pidiendo que lo vuelvan a hacer.

Tras “Olita de altamar”, única canción en el set de El objeto antes llamado disco, llegó la primera rolita del nuevo álbum, “Disolviéndonos”, una balada que arrancó con Albarrán cantando solo con su guitarra; suena muy convencional, tal vez demasiado, y no logró entusiasmar al público. “Volver a comenzar” funcionó como un interludio entre las canciones nuevas. Los cuatro generaron uno de los momentos más intensos del show, especialmente sobre la mitad, cuando la canción se abre y entre el guitarrista José Rangel y el tecladista Emmanuel “Meme” del Real despliegan una prolija sección coral. Acto seguido, llegó “Enamorada”, un bolero que parece un homenaje a Juan Gabriel y que fue la única canción de Jei Beibi en la lista que hasta ahora no fue lanzada como single. Tampoco sorprendió, pero no por la calidad de la canción, sino más bien por la falta de aceitado arriba del escenario.

Un instante de la patria grande: mexicanos en la Argentina enviaron “un buen pensamiento para nuestros hermanos en Venezuela” para luego despacharse con una versión de “Déjate caer” de los chilenos Los Tres. Fue otro de los grandes momentos, con una coreografía de baile en la mitad -un clásico de sus shows- y el coreo del público en el riff de teclado que funcionó como nafta para el entusiasmo de la banda que no terminaba de calentarse. “Chilanga banda” y “Un par de lugares” (primer single de la nueva etapa), construyeron un contraste notorio que habló de su eclecticismo. La primera es un rap de puros mexicanismos que sigue sonando tan raro como la primera vez. La segunda, en cambio, es un pop-rock ortodoxo y alegre, apto para todo público.

“El fin de la infancia”, vestidos de tradicionales trajes mexicanos de colores chillones, abrió la última etapa del show con clásicos de sus primeros años, que incluyó a “La chica banda” y  “El puñal y el corazón”. Antes de tocar “Futuro”, invitaron al escenario a una integrante de la Asamblea No a la Mina, que dio un combativo discurso contra la megaminería. “Aunque esté nublado / sigamos de frente”, canta Albarrán en la canción nueva como comentario posterior. En ese momento la banda ya había alcanzado el punto ideal. Demasiado tarde.

Después de la intensidad de “Eres”, interpretaron el folk pop “Que no”, otra de las canciones nuevas. Esperamos que podamos volver prontito con el disco nuevo”, dijo Albarrán como resumen del show. El final fue “Quiero ver”, en voz del tecladista, ocupando el lugar de la lista que siempre estuvo reservado para “La ingrata". En donde antes estaba el relato de un hombre que mata a una mujer que le rompió el corazón, hoy hay una tierna canción de amor que dice “Prometo intentar no hacerte daño”. Una señal de que los tiempos cambian.